martes, 8 de septiembre de 2015

LA CONDESA PROGRE Y EL CABALLERO SEGUNDÓN





Érase una vez, una pequeña región de la meseta castellana que no se hallaba en los mapas, pero de cuyo nombre sí quiero acordarme, pues en ella se ubicaba el pequeño condado de Treno, donde vivía una familia de nobles que había prosperado notablemente tras haberse dedicado durante largo tiempo al curtido de pieles de oveja merina, de excelente calidad y muy cotizadas. En sus tierras de secano también se le daba predominio al cultivo de cereales y a las plantaciones de nogales y pistachos.

Bastante lejos de allí, en la puerta de un molino abandonado próximo al bosque, una joven pareja conversaba apasionadamente sobre asuntos del corazón, mientras un calor áspero y asfixiante se dejaba sentir intensamente en aquella tarde de julio.

-Mi señora, vos deberíais saber, reconocedlo, que ya no nos encontramos inmersos dentro de la singularidad de la Edad Media. Es más, os animo a menospreciarla por tratarse de una Epoca Oscura, llena de superstición y hambruna. Precisamente, es en la tesitura renacentista actual, donde deseo haceros partícipe del vasto conocimiento de la humanidad, del poder creador de la voluntad del hombre, del Antropocentrismo que nos debe guiar en las siete artes, también en la filosofía, en el conocimiento social...yo...amo a la naturaleza, el pensamiento humanista, la belleza intrínseca del mundo y también a vos...¡Besadme, os lo imploro!

-Ni hablar del asunto, no insistáis, ¡pardiez!...tales menesteres solo pueden ser ejecutados por damiselas convencionales. El conservadurismo y todas sus malas consecuencias, no son cuestiones vitales que debamos apoyar las mujeres modernas. En otras palabras, caballero, lo que vos proponéis tan encarecidamente no tiene sentido alguno, es retrógrado...¡Me niego en redondo!.

-¿Có...cómo podéis escupir semejante desaguisado...ejem...me refiero... decir tal incongruencia, mi bella dama?

-¿Acaso no ha significado bastante desacato y bellaquería el hecho de que vuestros labios se hayan juntado con los míos mientras dormía plácidamente mi siesta vespertina en pos de vuestro insolente ímpetu casquivano, señor, aun sin mi previo consentimiento?

-Oh, podéis estar segura, mi señora, de que tal acción no ha supuesto más que una dádiva representativa del amor que siento por vos, desde el primer instante en que mis pupilas atravesaron la claridad de vuestro inmaculado y dulcificante rostro angelical. Máxime teniendo en cuenta que una malvada bruja os había lanzado un mortífero hechizo.

-¡Pamplinas! Lo que referís no son más que supercherías. ¡Brujas a mí!, jajajajaja

-Pe...pero....un momento, algo falla...no puede ser cierto lo que atisba mi discernimiento. La lógica me hace suponer que deberían cumplirse los acontecimientos narrados en el cuento...

-¿Qué cuento? Los únicos cuentos que yo conozco son los de Calleja...

(Mmm…pero si yo tenía entendido que ese tal Calleja pertenece al XIX…aunque si mi adorada sílfide lo asevera…)…Ejem...vale...¡Ya esta bien, condesa!...¡Ahora mismo os conmino a que os dejéis besar nuevamente y sellemos por fin nuestro amor, luego nos casaremos, yo heredaré el condado y las tierras de vuestro querido padre y ambos dos dirigiremos con justicia y honorabilidad las vidas de nuestros siervos, tendremos una prole numerosa y nuestra estirpe será venerada y respetada durante varios centenios; por mi parte, yo combatiré en las sucesivas guerras territoriales que acontezcan en este sagrado Reino saliendo victorioso de todas ellas para acabar viviendo todos felices y comiendo perdices...!...Bueno, ¿qué os parece? ¡Os advierto que ésta es mi última oferta...!

-¡He dicho que no! ¡No, no y no!.

