viernes, 4 de noviembre de 2016

PARECE QUE ESTÁS...


Parece que estás, lo parece...
Parece que estás, parece que estás en esa magia...
Parece que das.
Parece que ofrezcas
una ofrenda ritualística.
El bien y el mal te encamina
por la senda.
Todo honor y toda gloria, 
por los siglos de los siglos, 
como decía esa madre, la atea, 
cuando reprendía la acción del cura...
Se burlaba con inquina maliciosa
por lo bajo, cuando escuchaba el sermón,
en lugar de vanagloriar la homilía catalizadora.
Por la senda, por la senda. Trasiego fue mi infancia.
A la comba, cordereta, a pillar, a esconderse,
entre árboles centenarios, robles y pinos,
mandarinas, alcachofas silvestres, de borde naturaleza...
jofainas, café de achicoria, 
calderetas y pucheros, 
conejos, hámsters y tortuguitas de río.
Me acuerdo de los perros con pulgas 
y de los mendigos católicos sufragados por la Iglesia.
Todo huele a requiebro, 
a historias de estraperlo de mi abuela
A cochambrosos seiscientos amarillos.
A rezos y a compadres estirados. 
A autoritarios ro-ros para dormir.
Hasta que apareciste tú y me soliviantaste.
Parece que estás...en alarde de.
Soñar despierta, pero soñar...
lo parece, parece que das.
Parece que en esta quimera 
el primer contribuyente eres tú.
El primero que espabila.
El primero que flirtea.
El primero que endulza las tardes de costura 
haciendo punto de cruz,
suvizándolas con el pensamiento.
Oratoria popular dentro del contubernio académico 
que ejemplificaba el colegio de las monjas.
Febriles aquellos desfogues de las pandillas 
por la calurosa huerta después de clase,
cazando lagartijas y haciendo fogatas. 
Acariciantes lluvias de verano, 
que cubren montañas de hormigas enfiladas.
De scalextrics y peponas.
De pan con azúcar.
¡Ay los baños en las aguas de la acequia...!
¡Las puntas de mis delicados pechos crecientes
apuntaban hacia tu melena cardada con limón!
Has sido el primero que leyó mi código erótico.
El primero que me ha besado más allá de un pico.
El primero.
En las plantas bajas cualesquiera
siempre hay un tendedero lleno de enaguas, 
de toallas bordadas con hilo enroscado 
en bobina de poliéster,
de jerseys con cuello alto de lana de mohair,
incrustados en las paredes de un corral de pueblo
que huele a zotal.
Tras bordear campos con olor a jazmín y a flor de azahar
hice diabluras sin fisuras.
Las que cometimos también en noches de aire cerrado.
Escondidos. Mientras el sereno daba las horas 
portando las llaves maestras
de las casas de mi conciencia.
Paella para cientos en la plaza mayor.
Mil moscas se entretienen libando los restos
al son de la música de copla
de Conchita Piquer. 
Al tiempo, todos bailan en la verbena juglaresca.
Y mi mente exhala euforia en forma de plasma solar.
De una estrella que irradia la felicidad del cautivo.
Soy pequeña pero avariciosa.
No me conformo con la convencional banda de música.
Y me adentro leguleya por los garitos de la contracultura.
Fornidas pieles y carnes absorviendo alcohol 
por los poros húmedos abiertos,
destilando un sudor avinagrado 
mezclado con el humo de los celtas sin boquilla
y porros de maría seca. 
Fuman los presentes mirándome por encima del hombro.
Veinte cuerpos de juventud casquivana
rodean la figura de una niña de la menarquía. 
Parece que estás, lo parece.
Pululando entre el bien y el mal.
Rey solitario de un sectario club tribal.
Parece que das. Pero solo lo parece.
Parece que estás, pero te esfumas tras cada fusión.
La ósmosis infructuosa no se dió.
Solo existe el flaqueante movimiento muscular
de un ser que vaga por las incoherencias de la calle.
Te busqué. Me privaste de la nada y te busqué.
Encontré por fin la esencia dinámica resuelta de tu atribución.
Siempre fuiste el chico alegre que pasaba por allí.
Deslindando los campos con lo bonito y lo triste.
Probando, probando. No se emiten, amplificados,
los ecos de tus risas por los micros de la sala de fiestas. 
Y no pudiste cantar la canción de Los Pecos. 
Y todos se descojonaron 
mientras te pillabas un buen berrinche de lloros.
Averías debido al presupuesto municipal. En fin.
Llegado el momento, la verbena terminó.
La verbena del olvido. 
El paso a la post-adolescencia denota un grado mayor.
Y tú solo parece que estás.


Chica de ayer - Nacha Pop


Paraíso - Para tí



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