domingo, 30 de marzo de 2014

ESA NIÑA DE PUEBLO

Plantaciones de cebollas, naranjos y alguna que otra fábrica de materiales de construcción. El recuerdo ya no es lo que era, va difuminándose. Urbanizado y reconvertido, mi pueblo ha dicho adiós a los carros y a las carretas, a las vaquerías y la leche fresca recién ordeñada y a esos corrillos de gente sentada en sillas alrededor de fachadas de plantas bajas. En esas reuniones campechanas de profundo sentir, los aldeanos hablaban de las fiestas patronales, de quién había muerto ese día o de la hija de la Asunción, que se había quedado preñada de un forastero.

Cuando era muy pequeña, recuerdo haber visto alguna llave incrustada en el cerrojo de las puertas de entrada de las viviendas, que en algunos casos permanecían abiertas de par en par. No pasaba nada de día, porque todos nos conocíamos. Muchos solían entrar sin llamar, saludando con el recurrente: -Ave María Purísima...

Un pueblo pequeño, labrador, donde la endogamia parecía que iba a perdurar por los siglos de los siglos y había casado a republicanos con nacionales, donde los amigos resultaban ser casi como de la familia, todo ello aderezado con crueles chismes, que si el hijo de Paco no era realmente el hijo de Paco, que si  menganita vivía acribillada por los cuernos o si fulanito de tal vete tú a saber qué historia...

Pero recuerdo con especial encantamiento las largas caminatas por senderos de tierra o pedregosos, en compañía de otros niños, con mochila a cuestas, cantimplora y merienda, en busca del tesoro perdido. Perpetrando inocentes travesuras con sus correspondientes novillos y el consecuente castigo de los curas y monjas del colegio, que te obligaban a hacer penitencia. Faltaba poco para tomar la primera comunión y no era plan de ir acumulando pecados. Todo esto me hace retroceder a la edad de siete u ocho años. Entonces, el tiempo pasaba insultantemente despacio, hasta que, repentinamente te topabas de bruces con la adolescencia y con el plegamiento a la realidad pura y dura, que se transformaba en sacrificio laboral para aquellos que ya no querían seguir estudiando.

Pueblo rural donde los hubiera.  Tanto que ni por allí pasaba la autovía. Ahora no, claro, en la actualidad han hecho una circunvalación nueva. Pero por aquél entonces, nos conectábamos con el mundo circundante cogiendo el tren y los que podían, que cada vez eran más, el coche; y salíamos de nuestra burbuja retroanalógica, solamente a través de la tele o la radio. Por supuesto, Internet no existía. Qué curioso, no me cuesta nada recordar los momentos en que mi madre le daba las gracias a la operadora de la centralita de telefónica cuando le pasaba a su amiga de turno y aprovechaba para desahogarse, despotricando de maridos, cuñadas y suegras.

Y los domingos a misa, engalanada con ese vestidito de los domingos y fiestas de guardar, que no se debía estropear hasta la estación siguiente, momento propicio para cambiarlo. Crecía maquinando envidias de chiquilla, viendo a las amiguitas estrenar modelos de temporada.  Si querías pertenecer al club de los niños bien y relacionarte con familias que poseían hacienda y mucha tierra, estaba complicado si no eras del feudo. La ceremonia religiosa siempre resultaba vistosa, las mujeres ancianas solían llevar un pañuelo negro que les cubría la cabeza, a algunas les veías el rostro a través de una tela de redecilla, por lo que suponías que estaban de luto riguroso. En la Iglesia se veían muchas más mujeres que hombres, de éstos, solo a unos cuantos considerados del caudillo, católicos, apostólicos y romanos.

Tuve la suerte de ir a un colegio mixto, donde todos los niños teníamos miedo de la vara correctiva, porque con ella el cura o el director -cuya fama autoritaria era notablemente perversa-, te recordaba las buenas reglas. Efectívamente, ahí teníamos a Don Vicente, toda una institución convertida en leyenda. Después de las clases, un padre nuestro y a casa.

A mi amiga Rosita le debo una explicación. Aunque el destino evitó que el reencuentro llegara a consumarse, sí que guardo la certeza que, de recordarme, tendría presente a una jovencita diferente a la que soy ahora. Me pregunto qué habrá sido de ella, antaño trabajando en la cooperativa de Sol a Sol, rompiéndose la espalda, entregando su reducida parcela de libertad, a la expectativa que le confería un novio celoso y unos padres ansiosos por culminar el proyecto de ver convertido a su único hijo varón en abogado. Sin cuestionármelo, me la veo casada, con el aspecto de una mujer de 40 años encerrada en un cuerpo que aparenta 50 y con cuatro o cinco hijos alrededor de sus faldas. Porque tenía que ser así, claro está. Nadie pretendía otra cosa de ella. Rosita tampoco esperaba menos de la vida. Por muchas prerrogativas que yo pudiera ofrecerle, eran los únicos alicientes que podía dilucidar en su corto contexto.