-¡Mi señora, si no me besáis apresuradamente volverá esa vieja y arrugada hechicera de tres al cuarto en cuanto se entere de que no estamos siguiendo el guión y con su perfidia natural me convertirá en un repugnante sapo verde! ¡Mi destino está en vuestras manos... y, si me apuráis, el vuestro también...! ¡Os insto a que razonéis, por el amor de dios...!

-Vamos a ver...Vos habéis manifestado hace un rato que el Renacimiento es una etapa de renovación en múltiples aspectos de la vida del hombre, ¿no es cierto?

-Si, claro...así es...

-Pues he de confesaros que mis verdaderas y tangibles intenciones en estos tiempos que corren es acudir a la Universidad. Me interesaría sobremanera estudiar a autores como Boccaccio que escribió, entre otras obras, el Decameron, que por si no lo sabíais, trata sobre los vicios de su época, o...a Erasmo de Rotterdam, impulsor del Humanismo, el cual se reafirmaba en la convicción de que alejarse de cualquier extremo es bueno, sin ir más lejos, la guerra le parecía la más grande manifestación de contradicciones interiores e irreconciliables, de su concepción se desdibuja al hombre moral e irreflexivo. En el Elogio de la locura hace una crítica a las costumbres de sus contemporáneos, a los prejuicios, ignorancia... Un gran innovador. Por no hablar de Nicolás Maquiavelo, que también escribió grandes obras. El Príncipe es símbolo de la política sin escrúpulos. Además, tomó como modelo a Cesar Borgia, quién según él, hizo todo lo que un hombre listo y prudente tenía que hacer para asentar sus estados, un tratado muy polémico, un primer análisis objetivo y científico de aquellos métodos que ayudan a mantener el poder político. Bien mirado...no estaría mal que yo misma me independizara y me dedicase a ejercer en la política de Estado. No tengo hermanos varones que me obstaculicen en mis propósitos y que necesite quitarme de en medio; mi padre, prácticamente me lo agradecería. Soy su ojito derecho. Si me lo camelo lo suficiente...

-¡Por las barbas de Da Vinci! Sin lugar a dudas, la fiebre que padecíais cuando os encontré os ha hecho enloquecer momentáneamente...Pero yo haré que entréis en razón...

-¡Estáis en un impepinable error y os empecináis en revolcaros en él como hacen los puercos en el fango, joven testarudo y pertinaz! Soy una princesa independiente, haré lo que me plazca y estoy dispuesta a decidir por mí cuenta y riesgo, se junte el cielo con la tierra. Nadie lo podrá impedir.

-Pero, ¿no os dáis cuenta pequeña dama contestataria de que en el actual siglo XVII no se ha producido todavía la coyuntura de aceptar comportamientos asociales? Para nadar a contracorriente ya está la masculinidad. Vos sois una simple mujer y las mujeres deben acatar lo que oriente un tutor, padre, hermano mayor o esposo...¡Que sepáis que ni yo ni vuestro noble padre vamos a tolerar ningún atisbo de emancipación! ¡Faltaría más...!

-Mi señor...por la presente, debo anunciaros que se acerca una vetusta mujer vestida con un ropaje andrajoso, que anda coja, le falta un ojo y lleva sobre su hombro izquierdo una lechuza. ¡Oh, pardiez, mirad esa enorme verruga en la punta de la nariz...!¡Qué bochornosa figura andante!

-¡Presto, escondámonos, sólo el destino y nosotros en particular conocemos el terrible secreto que guarda esta arpía venenosa entre sus fauces desalmadas, ávidas de víctimas incautas . Ved allí aquel roble centenario, vayamos hasta él a guarecernos de este engendro maligno!

-¡Ni por asomo! ¡No creo en supersticiones ni en vuestras ridículas chanzas!

-Vuesa merced debería hacerme un poquito de caso…¡No es una pordiosera, es una bruja, una criatura del bajo astral!

