domingo, 13 de abril de 2014

Arturo Meza "Canto de la Sangre" (Ruben Darío).



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“El gran tablero mundial. La supremacía estadounidense y sus imperativos geoestratégicos”. Zbigniew Brzezinski.



Zbigniew Brzezinski.
Desempeñó el cargo de consejero para la seguridad nacional de la presidencia de los Estados Unidos desde 1977 a 1981.  Es asesor  del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales de la Universidad Johns Hopkins de Washington D.C y actualmente es asesor de Obama.

Capítulo 2: EL TABLERO EUROASIÁTICO


GEOPOLÍTICA Y GEOESTRATEGIA

            El ejercicio de la primacía global estadounidense ha de ser sensible al hecho de que la geografía política sigue siendo un aspecto muy importante en los asuntos internacionales.  Se dice que Napoleón afirmó cierta vez que conocer la geografía de una nación equivale a conocer su política exterior. (...)

            Durante casi toda la historia de los asuntos internacionales, el control territorial constituyó el foco de los conflictos políticos.  (...)  No resulta exagerado afirmar que los imperativos territoriales han sido el principal impulso de los comportamientos agresivos de los Estados-naciones.  (...)

            La manifestación más extrema de la vinculación entre nacionalismo y posesión territorial está en los casos de la Alemania nazi y del Japón imperial.  Los esfuerzos por construir el “Reich de los mil años” fueron mucho más allá del objetivo de reunir a todos los pueblos germanohablantes bajo un único techo político y se centraron también en el deseo de controlar “los graneros” de Ucrania, así como otro territorios eslavos, cuyas poblaciones serían las encargadas de proporcionar trabajo esclavo barato a la potencia imperial dominante.  (…) Igualmente, durante años, la definición de la grandeza nacional rusa se equiparó a la adquisición de territorios, (...).

            Los Estados-naciones siguen siendo las unidades básicas del sistema mundial.  (…) En esa competencia la situación geográfica sigue siendo el punto de partida para la definición de las prioridades externas de los Estados-naciones y el tamaño del territorio nacional sigue siendo también uno de los principales indicadores de estatus y poder. (…)

            No obstante, la situación geográfica tiende aún a determinar las prioridades inmediatas de un Estado, y cuanto mayor sea su poder militar, económico y político, mayor será el radio, más allá del territorio de sus vecinos inmediatos, de los intereses geopolíticos vitales, de la influencia y de la participación de ese Estado. (…)

Mackinder popularizó su concepto del heartland a través de una célebre máxima:

Quien gobierne Europa Central dominará el heartland;


quien gobierne el heartland dominará la isla mundial;

quien gobierne la isla mundial dominará el mundo.

            (…) La geopolítica se ha desplazado desde la dimensión regional a la global, considerando que la preponderancia sobre todo el continente euroasiático es la base central de la primacía global.  Los Estados Unidos, una potencia no euroasiática, disfrutan actualmente de la primacía internacional y su poder se despliega directamente sobre tres de las periferias del continente euroasiático, a partir de las cuales ejerce una poderosa influencia sobre los estados que ocupan el hinterland euroasiático.  Pero en el campo de juego más importante del planeta —Eurasia— es donde podría surgir, en un momento dado, un rival potencial de los Estados Unidos.  Por lo tanto, el punto de partida para la formulación de la geoestrategia estadounidense para la gestión a largo plazo de los intereses geopolíticos estadounidenses en Eurasia debe centrarse en los jugadores clave y en una adecuada evaluación del terreno.


          Para ello es necesario dar dos pasos básicos:
·                     primero, identificar a los Estados euroasiáticos geoestratégicamente dinámicos que tienen la capacidad de causar un desplazamiento potencialmente importante en la distribución internacional del poder y descifrar las metas externas centrales de sus respectivas élites políticas, así como las consecuencias probables de sus intentos de alcanzarlas; y localizar a los Estados euroasiáticos clave desde el punto de vista geopolítico cuya situación y/o existencia tenga efectos catalíticos bien en los jugadores geoestratégicos más activos, bien en las condiciones regionales;

·                     segundo, formular políticas específicas estadounidenses para desviar, cooptar y/o controlar a esos Estados, para preservar y promover los intereses vitales estadounidenses, y conceptuar una geoestrategia más extensa que establezca a escala global la interconexión entre las políticas estadounidenses más específicas.

(…) Para usar una terminología propia de la era más brutal de los antiguos imperios, los tres grandes imperativos de la geoestrategia imperial son los de impedir choques entre los vasallos y mantener su dependencia en términos de seguridad, mantener a los tributarios obedientes y protegidos e impedir la unión de los bárbaros.

(…) En las circunstancias globales actuales, al menos cinco jugadores geoestratégicos clave y cinco pivotes geopolíticos (de los que dos podrían quizás también considerarse en cierto modo como jugadores) pueden ser identificados en nuestro mapa político de Eurasia.  Francia, Alemania, Rusia, China e India son jugadores principales y activos, mientras que Gran Bretaña, Japón e Indonesia, que sin duda son países muy importantes, no pueden ser considerados como tales.  Ucrania, Azerbaiyán, Corea del Sur, Turquía e Irán desempeñan el papel de pivotes geopolíticos extremadamente importantes, aunque tanto Turquía como Irán son, en alguna medida —dentro de sus capacidades más limitadas— también activos desde el punto de vista geoestratégico.  (…)

Ucrania, un espacio nuevo e importante sobre el tablero euroasiático, es un pivote geopolítico porque su propia existencia como país independiente ayuda a transformar a Rusia.  Sin Ucrania, Rusia deja de ser un imperio euroasiático.  Una Rusia sin Ucrania podría competir por un estatus imperial, pero se convertiría en un Estado imperial predominantemente asiático, más susceptible de ser arrastrado a extenuadores conflictos con los países de Asia Central recientemente salidos de su letargo.  (...)  Si embargo, si Moscú vuelve a hacerse con el control de Ucrania, con sus 52 millones de habitantes y sus importantes recursos, además del acceso al mar Negro, Rusia volverá a contar automáticamente con los suficientes recursos como para convertirse en un poderoso Estado imperial, por encima de Europa y Asia.  La pérdida de independencia de Ucrania tendría consecuencias inmediatas para Europa Central, al transformar a Polonia en el pivote geopolítico de la frontera oriental de una Europa unida.

(…) Dado el creciente consenso sobre lo deseable de admitir a las naciones centroeuropeas tanto en la UE como en la OTAN, el significado práctico de esta cuestión hace que la atención se centre en el futuro estatus de las repúblicas bálticas y quizás también en el de Ucrania.

(…) La política estadounidense hacia los pivotes geopolíticos vitales de Ucrania y Azerbaiyán no puede obviar esta cuestión, (…)

Sea cual sea el futuro, es razonable concluir que la primacía estadounidense en el continente euroasiático será zarandeada por turbulencias y quizás, al menos, por una violencia esporádica.  La primacía estadounidense es potencialmente vulnerable a nuevas amenazas, provenientes bien de contendientes regionales, bien de constelaciones noveles.  Es posible que el sistema global estadounidense actualmente dominante, dentro del cual “la amenaza de guerra no forma parte del juego” se mantenga estable sólo en aquellas partes del mundo en las que la primacía estadounidense, guiada por consideraciones geoestratégicas a largo plazo se apoye en sistemas sociopolíticos compatibles y similares al suyo, vinculados entre sí por los marcos multilaterales dominados por los Estados Unidos.
 
Extracto del Libro de Zbigniew Brzezinski.

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