domingo, 6 de julio de 2014

SEGUNDAS OPORTUNIDADES



Visiblemente ilusionado cogió el teléfono fijo e hizo la tan ansiosa y esperada llamada. Durante el intérvalo que duraron los tonos, pensó en su situación. Por lo pronto y gracias al centro de Proyecto Hombre, había quedado totalmente limpio. Ahora tendría que buscar trabajo y afrontar una nueva vida. Lo haría poco a poco y paso a paso. Lo primero era, tal y como le había recomendado el psicólogo, reiniciar de forma sana las relaciones familiares y sociales, mientras echaba currículums. Todo eso sin olvidar que una persona es adicta de por vida, solo que en estado inactivo. A pesar de ello, estaba convencido, tras un año de constante esfuerzo y voluntad plena, de que merecía la pena intentarlo.
Al  cabo de seis tonos, contestaron:

-¿Quién es?

-Ho…hola…

-¿siiii? ¿quién eres?

-Soy yo…Nacho. ¿Cooo…cómo estás?

-¿Coooomo? ¿Cómo Nacho?... Aaah, si...¡uf!

-Si, tu Nacho. ¿Qué tal?...

-Muy bien.

-Me alegro. Esto…he estado fuera un tiempo y acabo de aterrizar por aquí otra vez y…he pensado en ti y me he dicho, voy a llamarla para ver cómo está, ejem

Sorprendidísima hasta el extremo de quedarse unos cuantos segundos en blanco, por fin retomó el incómodo silencio, exhalando un suspiro que parecía denotar lo inoportuno de la circunstancia. Tras la primera reacción le habló tímidamente, en una conversación que duraría tan solo un minuto. El tono era como de obligada cortesía, aunque propio de alguien que acaba de ver resucitar a un fantasma.

Le contó que se había producido un hecho inesperado al tener la oportunidad de conocer a una persona maravillosa con la que se había casado y con la que estaba a punto de tener un hijo. No mencionó para nada la relación que habían mantenido ambos, que evidentemente había sido bastante tortuosa.

Tras la breve explicación y como quien se desprende de una pesada losa por segunda vez, se despidió de él:

-Bueno, me disculparás, pero tengo que dejarte que se me quema la cena. Mi marido estará al llegar. Espero que todo te vaya bien.

-Si, claro. Vamos tirando…

-Dale recuerdos a tu madre. Buenas noches.

-Hasta luego. Me he alegrado much…¡tu tuuuuuuuuuuuuu…!

-Oh, vaya –exclamó-.

Tragó saliva y se sentó un momento para digerir el acontecimiento y meditar: “Esto es completamente normal. ¿Qué esperaba, iluso de mí, que me recibiría con los brazos abiertos? ¿Qué me había prometido amor eterno? ¿Y más con todas las jugarretas que le hice?”

Pero el caso es que se había quedado bastante hecho polvo. Entonces, se levantó y se dirigió al lavabo para echarse agua fría en la cara y reaccionar. Fue después a la cómoda de su habitación, muy bien arreglada y custodiada por su anciana madre y cogió su antigua agenda, donde tenía anotados los contactos de sus amistades con sus teléfonos y direcciones. La tenía escondida en un cajón con doble fondo.

En otra época quizá la impetud y una visión emocional de las cosas notablemente distorsionada por el síndrome de abstinencia, le hubiera hecho hacer lo de siempre, sobre todo, después de un nubarrón como ése, es decir, buscar desesperamente una raya. Esta vez iba a ser diferente. Había tomado consigo la libretilla para adentrarse en la cocina, recordando que ya no fumaba y no tenía ningún mechero. Encendió el gas y abrió uno de los fogones. Allí mismo la prendió fuego con sumo cuidado de no quemar nada. Al momento avanzó hasta la pila y soltó lo poco que quedaba de ella bajo el chorro del agua del grifo.

