sábado, 28 de junio de 2014

EUROPA



No has cambiado tanto, mi vieja Europa, mi voluble Europa, mi Europa Revolucionaria.


Te sigo siendo fiel, desde mis atardeceres en tus abruptos paisajes, en tus monumentales edificios, en los libros añejos que hablan de tu hegemonía. Los contemplo con el resquemor debido y puedo ojear aquellas fotos y documentos que señalan tu ilustre sello, que conforman tu esencia histórica y tus vestigios. Te vivo en aquellos documentales de la guerra que ejemplifican tu pasado bélico, ávido de territorios alejados de tu órbita local. 

Te añoro cuando me recreo en tu mitología, cuando bebo de tus fuentes grecolatinas, cuando descubro los hallazgos de La Ilustración y los Movimientos erigidos a contra corriente, y así, con el espíritu feminista que tu feminidad requiere, me identifico contigo cuando el taimado Zeus prendido de tus encantos fenicios te raptó para dedicar en tu honor los efluvios gloriosos del reino cretense. 

Pero también lloro por la sangre derramada, por las encarnizadas rebeliones y el fracasado intento por defenderse los más débiles durante el proceso que originó la revolución industrial, convirtiendo a tus aquejados siervos de la glebla en meros esclavos del capitalismo incipiente. Viendo las huellas caprichosas que dejaste, es lícito pensar en un nuevo secuestro de deuda, guerra y revoluciones democráticas, propias de tus afectadas burguesías con ansia de poder y reunificación. Y aun así, me entrego a tus arrugas y pliegues. No me asustan, no me hacen renegar de ti. Tampoco el castigo por tus luchas erradas, por tus infatigables veleidades, que me traen sin cuidado, ahora que espero lo más nuevo y mejorado.


Y aunque los propios no olvidamos las reliquias que han elucubrado magistralmente tus artes y tus letras, el tiempo entiende cómo se ha debido sentir el corazón doliente de tus súbditos al presenciar siglo tras siglo, en cada nueva etapa, tus intentos por sobrevivir a cada ciclo, no siendo ajenos a tu soberbia. Por eso no es extraño que sembraras temor y espanto sobre los oriundos pobladores del Nuevo Mundo en tu afán de conquista. Es comprensible, e innecesario también recurrir al oráculo para averiguar de qué naturaleza es la sed que sufren los Imperios.


En coherencia con tu marca surgió un renovado pacto del que te hiciste eco tras la caída del Muro de Berlín y el fin de la Guerra Fría, donde fuíste el otro actor en una parte tuya, grandiosa al principio y que degeneró en su expansión. Para dar empuje consecuentemente a un nuevo consenso en jerarquía que encumbrara a Alemania como el consiguiente cénit usurpador de soberanías ancestrales.


Europa. No has cambiado tanto, mi vieja Europa, mi voluble Europa, mi Europa Revolucionaria.


Cuna de los inventores, de los descubridores y exploradores, de la ciencia y la cultura, de la musicalidad, de reyes absolutos y absolutas contradicciones.


Después de un siglo de debilitamiento de tu Europa Colonial, de los Estados-Nación, de la Europa Antifascista, ves decaer trágicamente tu romanticismo poético e idealista para situar en la cima a la dolosa Troika. La emancipación de los padres fundadores te conduce inexorablemente hacia un incontrolable destino. Es como una enfermedad congénita que cobra nueva forma en la metástasis que causa el veneno del cáncer. Este se extiende por los órganos vitales, quemando células y leucocitos, asentando un orden subordinado en la cadena imperial, pero esplendoroso sobre los países del Sur.


No me eres ajena. No te culpo. Solo quiero estigmatizar a tus gobiernos y a sus oligarquías. Solo a ellos. Y clamar bien alto por la reorganización del pueblo. Era más que previsible el camino que escogerías en tu larga marcha. En la senda de los giros cíclicos de tu enarbolada historia, espero pacientemente, en el día a día, sin dilación, el vuelo de una ornada de pájaros indoblegables. De ellos, estoy segura, irrumpirá una paloma blanca que traerá en su pico un ramito de olivo, tras las lluvias,  representando el segundo Renacimiento. Que sea una Europa libre y justa, donde la ciudadanía ejerza activamente su soberanía y defienda sus intereses y valores en verdadera participación. Si en el actual marco no es posible, es una opción escapar de tu control, de la UE, de tu Comisión y de tu Banco Central.

 
                                             EL RAPTO DE EUROPA 




                                        John Foxx - Europe after the rain
                                                (Europa tras la lluvia)

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