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El alma de Roy Batty, el replicante que aceptó su poética derrota




¿Alcanzó el alma de Roy Batty después de morir en una azotea de Los Angeles en efervescente contaminación atmosférica, su glorificada Puerta de Tannhäuser? ¿Volvió a visitar Orión? ¿Siguió soñando con ovejas eléctricas? Su alma en pecado -como expresarían los cristianos y católicos-, se redimiese o no, tuvo importancia vital en la película de Blade Runner, sobre todo, cuando fue encumbrado para la posteridad al lado de Rick Deckard. Pero él nunca jamás lo supo, ningún personaje. Todos gozan del estatus de otra dimensión a escala cinematográfica. El celuloide fue su mundo, porque aun dentro de sus propias coordenadas, el cazador implacable, el policía Blade Runner, Deckard, liquidó uno a uno a cada replicante sublevado. El último en morir, fue precisamente Roy Batty, quien tuvo el honor de pronunciar palabras mágicas, apoteósicas a ultranza y memorables en primera y última instancia, con capacidad para quitarle de un plumazo el protagonismo a Deckard como personaje-hilo conductor de la historia-guión, por todo lo que representaba el rubio y fornido pellejudo ese que se atrevió a encabezar la mayor revuelta que conoció la humanidad en el 2019 ficticio: la belleza de la robustez valiente, la persistencia, los sentimientos exacerbados llevados al paroxismo desde la furia no siempre contenida, el romanticismo representado por el amor hacia la replicante Pris, una belleza-replicante díscola, juguetona y saltarina que tenía miedo y lo admitía delante de su novio sin ningún tipo de tapujos. Todos ellos habían sido simples esclavos y en su escapada aventurera se jugaban todo lo que podían llegar a haber encumbrado inimaginablemente, si bien, simplificando mucho, solamente querían vivir y sentir, prolongar la vida, con tendencias al error y a la imperfección, como las de los humanos. No escuché decir de su boca que buscaran la inmortalidad de sus cuerpos. Y claro que poseían alma. Un alma de látex y plástico adaptados a la fibra que imitaba la piel y los huesos, cartílagos, músculos y órganos humanos. Humanos no naturales, al fin y al cabo, pero que aprendieron rápido y no aceptaron en ningún momento su destino determinista, a sabiendas de antemano que su duración límite en el plano de la física era de cuatro escasos años.

LA MUERTE AGONICA DE UN REPLICANTE COMPASIVO

Escena de la muerte de Roy Batty y las últimas palabras que pronunció. Poesía sideral. Yo lo demarcaría de esa forma. Un canto a la libertad y a la aceptación del destino. Porque entiende que no solo él, los hombres también mueren. Y en eso quedan igualados incuestionablemente robots humanoides y humanos. Quizá por ello le salva la vida a su persecutor, el policía Rick Deckard, encarnado por el brillante Harrison Ford. Puede también que sea un último intento por redimirse y salvar su alma, ejecutora de crímenes y actos salvajes, marca de nacimiento y de fábrica, y frente a lo que se rebela. ¿Hay una especie de ideologización en la creencia de un más allá para él, una filosofía idealista-humanista, espiritualista o una religión autenticada para este replicante que piensa mucho más allá de lo superficial? Es decir, que el alma, toda alma con conciencia, incluso la suya, mediante el arrepentimiento o a través de un acto de bondad ¿puede redimirse y trascender el espacio físico-temporal tridimensional, por llamarlo de alguna manera? Es una mera especulación mía, sin embargo, si reflexionamos observamos aspectos que en una primera proyección se nos pueden haber pasado por alto. Como el hecho de que en una mano sujeta a una paloma blanca a la que deja ir cuando sus circuitos y placa base se desconectan del mundo físico. ¿Pero para ir a dónde? ¿A un paraíso de replicantes arrepentidos o sencillamente inocentes de sus malas causas? ¿Es lo que pensaba Roy Batty cuando le agarra el brazo a Deckard y le sube arriba cuando estaba a punto de caer al abismo? El director no lo deja claro, abre nuevos frentes de reflexión de cara al espectador. Creo que al final acepta la muerte y reconoce en sí mismo que lo que realmente estaba buscando era un sentido a la existencia. Y queda en paz aunque no sepa a dónde le conducirá su desconexión. Es lo mismo que le sucede a un ser humano y él así lo entiende y lo ve reflejado en los ojos asustados de Deckard. Ambos tienen miedo y también son iguales en el sentir, no solamente en el existir. Aunque lleven prácticas sociales diferentes y antagónicas, uno sea esclavo y androide y el otro humano y libre. Luego está la inteligencia y la poesía. La belleza del alma de Batty queda patente con estas palabras, espejo del alma y que afloran como despedida y también como derrota y farsa aceptada. Ante lo inevitable, no se puede hacer más que esperar su final. Pero lo hace con estilo y con candidez. A sabiendas de que no es el verdadero culpable de sus actos e intenciones, sino que está programado (pero que se puede desprogramar y reprogramar de la fabricación en cadena por parte de la Compañía Tyrell Corporation) y no solo eso, sino que estuvo obligado a trazar su propio camino. No tenía otra opción. Los Nexus 6, modelos  de útima generación robótica, no pueden recurrir a su voluntad independiente y libre albedrío, en los hechos, aunque sí pensar, sin recibir castigos o la muerte ejeutoria, pero tienen dichas cualidades y rasgos humanizados; y si los tienen, también deben obtener derechos. Puede que hubiesen sido pacíficos si les hubieran dejado. El Nexus 6 Roy Batty, con quien inevitablemente simpatizamos profusamente, lo demuestra en esta última secuencia. Concluyo en este punto que ROY BATTY TIENE UN ALMA NOBLE Y SOFISTICADAMENTE DELICADA:

Yo... he visto cosas que vosotros no creeríais, atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo... como lagrimas en la lluvia. Es hora de morir.



La leyenda del robot con autonomía propia y que puede tomar sus propias decisiones ya estaba circundada en literatura y en cine, en cómics, música, cuentos y leyendas, otras manifestaciones de tipo popular; tomemos un ejemplo bastante conocido puesto en práctica mediante el pensamiento y obra del escritor Isaac Asimov, autor de sagas carismáticas y de las tres famosas leyes de la robótica, un totem de la ciencia ficción literaria y cultural; pero el robot que no quiere morir y desobedece, que tiene ego, naturaleza esencial, que cree en un demiurgo universal o, al menos, en el suyo personal, que aspira a un estilo de vida y a proyectos particulares, fue creada muy fidedignamente a partir del libro escrito por Philip K. Dick ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, base para que Ridley Scott hiciera una maravillosa adaptación al celuloide, la obra de arte maestra por antonomasia del género de ciencia ficción en cine, desde mi modesto punto de vista. Todo hay que decirlo, transformada y customizada, con varias versiones en las que se transmutan elementos y finales diferentes en colusión a la novela original pero que sin duda no deja de ser una honorable adaptación que contiene un sello distintivo e identitario y una simbología detallada y prospectiva de futurismo que a muchísima gente nos conmocionó en su momento. Continúa sorprendiendo su visionado a día de hoy, aun en sus diferentes versiones, siete en concreto, alguna de ellas no autorizada. Se estrenó en 1982 y es incuestionable su anacronismo y atemporalidad evolutiva, desde el punto de vista tecnológico y de efectos especiales innovadores para su época también, además fundamentando la idea artística y el concepto argumental de otras películas que recogieron ese mismo testigo o lo intentaron, ahondando en temas similares o discordantes, con mayor o menor fortuna a nivel de calidad y repercusión, mediática y de rentabilidad en taquilla. Es decir, hay un antes y un después de Blade Runner en cuanto al género de ciencia ficción y del espacio.

Pero volviendo al tema del ánima atormentada de Roy Batty y afirmando que el monólogo de su muerte final es una anomalía desgajada del libro y con una textura y naturaleza absolutamente independiente de él, no sería desacertado aseverar que se corresponde con cuatro minutos y pico de película indescriptibles por su magnificencia y magisterio. Hay que verlo. Para nada desvirtúa ni al libro (formato distinto y con un sentido propio pero no desvinculado de la película) ni a la película en sí, un canal donde la visualización y las imágenes, tanto las sugeridas como las conscientemente grabadas que conducen a un propósito dirigido, marcan una hipercontextualización exclusiva e indelegable. Por tanto, estamos hablando de una película inimitable "per se". Roy Batty no sería lo que es y representa en otra peli y la película no obtendría su clasicismo de vanguardia y rupturista, de no ser por la incursión acertadísima de Roy Batty y su alma condenada a la nada, que es como el infierno para los replicantes. O lo que es lo mismo, su destino. La nada, el vacío, es como la misma no existencia. A pesar de los logros y las conquistas exitosas, de batallas y guerras, de combates épicos y mitológicos de la modernidad icónica. 

