miércoles, 23 de septiembre de 2015

DIARIO DE UNA ESTUDIANTE IRREVERENTE: V.-EXPERIENCIAS EN LA OSCURIDAD



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 -¡He dicho que no, hija! Como tú comprenderás, no voy a consentir que salgas a la calle, no sé tampoco a dónde quieres ir ni con quién has quedado...y estás pendiente de una evaluación mañana en el hospital...

-Mamá, necesito dar una vuelta, estoy muy estresada, llevo un día y medio aquí metida. En esta cárcel me asfixio.

-Nenita, no puede ser...Yo llego de trabajar a las nueve y es cuando puedo estar contigo. Siento no poder hacerte compañía...

-A mí eso me da igual, ¡lo que quiero es salir de esta puta casa, hostia!...

-¡Cállate! ¡Y haz el favor de escucharme bien...! No te creas que a estas alturas y como madre que soy, no me entero de nada, que sepas que no me chupo el dedo...Sé que fumas porros y te vas de juerga con personas poco recomendables...y... de veras, que no quiero pensar mucho más alla...¡Pero la culpa es mía, debí haber hecho todo lo que correspondía para controlar esta situación cuando no se había desmadrao el asunto...Con...con toda probabilidad te han contagiado haciendo el acto sexual, ¿vale? Por descontado, yo soy la responsable de todo esto. Soy una mala madre, porque no cuidé de tí en los momentos en que más me necesitabas, luego tu padre, después este trabajo esclavo que me tiene ocupada todo el día... Mine, yo... lo siento de veras...

-Ahhh, corta el rollo, no me interesan nada tus sentimientos de culpa...lo que quiero es ¡irme!, ¡irme!...¡quiero irme!, quiero respirar aire puro, estoy agobiada, déjame salir mamá...¡te lo suplico!

-¿Pero a dónde piensas ir? Puede que necesites tratamiento...

-¡ A la mierda! ¡Allí me iré! ¡Joder!

-Minerva, cariño, estás muy nerviosa...¿Qué te ocurre? Cuéntale a mamá qué problema tienes y te ayudará, anda, hija...

-¡No me da la gana! ¡Puta!

-Vamos, chiquilla...no me seas así...soy tu madre...Fíjate qué mal aspecto tienes...estás malita...debes descansar y que te vea mañana el médico. Ay, ¡pero si tienes fiebre...! Mine...

-¡No me toques! ¡Déjame en paz!

-Voy a llamar a urgencias y que vengan lo más pronto que puedan...

-¡Noooo! ¡No llames a nadie...no lo hagas, por favor...! ¡Y no enciendas la luz!

-¡Mi niña!...¡oh!...¡por dios!... estás temblando... sudorosa...ardiendo...

-¿A dónde vas, asquerosa? ¡Vuelve! ¡No llames al médico! ¡No quiero que venga ningún médico...!

(Si, señorita, parece que tiene mucha fiebre, temblores y una ansiedad que me da miedo...¿pueden enviar a quién esté de guardia para que la vea? Se lo agradecería, vivimos bastante lejos del ambulatorio y es de noche...)

-Jodida loca ésta...Tengo que darme prisa...Está ahí el bolso...(No me importa robar a mi vieja, antes necesito recuperar mi mercancía y cuando la haya vendido se lo devolveré...¡Mierda, necesito un pico ya!)

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-Ehhh, ehhh, ¿a dónde crees que vas? Por esa puerta no saldrás...¡Ven aquí!...¡Mine! ¡Mineeee! ¡Mineeeeeeee!

