viernes, 5 de febrero de 2016

APUNTES SOBRE METAFÍSICA: El camino interior.

La sociedad, el mundo tangible, tiende a la alienación, aunque este fenómeno se manifiesta con mayor intensidad en la época en la que estamos. La respuestas trascendentales y la solución a nuestras incógnitas deben partir, como conclusión, de la necesidad incuestionable de  tener que buscar dentro de nosotros en qué consiste la propia energía interior, una pequeña porción de materia divina. Las premisas hay que investigarlas a través de un proceso introspectivo de conocimiento de las experiencias acumuladas. Se trata de encontrar las huellas del pasado, las mismas que nos abocan a sentir el presente y nos demarcan el futuro. 

Esta es una cuestión intrínseca y connatural, propia del ser humano, al igual que lo es el hecho de haber perdido la capacidad y orientación precisas a la hora de conectar con las energías del Universo y de recordar nuestros orígenes, el pasado creador. En cuanto nacemos, olvidamos. Esto ocurre inevitablemente, a pesar de que  integramos una mínima cantidad de vibración elevada y estamos conformados por una pequeña muestra de la divinidad siendo seres esenciales. Eso significa que somos un pequeño pedacito de Dios. Por tanto, una parte del camino a trazar debe de ser dilucidar quiénes somos. El problema está resuelto o pendiente de resolver aunque bien encaminado, si asumimos que somos parte de esa vibración, de la materia cuántica que nos conecta unos con otros, pero sobre todo, con uno mismo

El olvido kármico evoluciona hacia una búsqueda-propósito, la misión que nos depara la conciencia vital. Hay personas que  buscarán más adentro, otros lo harán más afuera, los que busquen únicamente en la densidad y el cuerpo material encontrarán respuestas inconclusas, superficiales o parciales, debiendo prolongar dicha búsqueda en otras futuras vidas de aprendizaje. 

Estamos en la Era de Acuario, se prevén como mínimo, otros 2.000 años de consecución de la consolidación de la luz. Hemos pasado de la oscuridad y la dualidad primitiva a la luminosidad del Sol. Por tanto el plasma generado por las energías del Universo lo amplificará todo, por lo bueno y por lo malo, hasta alcanzar la vibración en una frecuencia cuatro. En esta época de transición estamos vibrando en una frecuencia tres, salvo excepciones puntuales, como las experiencias que transfieren los yoguis o ciertos budistas, mientras permanecen de forma estable en un estado superior. La mayoría, en cambio, vibrará en tres de modo permanente y no percibirá los cambios espirituales. 

Si todos somos una misma energía, procedente de la Fuente o de la Divinidad, podemos ser capaces de sincronizarnos en esa búsqueda de manera eficiente y unitaria, siempre teniendo en cuenta nuestro particular proceso de canalización de la energía espiritual y del ritmo de cada uno, puestos en función de las experiencias de vida. Aunque no todos mantengamos la sincronización a un mismo nivel de espiritualidad y de percepción.

A partir de ahora, habrá que tener muy en cuenta que todos y cada uno de nuestros pensamientos y acciones, van a determinar la asunción más o menos directa de participación como una necesidad práctica dentro de ese proceso de búsqueda y de la amplificación energética que se irá produciendo en esta nueva Era. Se implementará en la ejecución de los actos individuales pero también en la plasmación de los colectivos. Por lo que deberemos permanecer muy atentos a los diferentes sucesos globales que acontezcan en el sistema estructural capitalista, en el actual modo de producción y en la hiperestructura social con todas las consecuencias. Por ello, habrá que tener mucho cuidado con las guerras y los conflictos bélicos ya que van a  adquirir un grado de especial relevancia. Asimismo, se incrementará el saqueo económico en los países políticamente más débiles y se establecerá un nuevo orden mundial si este mecanismo de explotación no se logra contrarrestar. Por su parte, los efectos provocados por el cambio climático darán un salto cualitativo en su recrudecimiento, manifestándose con mayor virulencia en muchas zonas del planeta, originando desastres ecológicos y medioambientales de suma importancia.

En cuanto al tránsito individual, desconfiemos de los paradigmas: el no sé, el no puedo, el no debo, el paradigma de la ideología adoctrinante si no se la considera en su justo valor y finalmente alcanza un cariz oportunista y sin principios, desconfiemos del ego, desconfiemos del paradigma de la religión cuando nos mantiene sujetos al dogma y a las creencias como un acto de fe. El ego nos llevará por senderos engañosos, poco rigurosos,  desvirtuará el proceso de búsqueda innato, metafísico, púramente esencial. Eso sí, experimentemos, hagámoslo como aprendices, no como sabios. La sabiduría existe solo en la conciencia de lo inmaterial, porque no existe la perfección ni el absoluto conocimiento. Este es inabarcable en la dimensión en la que pervivimos. Tanto, como infinitos universos paralelos existen, tanto, como múltiples dimensiones y realidades conviven. Comencemos a crear nuevas realidades entonces. Seamos capaces de desprendernos de todo aquello que nos limita, del deseo, del egocentrismo, de los prejuicios, de la ignorancia, del apego. 

El universo tiene su propio lenguaje. Este lenguaje o comunicación es pura simbología, es concreción. Si hacemos peticiones al Ser Universal o a la Fuente, de manera general, o mediante el deseo egocéntrico pero sin comprender ese lenguaje concreto, acometiendo tal empresa sin un propósito de cambio y de trascendencia, sin tener en cuenta el código de signos, símbolos y señales que nos enviarán dichas energías en su respuesta-retorno, obtendremos un resultado ineficiente, que nos alejará del verdadero propósito y misión en esta vida tridimensional. Hay que hacer peticiones claras, breves, legibles y sencillas que el Universo pueda entender. Porque el Universo es mental, es energético.

