lunes, 13 de julio de 2015

EL HOMBRE MONTARAZ



La herida en el brazo, afortunadamente no se le había infectado.
Jordi se lo pensó y repensó infinidad de veces, lo meditó, volvió a ponerlo a disposición de su mente reflexiva, analizándolo de manera ponderada, como intentando equilibrar toda una ensalada surtida de pensamientos que iban y venían. Pero sin dejar de trabajar en un análisis exhaustivo de la situación, eso sí, sin exageraciones ni apasionamiento de ningún tipo. Hasta que le sobrevenía la tan esperada y controvertida duda razonable, que lograba disipar mediante golpes repentinos de elucubrada sensatez. Intentaba no dejarse llevar por la desesperación de saber que disponía de poco tiempo.

Con inusitada destreza, dadas las circunstancias, rebobinó la cinta mental recuperando una de las ideas iniciales, el botiquín de primeros auxilios. Ante cualquier emergencia, necesariamente urgía disponer de la cura y los remedios eficaces. Por si las moscas, ya se sabe, accidentes imprevistos durante la exploración del terreno, caídas, rozaduras, picaduras de mosquitos u otros insectos, cortes de digestión, heridas en los piés durante los trayectos por la isla, quemaduras solares, fiebre, etc.

Continuó con una lista de elementos que consideraba imprescindibles por su utilidad práctica:
Navajas y otras armas.
Para cortar la comida, abrirse camino entre la vegetación exhuberante que surgiera al paso, construir utensilios domésticos, su propia choza, defenderse de alimañas y otros animales salvajes, aunque también pensó en la posibilidad de que esa isla, considerada virgen, pudiese no estar exenta de vida humana...¿habrían alcanzado ellos también el lugar-refugio debido a una fatal casualidad?.

Consideró que una buena brújula o quizá un GPS serían instrumentos que garantizarían tanto la navegación, como el hecho de salvar el pellejo en caso de que el perímetro de la isla fuese amplio, porque supondría no perder la orientación en ningún momento para poder fijar el punto adecuado donde establecerse en las mejores condiciones. Sin embargo, no tenía ninguna certeza de que el barco a motor dispusiera de estas tecnologías, o bien pudieran funcionar óptimamente, porque no lo había visitado con anterioridad. Sencillamente iba a  robarlo, si bien contaba con que su dueño probablemente estaría muerto a estas alturas. Lo mismo pasaba con una radio o un radio de transistores.

Comida no perecedera (latas y envases). Porque...¿encontraría alimento fácilmente las primeras horas en caso de llegar a su destino?. Esta era una absoluta incógnita. Afortunadamente, había conseguido aprovisionarse de lo necesario para resistir un par de días. Esta y otras pequeñas cosas las conduciría al barco enfundándose una mochila a la espalda. Sin embargo, tuvo que desechar la idea de llevarse consigo la tienda de campaña y el saco de dormir que atesoraba entre su equipaje ya que le impedirían correr con agilidad en el caso de ser perseguido o acosado.

El agua potable era un garante de supervivencia extrema en el interior de una isla desierta, en medio de un ambiente hostil.

Una vez provisto del kit de supervivencia, se dispuso a vigilar las salidas al exterior. Se encontraba en el hotel, que no había abandonado en tres días desde su llegada a la República Dominicana. La primera noche transcurrió sin incidentes observables, durmió ajeno a los violentos acontecimientos que se habían registrado afuera y muy cerca de su habitación. El potente somnífero que se había autosuministrado para lograr dormir profundamente había hecho efecto inmediato. Solía tomarlo por prescripción médica desde hacía un par de meses. Precisamente había llegado a aquel lugar paradisíaco en busca de la tan ansiada felicidad vacacional, muy alejada del mundanal ruido representado por la actividad frenética de su Barcelona natal. Tras salir de la habitación, por los pasillos y en el hall, se encontró con un espectáculo dantesco difícil de describir que le hizo regresar despavorido. Durante la huida, se había rasgado el codo con el cristal roto de una de las puertas, lo que le hizo perder el equilibrio y chocar contra uno de ellos. Aunque éste se encontraba apoyado en la pared, medio moribundo, aun tuvo fuerzas para cogerle del brazo con ímpetu. Jordi, con la agilidad nerviosa que aflora en una situación de pánico, consiguió zafarse de aquel cuerpo y de un posible ataque. Sin darse la vuelta corrió hacia su dormitorio y se encerró con llave.

