miércoles, 14 de diciembre de 2016

THE SOLIDARITY SOCIETY BAND


The Solidarity Society Band (La banda de la sociedad solidaria) es una banda de rock que aúna estilos variopintos: desde el Jazz de Chicago y Nueva Orleans y sus variantes de blues, ragtime, gospel y rhythm and blues, además de su cancionero estadounidense, un Great American Songbook transformado en crítica social y autoreflexivo, hasta el más genuino Rock And Roll, pasando por el Glam de los setenta o la música clasica de Haendel o de Bethoven. Su labor es recoger y musicalizar la pobreza de las calles, la miseria humana de los albergues sociales en el Bronx oscuro, cuna del rap y del hip hop o también en Harlem, así como describir la natural jauría urbana de los guetos donde portorriqueños, jamaicanos y minorías étnicas varias se las ingenian para sobrevivir en medio de las letanías de las iglesias evangelistas. Todo esto para empezar. Sin embargo no se circunscribe tan solo a EEUU. Acoge a toda una generación de jóvenes y refugiados venidos de Asia y Africa que cantan y suplican por la apertura de fronteras que hagan que sus hermanos salgan de los campamentos y reciban oportunidades en otros países de Europa. Nieva. Nieva en medio mundo polarizado. En un sistema globalizado arcaico a pesar de estar en pleno siglo XXI. 

Esta banda es juguetona y rastrera. No se anda con chiquitas. Sus miembros pasan la gorra o una caja recaudatoria recordando a cada conciencia espectadora que no se trata tan solo de meras cuestiones monetarias ni auxiliadoras las que entran en juego a la hora de mostrar realidades y una fotogalería visual de enorme calado sensitivo-social. Cae granizo, lluvia y nieve porque, entre otras cosas, ya estamos en Navidad. Así que los vagones de metro de Brooklyn y del Bronx decorados con graffitis se transforman como por arte de magia en recios trineos tirados por perros que transportan a los músicos callejeros y a los fotógrafos de la guerra que los pilotan, siendo teletransportados a focos de conflicto geoestratégico, llámense Irak, Siria, Libia, Afganistán o Ucrania. Y cantan y tocan y lloran y rezan y gritan y claman y siguen reclamando y declamando. Si. A las verguenzas colectivas que propician el hambre, el frío y las injusticias étnicas, raciales o sectoriales y se muestran en las ciudades y barrios más degenerados de la Tierra, a veces, los más ricos. Múltiples generaciones sucesivas desde principios del capitalismo sueñan y expían culpas interclasistas e interraciales. Estas manifestaciones de grupo que son repelidas unas veces y comprendidas y conciliadas otras, tienen un carácter consuetudinario, de derecho natural. El otro día, llegó una delegación exploratoria de The Solidarity Society Band a la India y surcó sus ignotas zonas rurales para avivar sentimientos encontrados entre la población más pudiente, la de las castas superiores que viven a escasos metros de los barrios depauperados, llegando hasta los ministerios y los edificios estatales oficiales. En aquellas residencias de más de mil metros cuadrados sitas en Delhi o Bombay sus moradores y funcionarios se curan en salud echándoles desde los suntuosos ventanales unas monedas de curso legal. Los poetas, saltimbamquis, músicos y juglares interpretan a salto de mata y lo hacen con prisa pero sin pausa antes de que lleguen las fuerzas del orden y se los lleven detenidos a las dependencias policiales de turno o les impongan la multa correspondiente.

Algunas almas caritativas les llevan paquetes de arroz, bolsas de macarrones o de pasta para hacer canelones, botes de conservas, etc, y ellos, a su vez, entregan los excedentes de la comida del día a los niños que sentados en las fogatas de lo suburbios cantan villancicos, fuman marihuana o mascan hojas de coca, según se encuentren en Francia, Alemania, Corea o Perú.

