martes, 11 de marzo de 2014

Obrero - La polla records



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LA REVOLUCION JAMÁS SERÁ TELEVISADA

Ayer tuve un sueño muy extraño. En él tracé un largo recorrido a través de la historia, de la Biblia, de los cuentos, de los mitos y leyendas, del cancionero popular,  de personajes que habían sido muy importantes en el curso de los acontecimientos. Me impactó tanto que todavía no conseguí borrarlo de mi mente. Solo fue imaginación, pero...
¿Qué ocurriría, si en verdad, tal y como soñé, Caín no hubiese matado a Abel y que los dos hubieran envejecido juntos, tenido muchos descendientes y la estirpe de Caín estuviese plagada de hombres buenos y justos, hecho determinante para el futuro de la humanidad? Que la Torre de Babel hubiese sido un foco lingüístico predecesor del esperanto, donde en consecuencia hubiera surgido una lengua vehicular que hablaría todo el mundo dando lugar al el entendimiento y la comprensión entre todas las razas de la Tierra?
Los frutos de las buenas acciones de Caín no acababan ahí; en mi sueño, Cleopatra, reina de Egipto, consiguió que Roma trascendiese en el rumbo de la historia de una manera muy peculiar: no se casó con ningún Cesar, ni amó a Marco Antonio, ni siquiera le conoció, se casó con su jardinero, quien poseía la libertad; sus artes de pitonisa y curandera, de embaucadora de hombres y mujeres, tal y como la historia la recuerda, la condujeron oníricamente a la enseñanza del cultivo de plantas y la creación de remedios, conocimiento del que beberían posteriormente médicos y científicos llegándose a instaurar una ciencia preventiva que se trasladaría a multitud de campos de la investigación. Eso facilitaría la transmisión de una cultura  de vida sana donde la gente alcanzaba la plenitud corporal y mental y era longeva. Las fronteras no existían, las guerras territoriales nunca tuvieron lugar, el trueque siguió siendo el patrón del comercio por los siglos de los siglos, la ruta del oro, la de la seda, la Revolución Industrial transcurrieron pacíficamente.
Abel fue un pastor que trabajó por la paz en todo momento de su vida, sus hijos y los hijos de sus hijos crearon abundancia y riqueza para sus futuras generaciones; los hijos de la  patria hebrea no sufrieron el éxodo porque las Doce Tribus de Israel se mantuvieron unidas en un mismo lugar; los descendientes fundaron ciudades eminentemente culturales. la Biblioteca de Alejandría no fue asediada e incendiada y los libros no hablaron jamás acerca de ninguna guerra, ni la del Peloponeso, ni la de Troya, ni hubo ningún conflicto entre Israel y Palestina, fueron un mismo Estado llamado Solidaridad.
No surgió la necesidad de que naciera ningún Mesías para tener que salvar a la Humanidad.
Las personas de otro color eran hermanas de la minoritaria raza blanca y Hitler no tuvo la menor  oportunidad de nacer y acometer el holocausto.
La América que ahora conocemos era una región compactada donde el Norte no ejercía ninguna dominación sobre el Sur ni sobre el resto de las zonas del continente. No nació Abraham Lincon, porque no hizo ninguna falta que decretara ley alguna con la que liberar a los negros de la esclavitud; no nació Winston Churchill, ni Henry Kissinguer, ni tampoco Reagan, ni Clinton, ni Bush, ni Obama. En cambio el mundo de la hispanidad tuvo como dirigentes a muchas mujeres justas, la mayoría de ellas indias o mestizas, que gobernaron de manera altruista. Los diferentes Imperios se denominaron a sí mismos pacifistas y tenían entre sus símbolos la bandera blanca. No existieron las colonias, ni los colonos, ni tampoco los esclavos, ni hubo señores feudales ni siervos de la gleba, ni obreros asalariados que sufrieran ningún tipo de explotación.
El mal del capitalismo nunca tuvo consecuencias negativas, porque el capitalismo no devino en el siglo XVI, no se desarrolló, al contrario, el modo de producción siempre fue comunista desde el origen de todas las comunidades tribales dando lugar a la cooperación y la solidaridad ciudadana. La filosofía  evolucionó hacia un concepto del hombre tendente al bien  y la ideología del comunismo fue la impulsora de un sistema político, económico y social equitativo, de bien común, siendo vigente desde la remota antigüedad e impartido como cátedra en las escuelas y centros docentes de todo el mundo.