-¡Ni hablar!, esta desdichada abuela necesita de nuestra atención, voy a conversar con ella, quizá la podamos ayudar…

-¡No sabéis lo que hacéis, insensata! ¡Regresad! ¡Amor mío… señora…!
(¡Mal voy rediós! ¡No acierto ni una! ¡No acierto ni una!)

-Me aproximaré presurosa para ver si necesita algo…

-¡Esperad! ¡Volved inmediatamente, os lo ordeno…!
(Pues en vista de lo visto y sin que sirva de precedente, yo por mi parte pongo piés en polvorosa…! ¡Abur!)

[El caballero marchó a esconderse a un rincón lejano dentro del bosque, colocándose justo detrás de un robusto tronco de ramas compactas y hojas frondosas]

-¡Una limosna para esta pobre vieja!….¡una limosna para esta pobre vieja!…por la gloria del señor, os doy mi palabra, noble dama, de que si ayudáis a esta anciana deshauciada por la miseria y el dolor, el Altísimo os recompensará con creces…

-Decidme, buena mujer…¿qué os ha traído por estos parajes tan alejados de la mano de dios?

[En ese preciso instante, la vieja defenestrada -que no era, ni mucho menos, una débil anciana indefensa-, se quedó contemplando fijamente a la muchacha y sin mayor dilación levantó el bastón que la sostenía para lanzar un conjuro maldito y convertirla en una rata:]

“Diosa Hécate hágase tu voluntad, ante tí haz que lo ruin se arrastre”

[Transcurrieron unos segundos, aunque el hechizo no parecía surtir efecto alguno]

-¡Por los efluvios de Belcebú!, ¡no funciona…! Abriré un Portal y os llevaré conmigo a los designios del Inframundo, desvalida damisela, jua jua jua…

“¡Vía temporis, iam clamo ad te via spatti
¡Te ubio, aperire…Aperi!
Via concurssus, tempos spatium admi ut imperio!”

-¡Maldita sea!, ¿qué me está ocurriendo?...Bueno, a lo sumo, invocaré el poder de las hienas…

“Yu ba ya sa na”

-Oh…no…¡Por la sangre de Abrahel! ¡Esto es ingrato, una verdadera infamia!

“Yu ba ya sa na”…

”Yu ba ya sa na”...

-No es posible…¡qué ignominia!

-¿Qué os ocurre, mujer? No..no… seréis… por casualidad…aquello que no me atrevo a mencionar…bueno…me refiero a una… demonia…alguien que según cuentan los lugareños es capaz de desatar el poder de Satanás contra los inocentes con los que se cruza en veredas solitarias? Dicen que suele haber abundancia de monstruos que acechan en las encrucijadas de caminos, pero yo jamás lo creí.

-¡Por las calderas de Pedro Botero! ¡Es la primera vez que me encuentro con una persona que no me teme…! ¡Inaudito! Quizá por ello mis trabajos no os resulten dañinos…

-No me parecéis tan siniestra…Os contemplo de arriba abajo y veo a una persona extraña, eso sí…bueno… extravagante diría yo…pero de ahí a pensar que vuestro cometido consista en comerse a los niños y convertir en alimañas a los incrédulos, hay un trecho. Si me permitís, no deberíais tener en cuenta las apreciaciones basadas en la ignorancia proveniente de necios y sátrapas. No consintáis que toda esa enjundia barata os influya. Como mal menor, sería un acto cristiano por vuestra parte, ignorarles por completo. Recordad esto: no hay mayor desprecio que quien no hace aprecio. Es un consejo de mis mentores, no os lo toméis como una ofensa, nada más lejos de mi intención, anciana mujer…

-Me…me habéis conmovido, muchacha…¡Por estas diligencias y a mi edad…quién me lo iba a decir…!

-Vos…me recordáis con rigor a una nodriza que tuve… Murió no hace mucho.