En aquella trágica tesitura, el tiempo no parecia marcar horas, minutos y segundos, pues desde su primera mañana, tras el despertar, hasta los siguientes dos días, los momentos vividos parecían haber transcurrido en intérvalos muy breves. Al instante de resguardarse en el dormitorio, se encontró mirando por la ventana, escondido detrás de las cortinas. Tras lo cual observó que había una embarcación pesquera que no estaba adosada al muelle, muy cerca de la entrada del hotel que estaba ubicado en el mismo puerto de la ciudad de Puerto Plata, a varias millas del islote Bahamas.

Ahora, al cabo de dos noches sin dormir, cansado y amedrentado por un silencio desolador y la soledad más agónica que uno se pudiera imaginar, tomó la firme decisión de estudiar los próximos movimientos de escapada hacia el barco.

Sin embargo, no meditó demasiado la forma de escabullirse, entre otras cosas, porque hasta bajar a recepción no habían sino dos caminos posibles, las escaleras o atajar cogiendo el ascensor, de todos modos, averiado.

Se deslizó, peldaño a peldaño, girándose a cada momento. Al llegar al rellano del segundo piso, una voz casi imperceptible, le llamó en francés: -¡Garçon! ¡Garçon!...(¡Muchacho! ¡Muchacho!...)
Provenía de una de las habitaciones de la planta. Se asomó el rostro ensangrentado de un hombre sexagenario. Cuando el muchacho se acercó con cuidado, observó aterrado que estaba muy malherido. Jordi había enmudecido y se mantenía petrificado. El viejo le habló en un tono lastimero, más propio de quien ve cercana su hora: -¡Garçon!...

-¡Deu meu, deu meu!...Homme bon...comment je peux aider?
(Dios mío, dios mío!...Buen hombre...¿Cómo puedo ayudarle?)
 
-Vous ne pouvez pas. Je suis dejà mort
(No puedes. Yo ya soy hombre muerto)

-S'il vous plaît... laissez-moi vous aider, monsieur!
(Por favor... ¡déjeme ayudarle, señor!)

El chico fue a cogerle entre sus brazos para sostenerlo, cuando el anciano le advirtió que no se acercara demasiado, insistía en que no le tocara...

-Je lui ai tué, je avais pas le choix. Ma femme...ma femme m'a attaqué dans mon sommeil...
(La maté, no tuve otra opción. Mi mujer...mi mujer me atacó mientras dormía...)

 -Porquoi cela se produit? Avoir à expliquer ce qui est arrive ici!
-¿Por qué ocurre esto? ¡Tiene que explicarme qué ha pasado aquí!

-Fuit. Sortez d'ici dès que possible. Pendant que vous êtes à l'heure...ils sortent la nuit pour la viande...ils...les morts...ils vont manger!...aaag...aller!
(Huye. Vete de aquí cuanto antes. Todavía estás a tiempo...ellos salen por la noche a por carne...ellos...los muertos...¡quieren comer!...aaag...¡vete!)

-Je ne vais pas vous laisser seul ici!
(¡No le dejaré solo en este lugar!)

-Mais non! Je vais mourir désespérément! Ce nuit, je vais devenir l'un d'eux... il est par contagion...
-¡No! Voy a morir irremediablemente. Esta noche me convertiré en uno de ellos...es el contagio...

-Me cagüen la puta...Açó no pot estar passant, Jordi...
(Esto no puede estar pasando, Jordi...)

-Vous ne pouvez pas faire quelque chose pour moi...je meurs... ahhhh... mon dieu...excusez-moi....
-(No puedes hacer nada por mí...me muero... ahhhh ...dios mío...perdóname...)

-Monsieur! Monsieur!...répondez-moi!...écoutez-moi...vous me écoutez?...Pero quina merda es aquesta? Deu...meu...
(¡Señor!¡Señor!...¡respóndame!...oiga...¿oiga?...¿Pero qué mierda es ésta? Dios...mío...