Pero en muchas ocasiones no hay sonrisas, sino muecas y aspavientos abruptos. Risotadas y palmadas de un gitaneo caló o rumanoide. Mientras todos juntos, músicos y cómicos solidarios de la banda, confrontados con los más empobrecidos de los empobrecidos, barruntan quejidos, frases clave de denuncia o se manifiestan en desbandada portando carteles y consignas contra el TTIP, la OTAN o los tratados internacionales de libre comercio. En medio de guirnaldas, confettis, bombillas fluorescentes que adornan los comercios y sus escaparates... mientras reparten los regalos de reyes a los chavales, al tiempo que golpean sobre panderetas y manipulan zambombas por aquí y por allá. Y no siempre tratan con los más pobres de los pobres. Tienen tiempo para hacer su alegato contra los bancos que desahucian a familias enteras que han pertenecido orgullosamente a las clases medias en otros tiempos. Y a éstas les entregan las llaves de apartamentos minúsculos para que sean reflotados con un contrato de alquiler social que algunos amigos con poder adquisitivo pero concienciados han regalado a la colectividad. 

Como he manifestado antes, es Navidad. Navidad consecuente y escasamente fortuita para unos muchos en estos tiempos del siglo XXI. El sucesor de Trump quiere hacerse una foto con ellos. ¿Dónde está vuestro líder? Pregunta impaciente entre cámaras de televisión, periodistas y otros miembros del Stablishment que pretenden hacer campaña de reelección en estos años de convulsiones sociales y tiras y aflojas en la Casa Blanca a expensas de los votantes que no dan crédito a lo que ven. Porque de nuevo acaba de salir a la luz otro consiguiente escándalo de dossieres desclasificados por la CIA para reconducir el Gobierno de los EEUU. Mr. Smith, actual presidente, denostado y que se ha mostrado a favor de invadir Venezuela, Cuba, Ecuador y Bolivia para salir airoso y popularizarse, es agasajado por un grupo de protesta que le lanza cáscaras de plátano a la cara en un descuido de su equipo de seguridad. Son tiempos de cambios y de fluctuaciones sociales. Ahora en 2028 China es la primera potencia económica, su PIB está muy por encima del norteamericano, acaparando el 41% de la economía global mundial, si bien se declara BRIC y sigue siendo un país no alineado. El Pentágono manda a todas luces y por ello estamos asistiendo a una nueva Era Pacifista en media Europa y en el pais yanqui. Es por ello que el Gobierno ha necesitado lanzar campañas de Crowdfunding a la ciudadanía para financiar sus guerras pues apenas cuenta con presupuesto. Con un resultado bastante grotesco. Los Flower power cantan otra vez eso de que la respuesta está en el viento. Porque nuevos aires recorren la geografía internacional. 

Como colofón de la mala suerte, la primera dama, Mrs. Bowman, de forma torpe y atrapulada, resbala con una de las cáscaras de plátano lanzadas al vacío de la calle cuyos cimientos sostienen la fachada del palacio residencial enfrente de cuyas puertas se agolpan tunantes, perroflautas, curiosos, fotógrafos, periodistas y profesionales del lío mediático junto a politicastros y estadistas del Aparato. Consecuentemente y con absoluta fatalidad cae de bruces contra el duro asfalto levantándosele las faldas hasta el punto de encontrarse su espíritu etéreo con las asalvajadas y orondas formas angulosas de sus ingles que visten unas bragas revestidas de capullitos de rosas rojas. Una cruda estampa caramelizada por el impacto del sonido de los flases.

Sin pensárselo dos veces, toda la multitud refrendada por el populacho palmotea, aplaude y ríe desaforadamente. Para compensar el recelo accidental y la verguenza torera, la banda oficial de Estado, allí colocada estratégicamente, empieza a tocar el himno americano. Sin embargo éste no tarda en quedar completamente absorvido por los sones carnavalescos de una The Solidarity Society Band que termina interpretando el mítico tema de Queen, "We Are de Champions". 


Queen - We Are The Champions


Bob Dylan y Joan Baez - Blowing In The Wind
(La respuesta está en el viento)

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