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Apreciado Diario:
Hace una semana que mi madre está al corriente de mi adicción a la heroína. Era inevitable que se enterara, una cuestión de tiempo. No sabes el lío que monté. No acudí a mi cita médica en el hospital y anduve la noche anterior desaparecida hasta que por fin volví a casa a la una del mediodía. Por lo que sé, a mi madre le entró pánico y no se le ocurrió otra cosa que llamar a todo quisqui: al instituto, a mis abuelos y tíos de Requena, a mis excompañeros y amigos de toda la vida, con quienes ya no me relaciono, también a sus padres, incluso a antiguas amistades con las que no se habla...y a mi propio padre. Si, se atrevió a ponerse en contacto con él a través de su abogado, no tenía otro modo de hacerlo. Pensó en su desesperación que quizá podría haberme ido a su apartamento. Sabe que mi padre me ha estado llamando desde su nuevo teléfono porque yo misma se lo he contado, aunque también le dejé claro que no quería saber nada de él. No nos podemos permitir comprarnos un móvil, están muy caros, practicamente son un artículo de lujo, así que ha llamado al fijo en varias ocasiones. ¡Qué cabrón! ¿cómo se habrá enterado de los horarios laborales de mamá?  ¿Y que no llega del trabajo hasta las nueve o las diez de la noche?
Me recibió muy disgustada, pero después del guantazo que me propinó comenzó a darme besos y a abrazarme llorando como una magdalena. Tuve que aguantar el tirón unos minutos hasta que se calmó ligeramente. Menos mal que no se le ocurrió llamar a la policía enseguida, prefirió aguardar prudentemente a que volviese por mi propio pié o a que algún conocido le dijese que me había recogido. Me confesó que estaba convencida de que aparecería pronto. Además, algunos ex-amigos y ex-compañeros del instituto que se atrevieron a hablar, le habían informado de rumores que se escuchaban acerca de mis incursiones en la droga y el camelleo. También ciertas personas referían haber visto con sus propios ojos cómo pasaba la mercancía por los alrededores de la zona y a la entrada del insti. El jefe de estudios no pudo desmentir esa información.
Lo peor no fue que se hubiese presentado de repente toda esa movida, sino la conversación que mantuvimos cerca de una hora y pico -"de mujer a mujer, ni tan siquiera de madre a hija", me insistió-. ¡Vaya marrón! No sabía cómo salir de una situación tan comprometida. ¿Qué le podía decir? "Mine, con toda franqueza, no soy quién para inmiscuirme en tus asuntos, sé de sobra que no puedo hacer nada, ni tengo la capacidad de controlarte, ni tiempo, ni siquiera sé si podré mantenerte económicamente y como dios manda, el tiempo necesario. Nos encontramos en una situación muy precaria", me contó en un alarde de sinceridad que, a decir verdad, me confundió de una manera muy intensa y por primera vez en mucho tiempo hizo que me sintiese responsable de los problemas que se nos iban echando encima. Dijo sentirse desbordada completamente. Me lo dijo con una cara de agotamiento y un tono tan compungido que daba profuda lástima, mientras las lágrimas no paraban de resbalarle por las mejillas. Sé que estaba terriblemente abatida, al tiempo que resignada. Terminó de hablar y todavía me costó separarla de mí un buen rato. No quería despegarse, me pedía perdón constantemente, de su boca salía una retahíla de sílabas acompasadas que eran emitidas con un hilillo de voz nasal apenas pronunciable, provocado por los mocos y las babas. "Perdóname, niña; perdóname, mi cielo; lo siento mucho, mi amor". Contemplar a mi madre en ese estado, el tener que reconocer ante mí misma el desagradable hecho de comprobar cómo ha tenido que tirar la toalla con respecto a mí, ha sido una terrible experiencia que ahora apenas me permite conciliar el sueño por muchos valiums que me coma.   

Por supuesto, lo primero que hice cuando me escapé fue ir a buscar a la Grochen. Cuando me dió todo el material que necesitaba, me fuí al extrarradio de Nazaret, no sin antes amenazarme por haber descuidado el negocio. Ya sabes qué tipo de cosas escupió su lengua viperina, te lo podrás imaginar: "La próxima vez, mis primos te rajarán la cara de pija puerca que tienes. No quiero ver cómo te pringas, tú verás, caracandao, que yo no me entere". 
En cuanto pude me dí un chute detrás de una tapia, junto a un colgaete que la estaba flipando en colores. Luego, trapicheé lo que pude para salir del paso ese día. Parte de los beneficios iban destinados a devolverle a mi madre la mitad de la paga, que era justamente lo que le había birlao. Y eso es lo que hice. Con el dinero robado le había adquirido el mercadeo a la gitana camella que tenía de jefecilla, pues la semana anterior no había obtenido nada, me lo había gastado todo en consumir para mí. Supe a partir de entonces que las iba a pasar putas. Y también que necesitaba otros modos de financiarme.       
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Apreciado Diario:
Hasta ayer no fuí del todo consciente de que habitualmente siento un frío horroroso, por las noches, sobre todo. Porque me parecía una sensación normal. Ha transcurrido casi un año desde que conocí al grupo de los cocainómanos pastilleros, el de Xerea, mi gran amor platónico. Nos situamos en el mes de junio de 1994, hace prácticamente un tiempecillo ideal. Y aun así siempre estoy temblando, me muestro aterida, soy frágil físicamente y mi piel es blancuzca y áspera. Cuando me peino, noto cómo me dejo grandes bolachas de pelos en el cepillo. Me doy cuenta de mi deterioro físico. He perdido mucho peso y eso que soy de constitución delgada. La luz también  me molesta, así que busco desesperadamente los ambientes oscuros o de semioscuridad. Me molestan los colores chillones, la vista se me cansa cuando observo el rojo intenso de las amapolas o las rosas...o miro fijamente una prenda que alguien lleve de ese color o el fondo de un cartel o de una superficie rojizos. Solo que en mis viajes, esa sensación volátil se difumina y suaviza, es como si se camuflara por detrás del nervio óptico, no sé. No puedo explicarlo. Y si me miro al espejo apenas encuentro mis pupilas, que se han encogido de tamaño y parecen dos tímidos puntitos negros en medio de un denso pastizal verde-turquesa. 