Sabemos que nos movemos en la masa Tierra, somos seres de la Tierra, nacemos de la Tierra. Nuestro sustrato original es la densidad, esa es nuestra opacidad. Y venimos al mundo para aprender, nacemos para descubrir cuál es nuestro propósito de vida, de experimentación. De nosotros depende alcanzar nuevas posibilidades de conocimiento interior, metafísico, cuántico (que no está reñido con otros proyectos de tipo material, ni mucho menos) para lograr compaginar esa densidad material, molecular, con la energía espiritual. Porque somos seres duales, pensamos y sentimos. Tenemos corazón y cerebro.

Por tanto, busquemos, inventiguemos, erradiquemos los paradigmas adoctrinantes y las creencias teoricistas y escolásticas fundadas en el dogma. Hagámoslo desde dentro y no desde fuera. Confiemos en la madre naturaleza, en nuestras propias capacidades, en la energía que desprende nuestro interior. No obedezcamos al ego, engañémosle y desviemos su atención si todavía no podemos desprendernos de él. Recordemos que vivimos en estado de materia, en la densidad. Pero que ahora nos encontramos en una época de transición, en una Nueva Era de integración y de amplificación. Recordemos que lo trascendente y los cambios en la naturaleza de los elementos, incluso hasta lo que pueda parecernos más insignificante, se multiplicará en base a las consecuencias derivadas de nuestra voluntad y actitudes. Tanto en lo positivo, como en lo negativo. 

Cuidemos las intenciones, el lenguaje, nuestra proyección en el amor, las acciones que nos transportan de un acontecimiento a otro. Observemos mucho, miremos con aceptación y compasión a los seres que nos rodean, especialmente a nuestros congéneres. Y mostrémonos abiertos y receptivos al conocimiento verdadero. Optemos por preguntar y cuestionarnos las cosas. Si dudamos, alguna razón debe de haber. Leamos, documentémonos, la información valiosa en un momento determinado nos muestra un camino previo, nos señala la trayectoria, que es circular, no unilateral, unidireccional o lineal. Ir de A a B no es suficiente, por en medio surgirán cuestiones que atender. Hazlo así. No lo consideres una pérdida de tiempo. Busca dentro de tí como si fueras un bebé recién nacido. 

Y no te conformes con lo que te digan los agentes exteriores solo por meros convencionalismos. Cree en lo que es justo o lo que has estudiado por tí mismo. Contrástalo. Y gracias a eso, durante el camino encontrarás distintos guías que confluirán contigo. Desacredita la estabilidad. Somos seres cambiantes y hemos llegado a este mundo con la sublime vocación de experimentar y de descubrir cuál es nuestro propósito, aquellos objetivos por los que decidimos volver.

Estamos demasiado imbuidos de la fe judeo-cristiana, influidos por un sistema arbitrario y desordenado de pensamientos intelectuales que nos incitan a nadar siempre a través del curso de la corriente y a no jerarquizar la actividad en el orden natural que representa nuestra identidad genuina. En esa dirección no descubriremos nada interesante, novedoso, útil. Para crecer hay que deshacer las segmentaciones, meditar, relajarse, pensar en el aquí y el ahora, aceptar lo que no podemos cambiar todavía pero con un espíritu abierto a las transformaciones próximas y al desarrollo completo, integral. De modo que podamos contemplar la realidad desde variados puntos de vista, mediante una visión multidisciplinar. 

Para ello, contamos con diversos intrumentos o herramientas. Podemos hacer peticiones energéticas con humildad pero al mismo tiempo con una gran determinación y con la alegría que supone el imaginarnos que nuestros anhelos ya se han cumplido, tal y como nos sentiríamos tras la culminación de un objetivo que nos hayamos trazado. Por ejemplo, cuando nos miremos en el espejo, expresemos las siguientes consignas o frases: "No tengo culpa de nada. Perdono y me perdonan". O "Yo me conozco, me quiero y me acepto". Cada cual recreará sus propios intereses. Es importante que creamos firmemente en aquello que expresamos. Creer verdaderamente, sin temor a equivocarnos, como si fuera real. De ese modo, estaremos creando nuevas realidades.

Por último, no nos olvidemos de dar las gracias a nuestras energías canalizadoras. Hagamos invocaciones. Otro ejercicio sería, mostrarnos alegres y agradecidos al contemplar una mañana o una tarde agradables, dando las gracias por tener la oportunidad de continuar en este mundo un día más. Dar las gracias al sol, si éste resplandece, o al viento y a la lluvia si el clima lo propicia. Por supuesto que nos esta permitido realizar una invocación o hacer una petición desde el agradecimiento. Nuestra conciencia y a su vez, la consciencia, se implicarán. La repetición y la frecuencia periódica convierten un pensamiento o una frase en verdadera para el inconsciente, que no distingue lo material de lo inmaterial.

Estos han sido mis primeros apuntes de metafísica en este blog. He abierto desde hace un tiempo, un camino iniciático de búsqueda de desarrollo y crecimiento interior. Espero que os guste esta sección en la que os hablaré de estos temas siempre desde la humildad y la sencillez. Tal y como lo haría un aprendiz.


Chambao - Camino Interior


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