Jordi, movido por la desesperanza, rompió a llorar con verdadera congoja abrazándose de rodillas al cuerpo del anciano fallecido. Así se quedó largo rato. Hasta que finalmente reaccionó, incorporándose para salir a la calle. Solamente le restaba acudir al muelle y subir a la embarcación rumbo a la isla. Todavía disponía de cinco horas de sol.

El agotamiento y el desgaste empezaban a hacer mella en el físico del muchacho. También el sueño, al que procuraba alejar  de sí dándose pequeños golpecitos en la cara y pellizcándose brazos y piernas. Era una persona polifacética, de familia adinerada y posicionada en la política, con enorme experiencia en toda una serie de disciplinas. Ya desde muy joven, acostumbraba a conducir el yate de su padre por lo que no tuvo mayores problemas a la hora de manejarse en las técnicas de la navegación.

Al cabo de dos horas de itinerario por aguas abiertas del Océano Atlántico, el barco pesquero "Malvavisco", de 30 piés de eslora y con un pasajero al borde del colapso por fatiga extrema y cuarenta grados de fiebre,  inició su dirección asistida por propia decisión humana mediante la puesta en marcha del piloto automático, que cumpliría la función básica de mantener y orientar el rumbo prefijado librando a su nuevo patrón de todo esfuerzo consciente. Lo que le dió la posibilidad a Jordi de poder dormir y descansar. Así, el timón llevaría a cabo el mínimo de movimientos y se podría apreciar un considerable ahorro de combustible. El sol comenzó su ciclo descendente. Las nubes empezaron a acumularse en el cielo y pronto se inició una tenebrosa tempestad. La nave fue arrastrada por fuertes vientos y un oleaje anormal e intenso de gran altura, originado por un sistema frontal que pasaba en ese momento por aguas atlánticas, arrastrando la embarcación varias millas a la deriva, a punto de hacerla naufragar.

Finalmente,  sobrevino la calma chicha, tras un día y medio de tormenta vertiginosa y de escupir agitadamente el mar su bravura. Al anochecer, el barco fue encontrado vagando sin orientación cerca de las costas de California por una patrulla de la Guardia Costera de los EEUU.

De manera inmediata, los hombres de la policía costera se pusieron manos a la obra con el fin de rescatar a los que consideraban posibles tripulantes supervivientes.

Y ciertamente que eran cuatro los pasajeros, contando a Jordi o, mejor dicho, aquello en lo que se había transformado. "Cuatro seres deformes, de aspecto cadavérico y con acctitudes sádicas y sórdidamente furientas", según acertó a declarar en tierra firme uno de los guardacostas herido que había sido atendido por los equipos sanitarios de salvamento. Tristemente, dos de esos hombres habían fallecido teniendo que ser trasladados a la Unidad Forense del Servicio Naval de Investigación Criminal de la Armada norteamericana (NCIS) y los otros tres habían sufrido heridas muy graves por mordeduras, cortes y traumatismos.

 ----------------------------------------------------------------------------




"Los hombres se meterán en las cuevas de las rocas, y en las grietas del suelo, ante el terror del Señor y el esplendor de su majestad, cuando él se levante para hacer temblar la tierra".
  
Isaías 2:19;21



 “Mas velad en todo tiempo, orando para que tengáis fuerza para escapar de todas estas cosas que están por suceder, y podáis estar en pie delante del Hijo del Hombre.” 

Lucas 21:36 




Sufjan Stevens - They are night zombies



Dame tu voto en HispaBloggers!

-->
Coméntame qué te ha parecido el post y yo te responderé encantada. ¡No olvides que en este blog lo más apreciado eres TU!
Queridos amigos, seguidores y lectores: como habréis observado se ha cambiado el sistema de comentarios. Ahora en este blog se ha implementado DISQUS. La manera de comentar es sencilla, si no queréis registraros directamente en DISQUS (nueva modalidad de conversaciones donde también existe un foro) podéis loguearos desde vuestra cuenta de Facebook, Twitter o Google + y simplemente introducir vuestro comentario