-¡Bien!…¡Basta ya de ñoñería empalagosa! Ejem…Os hablaré con absoluta franqueza. Tal y como podéis observar, se requiere una simple mirada para saber lo que soy, mejor dicho, lo que queda de mí…soy muy vieja, me siento abotargada por el transcurso de los siglos. Hija mía, debo confesaros con rotunda tristeza que la Era de las Brujas está llegando a su fin. Se acercan nuevos aires de cambio. Hace muchos lustros pude experimentar una grandiosa apoteosis, mi práctica, mi naturaleza esencial se retroalimentaba con la mucha actividad, viví las mieles del éxito como sierva de Lucifer y todo eso que el vestigio del recuerdo nos brinda tras la evocación de la memoria más profunda. Pertenezco a un mundo que ya no se encuentra aquí. Se remonta a la élite de la prehistoria y se corresponde con las más ancestrales vivencias que nunca nadie haya podido elucubrar, mucho antes del comienzo de la humanidad. Pronto, con la mayor brevedad posible, me sentiré en la obligación de partir hacia mi morada, el Inframundo. Pero antes…me gustaría pediros un favor…

-Soy toda oídos…¿Qué…qué podría hacer por vos?

-Mi pretensión es que cuidéis el Umbral, el paso desde el que se accede al reino de las brujas y de las criaturas de la noche, donde se hallan mis antepasados, con este mundo, con el de la Tierra. Yo descansaré en el Reino de los Muertos, gobernado por el Dios Hades. Sin embargo, bajo otras formas y en estado etéreo realizaré visitas fugaces a este lugar. Vos, muchacha, podréis ver mi aura sin problemas. Por cierto, el caballero que os acompañaba ha huido despavorido hacia la ciudad.

-Ah…no me acordaba… lo cierto es que era demasiado posesivo y un tanto cretino. No iba a sucumbir a sus encantos, así, sin más…

[Llegados a este punto, de la boca de la bruja salieron estas palabras: “Fiat lux”, al tiempo que emitía un chasquido con los dedos medio y pulgar, logrando materializar una tradicional bola de cristal transparente, de esas con las que las pitonisas suelen vaticinar el futuro]

-Sabed que poseo muchas mancias, sin embargo el artilugio que sostengo entre mis manos, es lo más eficaz que existe. Va directo al corazón de las circunstancias, nunca yerra. Umm…veamos…¡Uy! ¡qué torpeza la mía!, primero le devolveré a su forma humana, ji ji…ejem…disculpad…

“Cio che fu non e piu.
Cio che fu fatto disfa.
Passato e il pericolo.
Finita e la prova.
Metti le cosa a posto”

-Ya está…vamos…vamos…“Solutum”…¡he dicho “Solutum”, caray!

-Ahora sí, revertido está, jia jia jia…¿verdad que la magia es algo portentoso, majestuoso, inigualable?

-No le veo demasiado atractivo…en fin. De todos modos…¿qué veis, anciana?

-Busco…busco un alma entre los filamentos de la verdad:

“Fluye a través del río en mí.
El ojo hacia adentro, sin vista al mar.
Ayala atraviesa el río en mí”

-Ah…ahí está…al fin le veo…veo….que…todos los bienes de la casa solaz pertenecientes al Mayorazgo de Treno, pasarán indefectiblemente al hijo mayor, un primogénito varón, Eduardo, con lo que el presente hidalgo Esteban de Treno, segundo en la escala sucesoria, no tendrá otra opción más que la de emprender la carrera militar o, en su defecto, la eclesiástica. Sin embargo, no se hará cura, pues como a todo hombre banal, le pierden las faldas, es decir, los encantos de mujeres de mal vivir que trabajan en los burdeles y también las cortesanas de bajo estatus, que es a lo máximo que puede aspirar, vaya. Será esta trayectoria mundana precisamente y no sus incursiones en la guerra lo que acabará con él. Veo que se batirá en duelo y que finalmente morirá desangrado por el filo de la espada de un barón ultrajado.

-¡Cielo Santo! ¡Jamás lo hubiese imaginado…! Oh, no…Por mi honor…

-¿Qué os ocurre muchacha? ¿Os halláis indispuesta, quizá?