Triste pero con resignada fortaleza, se puso a acariciar a Max, el gatito persa que había acudido sigilosamente a recibir mimos, mientras sus recuperadas neuronas formulaban la consiguiente idea rupturista:

-En fin, Nacho. Recogemos lo que sembramos. Al fin y al cabo, nadie dijo que la vida fuese un camino de rosas, ¿verdad? Tú lo debes saber mejor que nadie.

Habían pasado seis nuevos meses desde aquello. La consulta era acogedora, predominaban los colores claros y el blanco en la decoración, lo que denotaba pureza y asepsia. El doctor le extendió la mano para saludarle. Nacho notó el vigor con que se la estaba apretando y confiado le devolvió ese gesto con la misma fuerza.

-Siéntese, por favor.

-Gracias.

-Me permitirás que te tutee –dijo con simpatía-.

-Por supuesto.

Adoptando un tono más serio y tras presentarse, comenzó a decir:

-Visto el informe sobre tu caso y después de practicarte el test, podemos decir que tu adicción es una historia de larga duración en el tiempo. Con episodios esporádicos de consumo al principio de iniciarse la adicción, más tarde se cronifica. Solías ingerir alcohol junto con estimulantes desde la adolescencia. El último año antes de tu segundo ingreso, que fue en Proyecto Hombre, se generalizó la ingesta de cocaína. Pero el primero fue en el 2003 en…

Nacho asentía con la cabeza. Todos los datos parecía recordarlos no con demasiada exactitud, pero no pretendía en absoluto cuestionar la labor del nuevo centro que le iba a curar su adicción al alcohol.

-He de decirte Nacho, que no siempre se requiere ingreso hospitalario. Estaría en función de la gravedad del cuadro del síndrome de abstinencia. Si vemos que muestras levedad en los síntomas no sería necesario. Transcurridas entre las ocho y las 48 horas después de abandonar el hábito se pueden experimentar alucionaciones visuales y/o auditivas, pudiendo manifestarse por unas horas o durante semanas. También pueden aparecer convulsiones y en los casos más graves hasta delirium tremens. Deberemos estar atentos a ese ciclo y analizar exhaustivamente si puedes soportar un tratamiento meramente ambulatorio, aunque los primeros días se te prescribirá un tratamiento médico intensivo…

A Nacho le dolía enormemente la cabeza y sentía náuseas. Miró el reloj con impaciencia. Observó entonces que también le temblaban las manos. No había bebido nada desde la noche anterior. Era la una del mediodía y le quedaban dos horas para hacer la visita de rigor a su amiga. Esperaba no estar allí demasiado rato, si no, no le iba a dar tiempo.

-Durante la segunda fase, concluída la de desintoxicación, recibirás tratamiento con psicofármacos para reducir el conocido “mono” e iniciaremos durante ese mismo período de deshabituación la terapia psicológica. Ahora después te pasaremos a enfermería y mi ayudante te explicará con más detalle en qué consiste la farmacología que te vamos a dar, no te preocupes. Te presentaremos además a la doctora que va a aplicarte la psicoterapia. Por cierto, ¿por qué no te acompaña tu madre?

-Es una mujer muy mayor y tiene poca movilidad para hacer desplazamientos largos.

Nacho miraba insistentemente y con seria preocupación su reloj. Ya llevaban casi media hora y su apreciación era que no habían avanzado mucho.

-De todos modos, mantendremos contacto telefónico constante con ella y contigo y supervisaremos un control diario de cómo te encuentras, aparte de tus revisiones ambulatorias y en cualquier caso, siempre estaremos a tiempo de intervenir en el momento de producirse algún agravante o imprevisto, si debemos  proseguir con vigilancia clínica. Para tu tranquilidad decirte que ambos váis a recibir orientación detallada del protocolo a seguir y si tu madre necesita algún tipo de apoyo psicológico durante el transcurso de todo el proceso, no dudes que se lo proporcionaremos.

