domingo, 19 de octubre de 2014

BELLA HISTORIA ANDINA

Allá en los albores regidos por la Pachamama, en una cumbre de alta montaña, existía un lago que rodeaba una isla habitada por un toro de astas doradas que al bramar echaba por su boca espesos nubarrones de tormenta. Era la morada de esta Diosa de la Tierra, la engendradora.

Para los andinos que habitaban más abajo, en los inmensos bosques terrenales, era una jornada honorable, celebraban su día, el día de la Madre Tierra.

Durante la festividad jubilosa se había reunido una población numerosa  de indios yuaracares, que con sus, niños, mujeres y ancianos recorrían la estepa en procesión, ya que hacía muchos decenios y centenios que se habían convertido al cristianismo. Para esta ocasión ilustre pretendían realizar una danza folklórica y rendir culto a la virgen del Socavón.

-Qué pena que no estén hoy las famílias que marcharon para España. ¡Qué suerte tienen de poder recorrer mundo y progresar!.

-¿Pero estás tomado pequeño Amaru? ¿Donde se vive mejor sino aquí? Con el libertador de la Patria Grande, nuestro querido Evo...

-Oye no me llames así, madre me puso José, ya sabes que ahora somos modernos.

-No me replique José, váyase usted con los demás niños a jugar, que todavía no entiende de estas cosas -le reprochó el abuelo-.

Pero es que...

-Vaya, vaya.

-Bueno...
...................................
-Hola...¿qué ocurrió, que andan platicando en corrillo? ¿No quieren bailar?.

-José, escucha esto.

-Sandra Elizabeth está leyendo la carta del primo Rolando. 

-Ah, ¿buenas noticias?

...(...)...por eso estamos en la obligación de permanecer más unidos que nunca, aunque estemos muy lejos los unos de los otros. Como saben uds. ya no hay empleos en la construcción y después de perder el trabajo en la obra no me quedó prestación. Por eso que les comunico que lo más pronto que pueda me regresaré a Bolivia. Estoy reuniendo la plata para pagarme el pasaje...(...)

La noticia, una vez terminó la misiva, fue corriendo como la pólvora de unos a otros. Entonces, tomaron la determinación tras oír la la misa oficiada por don Macario Guzmán, de juntarse toda la  comunidad alrededor del fuego para rezarle y cantarle a la Pachamama y hacer una petición especial por el primo Rolando: un buen sustento de regreso al hogar y las disculpas en su nombre por haber abandonado la sagrada fertilidad de los cultivos de la cooperativa, pues suponían que eso iba en contra de la tierra y todo lo que ella proveía. La Pachamama propiciaba el buen desarrollo de las cosechas, hacía crecer el ganado, protegía a los animales silvestres y bendecía a los comerciantes y artesanos. Fieles también al culto sincrético local enterraron en un hoyo cerca de sus casas un caldero de barro con alimento cocido, además de coca, vino de la tierra, cigarros y chicha, dádivas con que alimentar al espíritu materno.

-¡No nos castigue, buena Pachamama!.

-¡Tenga compasión señora!.

-¡Compasión buena madre! - gritaban al compás unos, mientras los otros rezaban...

La mayoría llevaban atados en los tobillos, muñecas y cuello cordones de hilo blanco y negro, que habían sido confeccionados por la abuela de Rolando y otras mujeres ancianas con la lana de las llamas que se cuidaban en algunas haciendas, al tiempo que el viejo "yatiri" encendía los sahumerios y los presentes masticaban coca y bebían chicha.

El ritual continuó hasta altas horas de la madrugada. Todo el mundo sabía que cuando se cerraba el círculo sagrado nadie debía marcharse hasta que la ceremonia hubiese llegado a su fin. Era un acto secreto y particular.

A la mañana siguiente, el Sol que había salido contento, se elevó en los Cielos y la tierra parió sabiduría y riqueza.

PLEGARIA INDÍGENA
 


Simon and Garfunkel - El Condor pasa




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