El motor de la historia no fue la lucha de clases porque no existían las clases y el desarrollo de las fuerzas productivas tenía una base material de "de cada cual según su capacidad, a cada cual según sus necesidades".
La política era la verdadera arma del pueblo y la democracia consistía en gobiernos populares frenteamplistas. No existía el peaje ya que no había aduanas, el trasiego de un país a otro estaba exento de impuestos arancelarios y los viajeros tenían libertad de ir a cualquier lugar sin necesidad de pasaporte o visado.
La lucha por la experimentación científica se basaba en los fondos públicos, todo era público, la sanidad, la educación, la cultura, el cine, la literatura, el arte y cualquier expresión artística...quien tenía necesidad de algo solo tenía que pedirlo para que se realizaran colectas públicas y solidarias, pero eran muy pocos los que tenían poco, porque el trabajo no era un bien escaso, sino que había un manantial de abundancia en todos los ámbitos de la vida y en todos los sectores productivos. Cervantes no se llamó Cervantes, tuvo otro nombre, no combatió en la Batalla de Lepanto, no fue manco. Su obra  El Quijote fue leída hasta por los adolescentes del África más profunda porque todos aquellos libros que expresaban el conocimiento y el saber humano, divino, espiritual o progresista eran gratuitos.
La religión era un compendio de diversas experiencias vitales cuya genealogía dependía en gran medida de determinaciones místicas y metafísicas provenientes de grupos que se asociaban por puro interés filantrópico, carente de adoctrinamientos de ningún tipo.
El concepto de Dios era genérico y personal e influenciado por las intrínsecas particularidades espirituales del alma; la belleza era un rasgo que se atistaba en todas las cosas por insignificantes que éstas pudieran llegar a ser, ya que en esencia, el concepto de lo bello y lo hermoso confluía con los sentimientos de bondad y generosidad y también podía coincidir en igual valoración con el aspecto y el físico de la gente. 
Así, pude soñar muchas cosas agradables. Era todo aquello tan limpio y tan puro que no podía durar indefinidamente. La realidad física del mundo conocido actuó tras las ocho horas de ciclo nocturno. Recuerdo que en cuanto me desperté sentí una profunda pena y añoranza. Me hubiese gustado dormir para siempre.
Quise ponerle un nombre al sueño y decidí bautizarlo como la Escolástica del bien. Porque hablaba del conocimiento ancestral del hombre que se basaba en la perfecta y dinámica coordinación entre razón y fe, eliminando la oportunista subordinación de la razón a la fe, ambos eran niveles que se entendían completamente y se compenetraban de una manera casi absoluta de forma que cada persona elegía su tendencia, y lo hacía según su práctica social.
En eso estaba, recordando lo de ayer, cuando mi madre me lanzó un grito desde la cocina: -"a comer, hija. Todos a la mesa". Aun me dió tiempo de reflexionar un instante en las espléndidas consecuencias de una vida donde nadie supiera lo que significaban ideas como frustación, envidia o corrupción, las primeras que me vinieron a la cabeza. Y también pensé por unos momentos si todos aquellos problemas mayores que nos atenazaban a mí y a mi familia se podían extrapolar para asociarse con lo positivo del sueño, con su sentido más idealista. Pero inmediatamente me sobrevino el pesimismo.
Por la lógica, aterricé en el siglo XXI dándome de bruces con la crisis mundial, en una Europa gobernada por Merkel y la intervención imperialista de EEUU, en medio de un escenario decorado por las guerras, la njusticia, la violencia, sentimientos particulares y colectivos de odio, posesión y deseo; por el patriarcado, el Estado, la propiedad privada, el capitalismo...Definitívamente me fuí a estrellar contra la pared de la realidad justo cuando mi madre se acercó a mí y me tocó el brazo, para advertirme: -"la comida se enfría, nena".