Los replicantes perseguidos y acosados hasta la extenuación, cumplen ese papel cariñoso y empático que nos permite identificarles como los héroes de la realidad porque se les tiene lástima y conmueven y, a su vez, conforman el arquetipo del antihéroe que guarda un rinconcito de maldad justificada y sobrevenida propiciada por su propio creador. Batty recurre a él en muy buena actitud, de conciliación, negociadora.  Incluso le llega a hablar como a un padre protector. Pero tiene que matarle porque es un progenitor desconsiderado con el sentido de la vida en los términos en que se entiende el movimiento perpetuo que hace que el mundo y el universo funcionen matemáticamente y donde cada criatura tiene que gozar de derechos conforme a su nivel de conciencia. Le asesina hundiéndole los ojos y aplastando su cabeza con las dos manos, como quien se enfrenta al diablo que condena al infierno a un inocente que pide clemencia, no solo para él, sino para todo su grupo de gente. Y que solo encuentra deshumanidad y odio hacia lo diferente y minoritario. Debe combatir la prepotencia asignada al delirio particular del dios-hombre creador de forma justiciera, recurriendo a la venganza. A pesar de que demuestran ser mejores que los humanos psicológica y emocionalmente, se les trata con crueldad, sin tener en cuenta los favores prestados por la servidumbre, puesto que los únicos que arriesgaban el pellejo eran los replicantes, no los hombres. Tenían esa función, la de combatir y conquistar territorios lejanos de otras galaxias, realizar tareas de mantenimiento en el espacio, en medio de una fulgurante y expansiva carrera galáctica industrial y geoestratégica que había logrado llevar a cabo en ese momento la humanidad más perversa, alienada y desconocida; las pobres criaturas habían estado cumpliendo sin recibir nada a cambio, tan solo la manutención ajustada para su supervivencia acotada. De gozar de libertad o semilibertad -siendo esto último peor, de haberse conseguido, porque se les ajustaría a las condiciones de trabajadores obreros explotados a quienes se le extrae plusvalía- podrían haber hecho milagros, no obstante. Su mente era de una inteligencia equitativa, las emociones eran plausibles y comparables a las de las personas de nuestra raza. Muchos de ellos lograban pasar el test de empatía y superar su ambivalencia para no ser detectados, la prueba Voight-Kampff. Mucho más bondadosos, solo que se encontraban en situación de alerta máxima. sin embargo, según el decálogo divino a cumplir por fe y las normas jurídicas y naturales de los hombres vistas desde el positivimo, la moral o la ética, o la propia bondad individual y colectiva, no hay nada que justifique el asesinato. Salvo para un particular que pueda pensar lo contrario. Es por ello que el alma y la espiritualidad a la que podía haber aspirado Roy Batty la pierde con su furia y actitud impulsiva. En cambio, se puede entender como una reacción desesperada de quien sabe que va a morir en pocas horas.

Existe una equivalencia o paralelismo con el destino vertido para otro personaje que no está demostrado que llegase a existir de verdad y que da nombre a la famosa puerta, la Puerta de Tannhäuser que asemeja el acceso al cielo y a la remisión de los pecados y los crímenes execrables para los replicantes de la ciencia ficción. Ambos elementos quedan ligados en la relación existente con la figura de Tannhäuser, no reconocido oficialmente por la historia y siendo un  poeta alemán y trovador del medievo que, a pesar de ello, tiene una historia legendaria propia que parece conectar empiricamente con el replicante de Ridley Scott en lo que al arrepentimiento y la búsqueda de la salvación se refiere.