Al terminar marchó corriendo a coger un taxi. Le quedaban veinte minutos para llegar a la guardería y debía apresurarse. Le metió mucha prisa al taxista que al final protestó por el tono de inquietud que le fue transmitiendo durante todo el trayecto.

Eran las tres en punto. Menos mal. Justo al llegar la pudo ver de lejos con sus vaqueros elásticos y una blusa azul entallada, que manifestaban su atractivo natural. Llevaba a su niño o niña consigo en el carrito. La visualización de aquella estampa era sumamente placentera y además había conseguido recuperar su figura en muy poco tiempo. Dobló la esquina precipitadamente y se escondió detrás de una furgoneta. Por nada del mundo debía ser visto. No ahora. Porque tenía un plan.

La había estado siguiendo durante meses. Al poco de enterarse que tenía marido y estaba embarazada. Estaba viviendo en su antíguo pisito de soltera, con la familia recién constituida. Pero para mayor entusiasmo del proyecto que quería consolidar, la suerte parecía haberle tocado, al menos ese era el pensamiento rupturista actual. Parecía que los dos lo habían dejado. Desde hacía un par de meses la veía en todas partes sin su pareja. Porque en su afán de descubrir si tenía alguna posibilidad de volver, la había estado rondando clandestinamente, a sus espaldas, siguiéndola a diferentes horas del día y consiguiendo pasar totalmente desapercibido en todas las ocasiones. Cada día salía de casa y eso era lo único que hacía, aparte de acudir al bar a beber. Normalmente solía beber solo. El líquido espirituoso le había transformado en un ser solitario, taciturno.
Mas tarde, antes de que cerraran el supermercado compraba botellas de licor, de vino o latas de cerveza. Ese fue el sistema de vida en ese semestre, su modus operandi.

Estaba tan bella, tan genuinamente guapa que el temor a ser descubierto quedó eclipsado por los dones que el universo había depositado en su etérea sílfide. De manera que decidió que no debía esperar más, confirmado el hecho de que únicamente vivía para la criatura, su trabajo y algunas amigas con las que iba de compras o tomaba café. No podía ser de otra manera, era un hecho consumado, la había espiado lo suficiente como para tener la certeza.  Disponía de una segunda oportunidad y éste era el momento propicio. Había decidido que se lo iba a decir, haciéndose el encontradizo en el instante en que saliera de entregar al retoño.

“Vaya, hombre. Qué contrariedad”- pensó para sí-. El hecho es que estaba con una mujer que había entrado hacía unos instantes. Salieron juntas. Debía ser una amiga con la que había quedado. En otra ocasión sería.

Apesadumbrado por el mal resultado, se fue a su casa. Su madre estaba acostada haciendo una siesta. No era lo mejor dejar pasar el tiempo y la vida. Tenía que volver a intentarlo ese mismo día. Armarse de valor y comportarse como un hombre, con toda su buena voluntad. Quizá eso le ayudaría también a sobrellevar la abstinencia y el tratamiento. Al igual que ya había sucedido en el pasado, cabía la posibilidad de que su ex volviera a caer de nuevo rendida en sus brazos, es decir, si seguía conservando el más mínimo sentimiento por él . 
Lo tenía todo premeditadamente calculado, empezaría mañana con el tratamiento porque no iba a ir al control hasta el jueves próximo, dentro de dos días. Así, esta sería la última vez que probaría una cervecita. No iba a hacerle daño tomar una. Se decía a sí mismo que podía controlarlo. Perfectamente, sí. Y le serviría de estímulo para lo que iba a hacer después.

Se encontraba frente a la puerta del edificio donde se ubicaba el apartamento de su ex novia. Sabía a ciencia cierta que el horario de llegada era a las nueve, tras el cese de su jornada laboral y de recogida del bebé. Se tranquilizó cuando observó que venía sola. En el momento de abrir la puerta del coche él pasó por su lado, se paró y se la quedó mirando. Ella levantó la vista y le vió. Pero hizo como que no se había dado cuenta, a pesar de que le tenía muy cerca, a un palmo de distancia.