-Mucho peor…snif…me…me siento desolada…snif…profundamente abatida…

-Pero…¿ por qué? ¿Por qué os sentís tan compungida? ¿Hace un momento no calificabais su comportamiento como el de un simple cretino?

-No es así…mentí soberanamente. En realidad…le amaba. Creo que…me enamoré con intensidad, sobre todo, tras haberse declarado con tanto fervor y ahínco. Actuó como un verdadero caballero. Por el contrario... yo…yo…me comporté en todo momento con tirantez, como una niña caprichosa… ¡Si bien, todo hay que decirlo, no me gustó demasiado que se escondiera y me dejase sola…!. Pero bueno, también es verdad que los tiempos cambian y una debe saber cuidar de sí misma…

-Calmaos, señora…Puede que lo visionado en la bola esté propiciado por el despecho que debe sentir ahora mismo por vos.

-¿Qué se puede hacer? Todo es por mi culpa, por el agravio infligido. Don Esteban no merece esa suerte, sino una dicha mejor.

-Volver las tornas. Eso haremos…no desesperéis, gentil doncella. Creedme, esta vieja tuerta sabe lo que se hace…

-¿Cómo? ¿Con conjuros? El amor verdadero es sublime, sagrado y no admite componendas…

-¡Haced el favor de callar! Dejadme hacer a mí…

“Yo te invoco, yo te invoco.
 Yo soy la reina, tú eres la abeja.
Que sea lo que yo deseo y ven a mí”

-Decidlo vos misma, repetidlo hasta la saciedad y que se fundan siendo dos en uno vuestros corazones, en lo físico y en lo mental. Repetid el conjuro las veces que sea menester.

-De…de acuerdo, anciana:

“Yo…te invoco… yo te invoco.
Yo soy la reina, tú eres la abeja.
Que sea lo que yo deseo y ven a mí”.

“Yo te invoco, yo te invoco.
Yo soy la reina, tú eres la abeja.
Que sea lo que yo deseo y ven a mí”

[Tras unos breves instantes, el cuerpo lozano del aguerrido caballero de Treno hacía acto de presencia por entre los matorrales. Con incentivado jolgorio, don Esteban iba canturreando canciones típicas de batallón, otros sonetos típicos, etc, alardeando de su fuerza y gallardía masculina mientras caminaba por la senda que afloraba desde el amplio horizonte. Unos cuantos pasos más y se toparía de bruces con la dama y la hechicera. Ambas le esperaban con impaciencia, alegremente embelesadas por la contemplación de tan varonil espectáculo].

“Son los celos una guerra
que aflige, asombra y quebranta
de quien la tierra se espanta
y de quien tiembla la tierra.
Nunca dexan solsegar
al coraçon que maltratan,
en solo un momento matan.
Tardando un siglo en matar.
Son parasismo cruel
que paraliza y sorprende,
son rayo que el pecho hiende
y se queda dentro del.
Son perro que está ladrando
y velar haze al sentido,
sueño que le trae dormido,
por momentos despertando.
Son una antigua querella,
son fuerça y son voluntad,
enemigos de verdad,
por ser tan amigos della.
Son jueces tan esquivos,
que lo por venir castigan.
A dar libertad se obligan.
Hazen los libres cautivos.

…Tra lará, tra lará…

-¡Fijaos cuán grácil y expresiva resulta su faz. ¿Le véis bien, anciana? Parece que va contento…¡y con qué prontitud llega!

-El tiempo solo existe en la percepción terrenal humana, pequeña damisela.

-¡Qué prestancia, qué porte, qué elegancia ostenta mi señor!

-Pues yo haré mutis por el foro y me quedaré en la Luna de Valencia ipso facto. No quiero estorbar en este elenco…si ya no hago aquí más falta...Pero antes, tomad esto, quiero que guardéis el Libro de las Invocaciones.

