domingo, 12 de abril de 2015

AMOR INCONDICIONAL (Relato corto)

  
Lulú Goldsmith esperó cerca de una hora en aquel bar-restaurante. Desde su llegada a España, Ramiro y ella se habían convertido en inseparables y después de terminar sus estudios de post-grado y pensarlo detenidamente, optó por quedarse y emprender un proyecto conjunto con su amigo. En Nueva York dejaba un antiguo novio y también muchas comodidades.

Miró su reloj. Era ya muy tarde y Ramiro no se habia presentado.
Abandonó el lugar visiblemente decepcionada. No lo ocultó. Regresaba melancólica y cabizbaja, por una oscura y solitaria calle de Madrid que había tomado para llegar antes al piso donde ambos convivían. El comportamiento de su pareja se había vuelto extraño durante el último mes. Faltaba muchos días, no solía utilizar el teléfono para avisar de sus ausencias y lo que era peor, se había vuelto taciturno y desconfiado. El colmo fue cuando le despidieron de su trabajo la última semana. Hacía tres días que no se veían. Precísamente habían quedado esa misma noche para cenar juntos y hablar más tranquilamente de su relación.

De pronto, escuchó un chasquido a sus espaldas. Se dió la vuelta, dándole tiempo a vislumbrar una especie de sombra fulgurante que había pasado como una ráfaga de esquina a esquina. Se asustó, y decidió aligerar el paso. Cruzó atropelladamente hacia el otro lado de la acera, mirando a todas partes y dobló por la siguiente bocacalle a mano izquierda. El miedo le había hecho perder la orientación y no se dió cuenta de que se había metido en un callejón sin salida. En ese momento, alguien la agarró por detrás y la redujo violentamente, haciendo que su cuerpo se retorciera hasta caer al suelo de rodillas. Intentó gritar pero le habían tapado la boca.

Obligada a tumbarse boca arriba, la punta de una navaja le rozaba la yugular. Eran por lo menos una docena de sujetos de melena larga, vestidos con cuero y cadenas y con el cuerpo trabajado a golpe de gimnasio. Se habían reunido para beber y drogarse en un portal abandonado, al parecer no esperaban encontrarse con la mujer.

-Bien -dijo el primero que la había apresado- Empezaré yo. Esperaos hasta que termine, luego ya podréis seguir los demás. ¿Queda claro?.

-¿Y por qué? Yo también quiero metérsela a esta puta. ¿Quién coño te crees que eres? 

Al instante el cabecilla del grupo se dirigió hacia él y le propinó dos puñetazos en la cara que le cortaron una ceja.

 -Porque lo digo yo, ¿entendido? ¿Alguien más quiere recibir?.

-Vale tío, está claro.

-De acuerdo, no se hable más, tu mandas.

El resto también asintió.

-No os impacientéis, que habrá para todos -dijo finalmente el líder-. 

-¿Qué... qué hacemos luego con la tía, ¿eh? -Preguntó el más joven, que parecía nervioso.

-La llevaremos a nuestro almacén. Será nuestro juguete... hasta que nos cansemos. Después la enterraremos en el monte. Nadie sospechará. Ninguno de nosotros está fichao. 

Todos se echaron a reir a carcajadas.

Lulú cerró los ojos resignada y se dejó ir. Por la zona de su vientre se movía agitadamente la bestia de la maldad, cuyos mórbidos tentáculos no habían tenido ni paciencia ni clemencia y se apoderaban lascivamente de muslos, brazos, pechos, piernas y sexo, haciendo caso omiso de las órdenes. 

Sin embargo, antes de que pudiera consumarse el delito, una fiera omnipotente, más fuerte y vigorosa, irrumpió como una exhalación y se abalanzó hacia los cuatro que estaban encima de la chica. Cuatro sendas cabezas arrancadas de cuajo que volaron por los aires. Los otros que quedaban, apenas pudieron defenderse de un animal furibundo. Con la mayor celeridad, el lobo ejecutó el golpe final. Uno a uno, les fue arrebatando el corazón a mordiscos. Se había gestado la carnicería con un odio de ultratumba venido del más puro infierno.

Ella se incorporó con dificultad, quedándose sentada. Se encontraba magullada y sangraba profusamente por la nariz. La bestia avanzó con parsimonia y se colocó de frente. Se encontraban a muy corta distancia, lo suficiente como para mirarse con profundidad largos segundos, intensamente. El animal, que olía a muerte y desesperación, comenzó a lamer con ternura las mejillas de Lulú. Finalmente, dejó caer su cabeza sobre el pecho de ella, en señal de sumisión. Se había invertido el ritual de un crimen espeluznante hasta transformarse en lo que parecía ser la expresión del amor más inocente e incondicional que se pudiera contemplar en un alma no humana. Toda una declaración de intenciones. La mujer, conmovida, no paró de proferirle caricias y hablarle dulcemente. Del cuello de ese ser, pendía una cadena de oro con las inscripciones R.G. Mientras seguía acariciando a su lobo con toda la complicidad del mundo, Lulú recordaba el último cumpleaños de Ramiro. Fue un regalo muy apreciado por él y desde entonces no se lo había quitado ni para ducharse.

 
Depeche Mode - StrangeLove


[TRADUCCIÓN]

Habrá momentos
en los que mis crímenes
parecerán casi imperdonables.
Me he entregado al pecado.
Porque tienes que hacer esta vida soportable.
Pero cuando creas que ya tenga suficiente
de tu mar de amor
beberé otro río más
y haré que merezca la pena,
haré que tu corazón sonría.

Amor extraño,
Amor extraño.
Así va mi amor.
Amor extraño. 
¿Me lo darás?

¿Aceptarás el dolor que te voy a dar una y otra vez?
Y, ¿no lo devolverás?
Habrá días, cuando esté perdido,
que pareceré estar 
constantemente fuera de tu alcance.
Me he entregado al pecado
porque me gusta practicar lo que predico.
No estoy tratando de decir
que lo hago todo bien.
Siempre estoy dispuesto a aprender
si tienes algo que enseñarme.
Y haré que merezca la pena.
Haré que tu corazón sonría.

Dolor, ¿me lo devolverás?
Lo diré otra vez, dolor.
(bis)

No lo volveré a decir

Amor extraño. 
Extraños altibajos.
Amor extraño.
Así va mi amor
(bis)

 
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