-Hombre, ¿cómo estás? ¡Qué sorpresa encontrarte por aquí! – Dijo con una amplia sonrisa.

-¿Qué es lo que quieres?

-Mujer, dime que no te alegras de verme. ¿No te acuerdas de los buenos tiempos? Anda dame dos besos…

-No te acerques a mí ni a mi hija.

-Pero…cariño. Solo quiero saludarte. Anda, vayamos a tomar algo…

-¡He dicho que no me toques! ¡Estás borracho! ¡Te dije que estoy casada, he rehecho mi vida, así que haz el favor de dejarme en paz!

-Pero…yo pensé que te alegrarías de verme. No te enfades conmigo, mujer, solo te pido una oportunidad. He cambiado mucho, ¿sabes? No soy el mismo de antes…

-¿Cómo te atreves a molestarme así? Se lo diré a mi marido…

-¿Tu marido? Mientes, no vives con él, no veo que entre ni salga nunca de tu casa…

-¡Pero bueno!…¿me estás espiando? ¡Qué fuerte es esto! ¡No tienes vergüenza!

-No, yo…solo he coincidido contigo en algunos sitios, jeje. Esta ciudad es muy pequeña.

-Mi marido está arriba. ¿Quieres que baje y te dé una paliza?

-No es cierto que estés con él. Tengo pruebas.

-Entérate, vivimos juntos y felices, aunque ahora está  de viaje de negocios. Y de todos modos, ¿ a tí qué te importa?.

-Si quieres, te puedo invitar a algo. Conozco un sitio donde nos atenderán bien. Podremos hablar. Te prometo que solo quiero hablar.

-¡Si no te vas llamaré a la policía!

-Nena, no sabes lo que dices…La policía no me puede arrestar por hablar en la calle con una persona. No es ningún delito.

La chica, que había estado manteniendo las distancias, intentaba bloquearle extendiendo los brazos. Moviéndose ágilmente y mientras Nacho seguía delirando, cogió a la niña y gritándole se fue apresuradamente:

-¡No te atrevas a acercarte a mí, desgraciado!

Nacho se quedó perplejo, al tiempo que veía cómo entraba corriendo en la vivienda. Su delgado cuerpo se tambaleaba sin dar crédito a la humillante negativa que acababa de recibir. Con la lucidez perdida, estaba allí, de pié, llorando y llamándola a voces.

Quizá estuvo media hora, o más. No supo cuantificar el paso del tiempo. Estaba completamente empapado, porque hacía un buen rato que se había puesto a llover. El continuaba inmóvil, mirando hacia la ventana del piso donde vivía, aunque había logrado calmarse un poco.

Entonces escuchó las sirenas de un coche de la policía. Rápidamente dos agentes se habían situado frente a él.

-¿Será éste?

-No lo sé, pero coincide con la descripción. Voy a subir a hablar con la señora.

De acuerdo. A ver, ud., muéstreme su carné de identidad. Parece que ha bebido mucho alcohol, ¿no es así?

-Sí señor. Pero yo no he hecho nada malo. Estaba dando un paseo para despejarme.

-Mire, oiga. Nos ha llamado una mujer para denunciar que un indivíduo en estado de embriaguez la estaba molestando. ¿Me confirma que es ud? –le preguntó el policía mientras anotaba en un papel los datos de su DNI.

-Se confunde, agente,  no he molestado a nadie. Será otra persona.

-Vale, vale. No me cuentes cuentos chinos y date la vuelta- le dijo agarrándole fuertemente del brazo. Le cacheó de arriba abajo y sacó todo cuanto llevaba en los bolsillos y en la cartera. Lo revisó minuciosamente hasta dar con la tarjeta de visita de la Clínica Martos.