-Psss…Deteneos, no me esquivéis, vieja…

-¿Hola? ¿Quién anda ahí? Salid a mi vera, que os vea bien la cara…No andéis allén de los matojos, ¿oís? O tendré que blandir mi acero… Os advierto que soy maestro de esgrima…

-Soy…soy yo, mi señor don Esteban, caballero de Treno, hidalgo por la gracia de dios y del Rey en estos tiempos de Siglo de Oro y folklore de sonetos y romancero…Soy vuestra amada.

-¿Quién decís que sois? (Madre mía, esa voz… semejante a un cántico celestial… me es familiar, creo reconocerla de otro ámbito, tengo la casi absoluta certeza de haber saboreado con su sonoridad de ruiseñor las mieles del amor cortés de otros tiempos)

-Os saluda doña Genoveva de Riquelme y Villajosa, hija del Conde de Riquelme, para servirle a vuesa merced…

-¿Ah, si? ¡Pues salid que os vea…descubríos…!

-¡Aquí me tenéis, don Esteban!

-¡Mi señora…! ¡Sois vos…!

-¡Se diría que habéis visto a un fantasma, recórcholis!

-¡Genoveva! ¡Estáis sana y salva! ¡Eureka! ¡Qué gran noticia! Más también lo es divulgar que todo esto no quedará en una mera confusión, sino que continuarán las pesquisas. Estoy en disposición de asegurar que el cúmulo de dudas que nos atenazan será resuelto en cuanto me resitúe en la Hacienda y vayamos adelantando los preparativos de la boda. Me explicaré mejor: acabo de visitar a vuestro padre. Afortunadamente, he tenido ocasión de contarle tanto las vicisitudes sufridas como los dilemas suscitados hace apenas nada. Es por ello, que tras informar con la mayor celeridad de que os hallábais en grave peligro, desde la Corte se han incrementado las medidas a fin de garantizar vuestra protección y la de la ciudadanía, preservando el futuro de la Corona. Teniendo en cuenta que en España y las colonias no existe libertad de culto, la jurisdicción doctrinal que ahora mismo abarca la Inquisición se hace extensiva a la totalidad de los súbditos del Rey, no solo sobre los cristianos bautizados. Si los herejes no aceptan la abjuración y, por el contrario, persisten en sus creencias, serán entregados al verdugo para su ejecución. Dentro del apartado de supersticiones se incluye todo lo relacionado con la brujería, por tanto, a los herejes y a las brujas se les quema en la hoguera.

-Mi señor, abandonemos ya estas pláticas. Acercaos, besadme sin más preámbulo, amor, os lo ruego…olvidemos de una vez estas viles quimeras y todas esas patrañas que hablan de brujas, hechiceras y viejas alcahuetas agoreras que devoran el hígado y el corazón de indefensas víctimas…

-Mi princesa rebelde, mi diosa palatina, mi amada y futura esposa…Cerrad esos ojitos de miel, amor mío…vuestros deseos son órdenes…mnnn

-Mi señor, me entrego a vos en cuerpo y alma.

Los dos amantes sellan finalmente sus labios mecidos por el roce de un viento estival que acaricia el paisaje de secano que les rodea, compuesto por una vegetación escasa en la que abundan el trigo y la cebada y proliferan grandes extensiones de barbechos . Aquella sociedad dormida, que parece gozar de una quietud inalterable, de profunda raigambre, será tarde o temprano el estrato principal que asumirá significativos cambios sinérgicos en las vidas de sus habitantes.

En las noches de Luna llena, las voces ancestrales del bosque llaman a los espíritus primarios. Es entonces cuando el eco de esos sonidos acompasados se amplifica de forma intensa y choca con el espacio inconmensurable. Parece que alguien susurre muy fuerte desde la lejanía:

“Escucha ahora las palabras de las brujas.
Los secretos que escondimos en la noche.
Los dioses más antiguos son invocados aquí.
Buscamos el gran trabajo de la magia…
Esta noche y a esta hora.
Invocamos al antiguo poder.
Tráenos tus poderes. Queremos el poder.
Danos el poder”

Y colorín colorado, este cuento se ha acabado



Mago de Hoz - Fiesta Pagana

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