viernes, 21 de noviembre de 2014

Der Untergang (español)


Fuente original: No más FMI 

Artículo original: Der Untergang (español)    (Blog amigo)                      

 

Der Untergang (español)

Existen dos películas que me llamaron la atención cuando las vi. Una es la conocida producción alemana “Der Untergang” (El Hundimiento) la otra es “Buen Viaje, excelencia” de Albert Boadella. Ambas hacen una misma cosa. Por su puesto salvando las distancias tanto en el tema como en el tipo de película. Pero en ambas películas se escenifica la putrefacción, aislamiento, debilidad y extravagancia ideológica entre los aparatos de estado de un régimen agonizante. Ambos en sus últimos estertores. El aparato franquista moribundo y el régimen nazi derrotado y huidizo.
Quien vea dos minutos de telediario hoy puede acordarse de aquellas películas. Parecen estar mostrándonos la decadencia de un régimen decrépito. Porque hoy todo parece estar cambiando. Los partidos hacen primarias. El PSOE cambia al Rey de Copas por la Sota de Espadas. El Padre de la Transición dictada desde Langley, abdica al trono en favor de un prometedor titulado por Georgetown. Hasta el Santo Pontífice parece estar poseído por el “nuevo espíritu de cambio”.

De pronto, como una ola, los medios de comunicación que antes nos ofrecían planos límpidos de nuestros gobernantes, se han puesto todos de acuerdo en emitir un mensaje a escala nacional: No es que nuestros políticos sean corruptos. Es que son todos unos puteros y cocainómanos. Todas las cloacas en las que llevan vertiendo mierda desde el momento en que recambiaron a Franco por la entonces flamante democracia parecen estar abiertas ahora. Es el momento de levantar las alfombras y que aparezcan todos los cadáveres.

Hay quienes nos dicen, y muchos con buena intención, que podemos. Pero también otros nos dijeron en la transición que podíamos. Y en realidad sólo ha habido una ocasión en la que el pueblo español ha podido. En la Guerra Nacional Revolucionaria de 1936, cuando estaba en cuestión qué clase iba a ocupar el Estado. Desde entonces no hemos vuelto a poder, tampoco en la transición, donde se sustituyó por primera vez el objetivo revolucionario de tomar el estado, por la burda cantinela socialdemócrata de adornarlo. Desde entonces todas las luchas en España (aunque con grandes conquistas y muy combativas) están presididas por el reformismo y la socialdemocracia. Y yo no digo que no vayamos a poder, pero aún nos queda. Y lo que está en cuestión es quién manda, no cómo lo hace o de quién se sirve.

Pueden seguir emitiendo pornografía política en las noticias. El próximo caso será un senador que escondía monaguillos debajo de su toga o alguna vieja cacatúa del PP pillada in fraganti con un adolescente cubano poniéndole laca en el pelo a cargo del erario público. Pueden seguir escenificando la muerte de un régimen y el renacer de otro nuevo y flamante. Cualquier persona consciente se dará cuenta de que ya se le ha acabado el tiempo a la orquesta actual. Pero no porque podamos, sino porque alguien ha decidido que ya va siendo hora de recambiarlos, no les sirve.

Y el hecho de que sean los verdaderos centros de poder los que han decidido que el bipartidismo ya no vale, hace que la tragedia vaya a ser mayúscula. Rodarán cabezas. Llegarán a demostrarnos que hemos vivido cuarenta años engañados y que ahora por fin empieza la verdadera política. Fue Hegel el que dijo que los grandes hechos y personajes de la historia “se repiten, por lo menos, dos veces”. Pero fue Marx el que citándolo le apuntilló “se le olvidó decir que la primera como tragedia y la segunda como gran farsa”.

Como profetizaba este último, es en estos momentos cuando los líderes “conjuran temerosos en su auxilio los espíritus del pasado, toman prestados sus nombres, sus consignas de guerra, su ropaje, para, con este disfraz de vejez venerable y este lenguaje prestado, representar la nueva escena de la historia universal”. De igual modo parecen proceder ahora mismo nuestras instituciones y nuestros medios de comunicación. Los grandes Reagan, Fraga, González o Carrillo perpetraron la Gran Tragedia de la transición, vendiendo “como nuevo” lo que no era sino otro régimen más para los mismos intereses de siempre. Hoy, sus sucedáneos actuales, como la fotocopia de una fotocopia, ensayan una y otra vez una Gran Farsa para que como decía Tancredi en El Gatopardo: “Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie”.


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