Acabo de salir de la cocina en busca de una cuchara para disolver la heroína en agua y un poco de ácido cítrico. He terminado de calentar todo encima de la llama de una vela y de prepararme la jeringa para inyectarme con ayuda de un filtro.  
He leído que la heroína  atraviesa fácilmente la barrera hematoencefálica y llega rápidamente al cerebro ocasionando alteraciones en los neurotransmisores cerebrales. Aunque cada vez me cuesta más leer y me apetece mucho menos. Lo único que sé es que tras un chute me sobreviene una euforia intensa, un placer infinito. Todas mis agujetas y molestias musculares desaparecen. Debe ser por efecto analgésico. Al principio me daba por vomitar pero pronto desaparecieron las arcadas. Hace dos meses lo pasé francamente mal puesto que estaba casi convencida de que me habían preñado porque tenía ya dos faltas. Sin embargo, pude comprobar con alivio que se trataba de la desaparición de la regla. Ya no me ha venido más. Si te digo la verdad, me entristece cada vez que lo pienso. ¿Sabes? Siempre me han gustado las chicas, pero en la actualidad creo que soy bisexual, bueno, eso me parece. Lo cierto es que me da igual hacerlo con tíos que con tías. Será que me deshinibo con facilidad porque siempre voy colocada. Eso procuro, no quiero saber nada del mono. Y de todos modos, no han faltado ocasiones de escasez  cuando la prioridad es vender teniendo que comerme pastillas de codeína y las benzodiacepinas típicas para aguantar unas horas más. Sé de ciertas farmacias que te lo venden sin receta. Bien está que lo intente, aún así el Codeisan algunas veces no ha conseguido aliviarme demasiado.  Recuerdo un día que me avisaron de que la Grochen había contraído la gripe esa semana y le tuve que comprar a otro vendedor, pero me timó. Me engañó como a una principiante. Por eso, tuve que colocarme con una dosis doble para estabilizar los efectos de la adulteración. Sabía que no podía consumir en muchas horas para ahorrar dosis y que me tocaría comerme algún  sustituto, como así fue.        

