domingo, 11 de mayo de 2014

¡NO ME QUITEN LA CASA!


-Por favor, les pido que tengan consideración, mi situación no puede ser más precaria, no ejecuten la orden.  Solicito que se proceda a una negociación!- La petición de esta prerrogativa había sido la última conversación mantenida con el director del banco, para proceder a terminarla con un ruego dramático: ¡NO ME QUITEN LA CASA! Le acababa de proponer  a la entidad la dación en pago de la vivienda y el pago de un alquiler social que le evitara salir de su hogar. El banco solo aceptó quedarse con la vivienda, motivo por el que tuvo que recurrir a la PAH (Plataforma de Afectados por la Hipoteca). En esos instantes, mientras esperaba, lo recordó con intensa vehemencia, aunque era apreciablemente improductivo atraer de nuevo ese recuerdo porque ya no había vuelta atrás.



El desahucio estaba previsto para esa misma mañana. Leo, apurando su cigarrillo, escribió en un papel que dejó encima de la mesa del comedor. Luego se dirigió a la cocina. Abrió la nevera, que solo dejaba apreciar como único contenido un lote de cervezas del que extrajo un botellín. Le dio varios tragos visiblemente nervioso, mientras le temblaba su mano derecha. Acto seguido volvió a encenderse otro cigarrillo. La desesperación apenas le dejaba respirar entrecortadamente, a pesar de que se esforzaba de manera notoria por hacer subir y bajar el diafragma. Un sudor frío le recorría la frente y la espalda. Deambuló de aquí para allá, por los rincones del salón, con toda la impotencia que era capaz de acumular pensando que era increíble que hubiese llegado por fin aquel momento, donde se sentía el protagonista de una historia maquiavélica. 



Le sorprendía la perfidia con la que había actuado el director de la sucursal bancaria de su barrio, conocido de toda la vida, vecino suyo además, quien actuando de atrapasueños le había prometido el paraíso al hacerle firmar unas condiciones fabulosas para su nuevo piso. Todo era perfecto, empezando por la ubicación y los servicios ofrecidos por la inmobiliaria y lo que era más importante, seguiría residiendo en la misma zona donde había vivido siempre, viendo a los amigos, vecinos y familiares de siempre. Ideal hasta que se quedó sin trabajo por recortes de personal y un ERE en su empresa de toda la vida. Al cabo de un tiempo finalizada también la prestación por desempleo, se inicia un camino imprevisible, duro, de tener que pedir ayudas a los hermanos, a sus amigos…



A hurtadillas apartó un trozo de la cortina que cubría una balconada estrecha y asomó los ojos por un extremo para comprobar que había una numerosa concentración de personas que llegaba hasta el portal. Entre ellos un grupo de miembros de la PAH, con su camiseta verde y con pancartas con eslóganes propios del movimiento. De vez en cuando un griterío fervoroso coreaba,  “Leopoldo se queda”, o “Leo, estamos contigo”. Caras conocidas entre el gentío, creyó reconocer de lejos a  varios de sus primos, a sus tíos y a dos hermanos. Desde que comunicó la fecha, había permanecido recluído e incomunicado entre sus íntimos pensamientos y  cavilaciones, protegido por un espacio  infranqueable y por todo un arsenal de recuerdos de lo que había sido un hogar feliz y confiado pocos años atrás. No tardaría demasiado en ser profanado. Y con él dentro, vejado, ultrajado y desposeído de toda dignidad.



Se oyó un clamor y abucheos afuera. Había llegado la policía con la orden de desalojo. Varios de los agentes y en cabeza, el superior al mando de la operación, hablan con los concentrados y con dos miembros de la plataforma. Se disponen a entrar en el edificio y hay un forcejeo. Pareciera que iban a parar una acción terrorista a tenor de la gran cantidad de efectivos policiales que se habían presentado en el lugar. Parece ser que se le había dado mucha publicidad a esta acción en las redes sociales, maniobra impulsada fundamentalmente por familiares y amigos de Leo y por todos los activistas y gente de bien que no solo lo habían difundido sino que se acababan de personar  físicamente.



Se ha abierto un largo cordón por el que penetrar hacia el interior, la tensión no hace más que aumentar por momentos, la gente grita, una mujer se desmaya por la intensidad emocional, algunos reciben fuertes golpes de porra, entre ellos un miembro de la PAH que sangra por la cabeza y la mandíbula y que a su vez es detenido, el cristal de la puerta de entrada se rompe haciéndose añicos y saltando varios trozos por los aires, se empiezan a cantar consignas contra los agentes de la policía, todo inmortalizado por las cámaras de los periodistas desplazados hasta el lugar…



En la calle la autoridad “competente” ha restablecido el control y algunos agentes han conseguido adentrarse por el pasillo de la entrada. Suben por las escaleras hasta la vivienda de Leopoldo, que vive en el 2ºC. Junto con ellos va el cerrajero a quien le han propinado innumerables insultos y ha tenido que ser escoltado para evitar represalias físicas. También está el representante del banco, que ha seguido todos los movimientos impasible. Mientras tanto, los activistas antidesahucios piden calma a la multitud, no quieren que haya más heridos.



Llaman a la puerta. Lo hacen varias veces. Nadie la abre. La comisión judicial no espera y el cerrajero procede a forzar la cerradura. En ese mismo instante, al tiempo que se manipula el acceso con las herramientas, se oye una fuerte detonación en el interior, muy cerca de la entrada. Ha sido claramente un disparo hecho con un arma de fuego. El ruido ha sido espectacular, la primera impresión de los reunidos allí se exterioriza con palabras y exclamaciones ante la evidencia de la desgracia, con la certeza del suicidio en boca de todos . Rápidamente y en pocos segundos, se abren paso hacia el lugar de donde procede el tiro. 


Efectivamente, sentado en el sofá, con la cabeza destrozada y el cuerpo echado hacia atrás, encuentran sin vida a Leopoldo y entre los enseres una nota que dice: “Que me perdonen mis familiares”. Leopoldo decidió irse de este mundo solo y en silencio, motivado por el convencimiento de que lo que le esperaba iba a ser mucho peor que lo ya vivido, sin esperanza, sin ningún deseo de renovación. ¡Cuantas veces había suplicado NO ME QUITEN LA CASA! Y obtenido una respuesta especialmente singular, pero muy común, demasiado, comprensible solo desde el punto de vista de una ley cruel, injusta e inhumana. Comprensible solamente para aquellos mismos que la han elaborado, para aquellos que se benefician de ella, comprensible solamente para los bancos y esa clase elitista llamada oligarquía financiera. 


Desgraciadamente la historia de Leopoldo se ha ido repitiendo en muchos casos que han salido a la luz desde que se inició esta crisis salvaje. Otra nueva desgracia  que se salda con la muerte de una persona. Pronto se diluirá entre los porcentajes. Porque desde aquel fatídico día Leopoldo Vidal ya no existe. Ha pasado a ser un numéro más camuflado entre las estadísticas.








                          ORDEN DE DESAHUCIO EN MI MENOR  
                                     
                                     LOVE OF LESBIAN





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