-Ahora le voy a conducir hasta el coche. Estese quietecito y no le pasará nada, ¿entendido?

Nacho, compugido y agobiado apenas opuso resistencia. El policía le había puesto las esposas y le había introducido por la cabeza en el interior del vehículo. “Como se suele hacer con los delincuentes”, se dijo mientras intentaba permanecer sereno. “¿Ahora que harán? ¿Me meterán en el calabozo?”.

En vista de que mantenía un comportamiento tranquilo, el agente, en actitud conciliadora, quiso mantener una conversación amigable mientras esperaba pacientemente a que bajara su compañero.

-¿Sabe qué? Creo que estará en buenas manos si comienza un tratamiento médico. Pero antes tendrá que cooperar.

-¿A dónde me llevan? ¿Es necesario que esto lo sepa mi madre? Porque se llevaría un disgusto enorme y está enferma del corazón.

-No, cálmese. Solo le vamos a llevar a comisaría para tomarle declaración.

-¿Y después? – Preguntó casi entre lágrimas.

-Después ya veremos…

En eso estaban cuando se abrió la puerta del coche. El otro policía entró y se sentó en el asiento del copiloto. Hablaba por el walkie talkie: -Si, recibido . La mujer opta por no presentar ninguna denuncia. Afirma que se conocen e insiste en que quiere que se le ayude, cambio…Bien, entonces se confirma que no tiene antecedentes. De acuerdo. Cambio y corto.

En aquel bar climatizado se disfrutaba de un ambiente único e inigualable. Por no hablar de la decoración, que era espectacular. Su capacidad también, cabían más de trescientas personas, se disfrutaba de buen sonido e iluminación, pantalla gigante de vídeo. Este disco-bar era el sitio ideal para pasar la noche. Con servicio de dos barras, barman, donde servían todo tipo de cócteles, licores variados y exóticos, bebidas nacionales, internacionales, marcas variadas, de la casa…Había servicio de aparcamiento, tres baños en cada esquina, dos pistas de baile, terraza...
La  gente era estupenda y de vanguardia, de edades que oscilaban entre los 35 y los 50. La temperatura, muy cálida para el duro invierno exterior. Copas transportadas a manos llenas que recorrían cada metro cuadrado conteniendo el espiritual líquido espumoso, el néctar de los dioses. Para Nacho, que permanecía en la barra extasiado y amodorrado por los efectos del wisky que paladeaba y tragaba con glotonería, aquella experiencia religiosa constituía el summum. Por méritos propios, se había erigido en el paladín de aquellas delicatessen porque bebía y bebía sin parar.

-Eh, tú. Que te estoy diciendo que vamos a cerrar, amigo. Eres el único que queda, ya se ha ido todo el mundo.

-No espera. Ponme la última. Quiero otro wisky. Te lo ordeno – dijo después de echarse un gran eructo.

-¿Pero no ves que estamos limpiando? –Insistía el camarero. Viendo que se había quedado dormido, salió afuera un momento.

Enseguida volvió acompañado por dos guardias de seguridad que fueron directos hacia él. Ipso facto, le cogieron por los sobacos y acto seguido, ni cortos ni perezosos le arrojaron al suelo, cayendo en medio de la suciedad de la acera, de las colillas, papeles, cristales rotos…Se estampó como si fuera un saco de patatas.

-Oye, que este tío no se mueve, está tieso…

-Bah, este pobre diablo solo necesita dormir la mona…Ya se le pasará, Juanan.

-Te lo digo en serio, Blas, el tipo no debe andar bien. Mírale, echa espuma blanca por la boca.

-Hacemos una cosa, lo cogemos y lo dejamos en aquel banco de allí y que se apañe. Que a nosotros no nos pagan para ser hermanitas de la caridad.

-No sé yo, Blas, esto tiene muy mala pinta, pero que muy mala.
                                           

                                              COMITÉ CISNE - LICOR

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