La ventaja de estar con la Grochen es que ella es precisamente quien me consigue los clientes. No tengo necesidad de hacer la calle como otras desgraciadas. Mejor. De no ser por la gitana me expondría a que alguno de esos cerdos se negara a pagarme, me violara o incluso pudiera matarme. Los tipos esos son de absoluta confianza. Muchos son viejunos, otros son gordos y asquerosos, los menos son pasables, aunque van a lo que van. La mayoría prefieren un aquí te pillo, aquí te mato. Polvo rápido y san se acabó. Y eso está muy bien, así el mal trago se pasa en un abrir y cerrar de ojos. Lo malo es cuando te encuentras con un menda a quien le gustan los rituales depravados. Entonces me pongo brava, les amenazo si hace falta. No falla, se sienten intimidados en medio de una atmósfera de riesgo, clandestina, con un temor notable a que les vea la policía en plena acción. Yo prefiero hacerlo en los coches porque alimenta la brevedad y la cosa se termina en pocos minutos. Te concentras en el acto en sí mismo, nada de preámbulos ni rollos eróticos innecesarios. Suelo esperar disimuladamente en una esquina donde se ha concertado previamente el encuentro y cuando se para un coche le pregunto por la consigna. Si responde la correcta, le hago un gesto para que me abra la puerta. Con actitud fría y muy distante nos adentramos en las afueras para tener una relación en la que solo disfrutará él y parcialmente. Estoy segura de que sus orgasmos son siempre mecánicos y exclusivamente genitales. Yo lo considero tan solo un medio para tener mayor poder adquisitivo, no solo para poder consumir con mayor tranquilidad. Le estoy dando dinero a mi madre. Ella se imagina de donde procede pero hace la vista gorda. Desde hace unos meses el trabajo en el taller ha disminuido. Menos mal que no la han llegado a despedir. Otras compañeras han tenido peor suerte y han terminado en la puta calle. Por ese motivo, se las ha ingeniado hábilmente para compaginar su trabajo habitual con uno de fin de semana, limpiando una casa y cuidando al hijo de esa familia. Prácticamente no nos vemos.  
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Apreciado Diario: 
He de decir para nuestra tranquilidad que mi padre desconoce el asunto de las drogas y no es un tema que pueda influir en la decisión del juez en cuanto a mi custodia. Mi madre quería obtener la custodia completa. Pero la abogada le aconsejó que negociara el divorcio con papá de mútuo acuerdo porque así sería más fácil. Tras una toma de contacto entre los abogados de ambos, se ha sellado un acuerdo. De igual modo, será suficiente una representación procesal para ambos cónyuges, abaratándose los costes y realizándose el proceso con mayor rapidez. Los abogados solo deberán redactar un convenio regulador y presentarlo en el Juzgado, haciendo falta únicamente que el Ministerio Fiscal lo apruebe en relación a mí, que todavía soy menor. Dice la abogada que abrir esta vía es mejor que ir a lo contencioso. En cualquier caso, la patria potestad la ostentarán ambos, aunque ella deberá renunciar a la casa a cambio de la custodia compartida. Lo positivo es que los dos se han puesto de acuerdo. En teoría, podremos recibir una pensión, acorde con el nivel de vida de ambos cuando vivían juntos y con el nivel de ingresos de papá, con lo cual la letrada calcula que lo percibido no estará nada mal.  Si el divorcio no hubiese sido de mútuo acuerdo, porque papá se hubiera negado o mamá hubiese insistido en la custodia completa, entonces el Tribunal habría tenido que escuchar los argumentos de ambas partes y tomar una decisión. Creo que a mamá no le hubiese beneficiado porque entonces mi padre y sus abogados hubiesen actuado a degüello. El caso es que a papá le ha parecido bien y también el hecho de no tener que cederlo todo frente al régimen de gananciales. En una situación de predivorcio con una negociación en ciernes, como en este caso, habiéndose ido mi padre del domicilio conyugal tras la  separación, el juez ha considerado dar continuidad a la situación ya creada. Mientras tanto y hasta que mis padres se divorcien se han pactado unas medidas. Entre ellas, la de que viviré con mi madre.   
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Apreciado Diario:
Es una auténtica tragedia. No me lo puedo creer, todavía soy incapaz de asumirlo. Solamente me quedan fuerzas para mantenerme en pié gracias al caballo. Sufro pesadillas horribles con monstruos y con situaciones morbosas y aberrantes. No sé qué más puedo hacer para conservar el poco equilibrio mental y moral que me queda. Por su parte, mamá tuvo que pedir dos días de permiso que finalmente no obtuvo, si bien ha resuelto una baja temporal. A parte de lo mal que se encuentra, está doblemente preocupada, por una parte, por mi futuro estado emocional y, por otra, porque no sabe si cuando se reincorpore a su puesto de trabajo le puedan decir que no vuelva más.
El entierro se celebró hace dos días. Nosotras tuvimos que mantenernos al margen, contemplando la escena más triste de nuestras vidas, aferradas a un recuerdo, intentando ahogar el rencor del pasado, camuflándolo entre la lluvia y el mal tiempo, un resquemor que súbitamente se ha transformado en una gran pena y en perdón. Yo, por mi parte, tengo el alma dormida, anestesiada. Mamá debe de tenerla quemada, echa cenizas, estoy segura. Un accidente en la carretera mientras viajaba a Barcelona ha sido la causa de nuestro actual desvelo. Puede que también sea nuestra perdición, en medio de esta gran pérdida, emocional y material. Se escapó con sus alas quebradas la esperanza tras abrirse la Caja de Pandora. Había quedado con el demonio para tomarse un cubata y bailar al son de la danza de los muertos.
Nadie de los allí presentes tuvo la delicadeza de abrazar a mamá, tampoco a mí. Personas que en otro tiempo conocí muy bien y ahora apenas tenía la dicha de reconocer, habían dejado su compasión para otra ocasión más propicia. Besos fríos que no llegaron a rozar nuestros pómulos. Palabras huecas, faltas de sentido, oídos sordos, sentimientos de superficie, desaliento, aislamiento, incomodidad. Nuestra presencia no estaba bien vista, éramos dos fantasmas que reaparecían no se sabía muy bien con qué cariz ni objetivos. Y así, tal y como llegamos, nos marchamos definitivamente. Definitivamente de las vidas de esos otros. Unos simples desconocidos. 
Papá, nunca imaginé que te echaría tanto de menos. 

(continuará)

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¡¡ATENCIÓN!!

Esta serie de relatos, de autoría propia, es un material que he implementado como base inicial de la novela que actualmente estoy escribiendo. 
Podréis conocer el desarrollo y la finalización de esta historia tras la publicación del libro.


Miguel Ríos - Un caballo llamado muerte

                                                                                     
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