ESPECULACIONES DE LA HISTORIA Y LA MITOLOGÍA RELACIONADAS

Cuenta la leyenda que la figura de Tannhauser fue la de un poeta trovador (aquellos oradores populares que no dejaron nada escrito pero cuyo legado se traspasó de generación en generación). No digo que perteneciese al Mester de Juglaría o de Clerecía, porque no lo sé, sin embargo, solía ocurrir con los poetas populares durante la Alta y la Baja Edad Media, incluso en el Renacimiento o durante el prerrenacimiento transición a la irrupción del Capitalismo como nuevo modo de producción que fue sustituyendo paulatinamente al Feudalismo en función del lugar geográfico. Los trovadores acercaban la cultura y el arte a la gente plebeya de manera pragmática puesto que el conocimiento intelectual lo sustentaba el Estado y estaba en manos de la Iglesia, siendo una misma clase dirigente, la que tenía el poder junto a la nobleza y la realeza. En Europa el Medievo tuvo una incursión y consolidación larga, la Edad Oscura, con rasgos autóctonos e intrínsecos que la aislaban en un alto porcentaje de otros continentes a nivel cultural, sociopolítico, económico, artístico, etc. A este caballero lo asocian a la época coetánea entroncada con el siglo XIII, todavía feudal, incipientemente prerrenacentista. La mitología grecolatina cobraba auge de nuevo o no tardaría en hacerlo en algunos países europeos antes que en otros. En España, por ejemplo, este fenómeno cultural determinado como movimiento, fue más tardío en cuanto  a su implantación. 
En Alemania, país del que Tannhauser era oriundo, la filosofía marcó un camino, parejo al poder del Estado. Se dice de forma idealista y metafísica que fue el descubridor de El Monte de Venus, de ahí que surja de nuevo otro paralelismo con la cinematográfica Puerta de Tannhauser.


El encontró la mítica y legendaria Venusberg, también llamado Monte de Venus en la que vivió de manera lasciva con la diosa Venus, la diosa romana del amor, y acometió toda serie de depravaciones, entrando su alma en pecado. Arrepentido, suplicó el perdón del Papa Urbano IV, no dudando en viajar a Roma, al Vaticano. Como le auguró el Papa, para poder ser perdonado por dios debían florecer de su bastón papal hojas verdes. No fue así porque tuvo que marchar previamente a las Cruzadas, en Tierra Santa, donde murió.

La pregunta que lanzo al aire es: ¿podemos equiparar nuestra alma cuando se encuentra vacía de existencialismo o motivación, a la de un autómata cualquiera, con un comportamiento mecánico y/o disfuncional, desnaturalizado, o ajeno a la naturaleza de la materia primigenia, sin sentimientos de bondad ni amor? Y para poder enmendarlo ¿sería un acto justo hacer lo que Roy Batty por comparación, mirarnos dentro de nuestro interior, para comprender al menos algo mas de por qué estamos aquí? A él le bastaron unos segundos comprenderlo, al final del todo y en su muerte. De eso va la película, no es de persecuciones, sino de comprender el sentido de nuestra existencia y en qué consiste la vida para cada uno de nosotros. Pero no es un acto espontáneo ni una heroicidad hacer lo que hizo él. Puede que a nosotros nos lleve años, considerando que ése sea quizá el camino de la estabilidad y el crecimiento interior, no digo ya de la felicidad plena, porque la considero una sucesión de momentos presentes, cotidianos unos y relevantes otros, medidos por igual. Solo que Roy Batty, aunque pareció comprenderlo y aceptar su final, al igual que le sucedió al legendario poeta Tannhäuser, llegó tarde para la reparación. Aun sin saberlo, a lo mejor les esperaba otra vida en distinto estado como recompensa.

Hagámos nosotros una contrición cada día, cada semana, regularmente, mientras dispongamos de un hálito de vida y experiencias acumuladas y graduales. De ese modo, no habrá que buscar nada, como si buscar respuestas supusiera una metodología o un mecanismo de defensa hechos con un propósito oportunista. Sino que al mirar hacia dentro nos sea dado.  Sin más. Encontrar el camino es transitar por él.

VANGELIS - BLADE RUNNER SOUNDTRACK



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Este Post Está Escrito Por:

Marisa Doménech Castillo

Soy la autora de este blog y bloguera desde 2014. Y fue un flechazo; casi por casualidad, porque fue trasteando por internet, cuando ví la posibilidad de crearme un sitio para escribir. Ahora, tras mucho trabajo de documentación en marketing digital, a mi nivel, claro, y también de búsqueda de información temática, he decidido iniciar mis pinitos como redactora de contenidos o freelance, como prefiráis, es decir, profesionalmente. Si bien, ya he colaborado con algún blog/web. En realidad soy activista política.BIO @NuevoItaca  E-MailEspero que vuestro paso por aquí sea lo más agradable posible para vosotros/as.
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