Ahora ya sería demasiado tarde para irrumpir en su coto privado, por mucho que yo lo quisiera. Por lo demás, rosita continuó su camino y yo hice lo propio. Sin mayor dilación. De aquellos ambiciosos cuerpecitos celestes firmemente adoctrinados en las apariencias, no me atrevo a vaticinar mucho. Pero casi con seguridad, que no habrán nadado demasiado lejos de la corriente. Solo sé que la mayoría iban para maestras, enfermeras, obreras de fábrica o amas de casa. Por lo pronto, algunos equivocaron su camino, en los años ochenta, época que arrastró a muchos de mis amigos y conocidos por el tétrico sendero de la heroína y las drogas, abismo que yo jamás me atreví a cruzar. No obstante, pude extraer enseñanzas oportunas, de aquello a lo que no quise aspirar nunca, observando a mucha gente.

No es por demonizar a mi pueblo, todo lo contrario. Si hay una cosa que tengo clara, es que por muy lejos que te encuentres de tus orígenes, jamás debes olvidar de dónde vienes. Aún así, considero más importante, el tener la capacidad de saber por dónde tirar.  Quizá por eso ya no volví. ¿Sería por miedo de lo que podía significar retroceder? ¿Por huir de la nostalgia y la rutina? Puede que con el tiempo obtenga una respuesta clara.  De lejos, me llegan cosas positivas. Parece ser que hubo transformación y el pueblo prosperó, las nuevas generaciones crearon otra conciencia colectiva, llegaron muchos inmigrantes y creció la industria...Era algo que también tenía que pasar.

Es por eso que me quedo con la siguiente frase de León Felipe, no sin hacer autocrítica por no haber aplicado esa misma enseñanza en un pasado reciente.
"Poetas, nunca cantemos la vida de un mismo pueblo, ni la flor de un solo huerto. Que sean todos los pueblos y todos los huertos nuestros."


                     EN LA PLAZA DE MI PUEBLO                     




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UN CAFÉ CON EL VECINO



 Publicado por Sofía en La Mirada de Sofía.

ACTUALIZACIÓN: Los autores han eliminado este sitio. El blog no existe ya.

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UN SENCILLO CORTO DE TERROR QUE YA ES UN FENÓMENO EN INTERNET

En las menciones especiales del concurso de cortometrajes de terror Who’s there? (¿Quién anda ahí?), que acaba de celebrar su primera edición, premiado como el mejor director aparece David F. Sandberg (Suecia, 1981) con Lights Out (Luces fuera). El autor confía en la efectividad de la situación cotidiana —una mujer, antes de acostarse, apaga progresivamente las luces de su casa— y utiliza con habilidad uno de los temores más primarios del ser humano, el miedo a la oscuridad, para grabar sin apenas presupuesto una historia que en 2 minutos y 41 segundos aterra al espectador.
La productora de cine británica Bloody Cuts ha animado a cineastas de todo el mundo a participar en el concurso. Las condiciones de los organizadores eran pocas, pero claras: el corto no podía durar más de 3 minutos, el presupuesto no debía exceder los 1.000 dólares (725 euros) y tenía que ser una obra original producida expresamente para el certamen y que guardara relación con la frase “¿quién anda ahí?”. Formaron parte del jurado el director de cine Joe Dante, el guionista y director Marcus Dunstan, el guionista Patrick Melton, la productora y coguionista de Terminator (James Cameron, 1984) Gale Anne Hurd
David Sandberg y su mujer Lota Losten en el "misterioso" pasillo de su casa, donde se grabó el corto
David Sandberg y su mujer Lota Losten en el “misterioso” pasillo de su casa, donde se grabó el corto
Los tres grandes premios fueron para Play Time, de Ryan Thompson (una pesadilla que comienza con una tele encendiéndose sola y mostrando imágenes perturbadoras en blanco y negro); A…, de Peter Czikrai (de toque lynchiano y con trasfondo satánico) e Invectum de Adam-Gabriel Belley y Francis Fortin, un corto que apuesta más por la ciencia ficción que por el terror clásico.
Más visto que las tres propuestas ganadoras, la de Sandberg (que no recibió más que una mención) tiene 1.414.630 vistas en YouTube y en Vimeo ha llegado ya a los 5.300.000. Incluso hay una lista de reproducción de vídeos en YouTube que recopila las reacciones de quienes la ven por primera vez. El autor admite estar “estupefacto por la respuesta” de los internautas ante el humilde corto protagonizado por su mujer Lotta Losten.
El germen de Lights Out se ve con claridad en obras anteriores de Sandberg, en particular en Cam Closer, protagonizada también por Losten y grabado en la misma casa, una historia de poco más de dos minutos en la que buena parte del desarrollo tiene que ver con la pantalla de un smartphone. Esta última pieza sin embargo se ha convertido en viral, ha despertado el deseo de los internautas de compartir el vídeo y lo que han experimentado al verlo.
En su página web personal, Losten (ante el aluvión de visionados del corto) decidió hace unos días recopilar algunos de los comentarios que más le han llamado la atención en las redes sociales. Del “yo hubiera dejado la casa después de ver eso en mi pasillo” al “lo he parado a los 56 segundos hace ya media hora y no sé qué hacer” pasando por el que opina que Lights Out es la película más terrorífica del concurso; la colección de opiniones reafirma la teoría de que el miedo más profundo es el que nos transporta a la intimidad de la situación cotidiana, de repente alterada por un suceso que no tiene explicación.

                                                         

         Lights Out (LUCES FUERA)

            

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La niña de la hipoteca (La perceuse)






Post original en  http://laperceuse.tumblr.com/post/58596393337/la-nina-de-la-hipoteca

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