Nos sentamos. Paradójicamente, mi madre empezó por darnos una gran noticia: el Santander había negociado con mi prima y su marido el concederles la dación en pago. Mi padre, no tardó en darnos otra no menos interesante, en medio de aplausos y exclamaciones: el ERE de la empresa donde él trabajaba no se iba a aplicar, los Tribunales les habían dado la razón a los trabajadores constituídos en una plataforma. La explosión de alegría fue en aumento y el sentimiento de euforia parecía que nos iba a envolver para siempre. Entonces fue mi hermana, quien animada por el clima positivo nos comentó que la habían llamado para trabajar en un supermercado, Mercabaina y no se puede nadie imaginar el tono de distensión jubilosa que estaba alcanzando la sobremesa. Transcurrió la tarde, con otras noticias de similar calado.
¿Qué significado podían tener esa sucesión de buenos acontecimientos familiares? ¿Sería una mera coincidencia después de lo de anoche? Decidí que debía ponerme en situación, conectar mis cinco sentidos con la realidad que me rodeaba por si todo eso quería decir algo, por si pudiera ser la señal del inicio de un cambio, de una profunda y progresiva transformación aun por determinar, pero que parecía que podía ir alimentándose.
Aun cuando desconocía si esto era así, era un hecho evidente que el modelo de pensamiento dominante educa a la gente en creencias herméticas, la inmensa mayoría de la población no tenemos la capacidad consciente de cuestionar ese sistema de creencias. En nuestros procesos de vida, se imponen multiples determinaciones sociales provenientes de las clases dominantes. Aun así empezaba a ser consciente de que ante mí se abría una puerta, la posibilidad de ver otros aspectos que por lo que fuera y hasta el momento, habían permanecido ocultos.
Salí a la calle, para conseguir calmar un poco mi ansiedad. Pero mi inquietud fue en aumento a medida que noté que esas que podían ser señales de advertencia eran cada vez más visibles. Crucé la esquina y me topé con un muro lleno de pintadas. Destacaba en rojo una que decía: LA REVOLUCIÓN JAMÁS SERA TELEVISADA. Me recordó un vídeo que ví en facebook hacía una semana. Seguí andando y me encontré a una vecina que sostenía un cachorro de perro. Estuvimos hablando un rato y cuando me despedí de ella acaricié con complicidad a su perro que se llamaba Marx. No podía continuar por más tiempo fuera de casa porque debía de estudiar un poco para el examen del jueves.
Cuando terminé mi sesión de estudio me fuí directamente al comedor y encendí la televisión. Estaba sintonizando la primera cadena y me quedé justo ahí para poder escuchar el telediario. Las noticias parecían ser las habituales de siempre, sin embargo entre una noticia y otra, aisladamente y sin conexión aparente, se desdibujaron tres palabras que me parecieron claves: elecciones, pueblo y poder.
Más nerviosa aun, me asomé al balcón para tomar un poco el aire y ví a un joven atractivo que llevaba una camiseta con un slogan que decía: "Faltan 10". En ese instante, mi madre me llamó: -"Es muy tarde, ven a cenar ya"-. Cuando miré mi reloj ví que eran las 10 de la noche: -"Está bien ya voy"-. Justo en ese momento mi padre que pasaba junto a mí me dijo: -"Dile a tu madre que vengo en diez minutos, voy a por tabaco-". Mi madre que lo había oído de lejos, respondió desesperada: -"Bueno, espero que se haya sentado todo el mundo antes de que pasen diez años". En ese momento, el corazón me dió un vuelco. Definitivamente, el número diez empezó a tener un sentido enigmático para mí.
¿Casualidad? No quería sacar ninguna conjetura, pero todos esos elementos parecían guardar una relación estrecha. Algo tenía que pasar dentro de diez años, al menos eso quería creer, algún cambio o ruptura de un modelo conocido a otro por conocer. Pero no debía ser tan desconocido, el sueño estaba lleno de símbología revolucionaria, a contracorriente, esas palabras que olían a un cambio en el sistema establecido, de lo conservador a lo que está fuera de los cauces habituales. Y luego el número 10.
Esa noche me acosté sin pensar en nada. Había tenido todo el día  el presentimiento de que no debía emprender ninguna búsqueda mediante la voluntad. Que todo lo que debía ser iría conformándose de manera natural, tenía la certeza de que se iban a ir dando las condiciones necesarias para lo que pretendía ser a estas alturas mucho más que una sospecha. Por eso, cerré los ojos, sin esforzarme por razonar, dejando mi mente libre, libre para asociar lo que mi cerebro generara.



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La Revolución jamás será televisada by Marisa Doménech