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"LOS DUENDES"

 
La historia de los ancestros de Pedrito, es la historia de la lucha por preservar una cultura y unas tradiciones milenarias. Han pasado de vivir en pequeños grupos de nomadas a recluírse o desperdigarse en los reductos de las ciudades. Algunos dispondrán de la suerte de gozar de mejor destino, pero sea como fuere, cualquiera de ellos tiene en comun la defensa de un  sentimiento de arraigo característico, presente en los rasgos, en la música, en el folklore, en su leyenda y en su modo de vida.

El chico vaga por la ciudad, sin salir de los límites de una barriada de gitanos situada en la zona sur, sin saber demasiado qué hacer. Su extralimitado tiempo libre, le permite reunirse con otros chavales, bajitos y morenos, como él. Marchan orgullosos por la calle. Alguna mirada inquisitiva se clava, a su paso, en sus figuras de azabache mientras canturrean y dan palmas. Por lo general, proviene de gente que lleva escrito en un gran cartel el título ostentoso de ciudadano respetable y honrado. Pero ellos se consideran y de hecho lo son, pequeños artistas con una facilidad pasmosa a la hora de formar corrillos y cautivar a un público agradecido, variopinto y plural, a sus propios familiares y conocidos, a los curiosos,  a los conocedores del mundillo y de la idiosincrasia gitana, a los virtuosos del cante y el flamenco, a los guiris, a los denostadores, a la policía cuando pretende usurpar la paz...

La prima de Pedrito es una chica muy popular, admirada entre su estirpe y respetada por el patriarca de la comunidad, muy estudiosa y con un futuro prometedor. Tiene 16 años y puede cursar bachillerato gracias a una beca del Ministerio de Educación. Su familia, al igual que otras, se acogió a las subvenciones que se otorgan en el ámbito del Plan Integral para la Comunidad Gitana de Andalucía. En cambio, Pedrito es y probablemente continúe siéndolo indefinidamente, un espíritu demasiado libre para adoctrinarse bajo los postulados del pueblo payo. Hace más de un mes que no ha vuelto a clase. Pero no le importa, tiene cosas más importantes en las que motivarse.

Un grupo de ancianos del lugar están sentados frente a la taberna, problablemente tratando asuntos de importancia, como los próximos acuerdos matrimoniales, los negocios, o el último sermón del domingo en la Iglesia Evangélica, mientras toman el amistoso café de rigor.

Pedrito busca a menudo el consejo de sus "tíos", pero éstos siempre le remiten al estudio, "debes hacerte un hombre de bien, ejemplo entre los tuyos, como la prima Rocío". Su madre, pronta a recoger como yerno a un joven del clan de Los Reyes, prepara la boda de su hija. En tanto en cuanto, los novios son cooptados por el pastor para empezar el curso de orientación familiar.

Lejos de querer llevar una vida predestinada por la rutina, Pedrito se ha acostumbrado a cantar y bailar en fiestas y tablaos desde los 10 años, muy a pesar de la voluntad del bató de la família. Aunque su madre le alienta. Ha sido bailaora de flamenco. Actualmente se dedican al mercadillo en los pueblos cercanos.

La família "Los Duendes", como así les conocen, andan muy ocupados desde el pedimiento de Rosario. Pero el muchacho es consciente de que es él quien prácticamente mantiene a la família y procura que esta circunstancia no se vea manipulada por nada ni por nadie, mientras la historia de su vida sigue el curso de los acontecimientos. Tiene muy claro que no quiere ser un gitano invisible. Desde muy pequeño le educaron para tener vergüenza y respetar a todo el mundo, fuese quién fuese. 

La família está encantada con el inmediato acontecimiento. Sin embargo, es quizá la prueba del pañuelo lo más estresante de todo el proceso, fundamentalmente para el bató, el padre. Probablemente lleguen más de 500 personas. A él le corresponderá toda la responsabilidad. Mientras, el novio esperará fuera y las mujeres se quedarán con la novia, al tiempo que la ajuntadora hace la prueba. 

La vieja Lola es una matriarca muy sabia. Tiene el poder de leer las manos y conoce remedios para curar el dolor de muelas. Mientras Rosario está acostada en su cama, ahora que son vísperas nupciales, su abuela le cuenta un cuento muy antíguo que ha sido transmitido de generación en generación:

Parece ser que en los tiempos de los tiempos, un pueblo legendario de nómadas trashumantes del Romanestán decidió asentarse en la vieja Europa, en la actual Suíza, con vistas a formar un poblado próspero de artesanos y comerciantes. Pero al tiempo de conocerse su llegada, los pueblos limítrofes no vieron con buenos ojos el asentamiento y lo consideraron invasivo, porque les veían mala gente, enredadora y poco de fiar y lo más importante, los causantes de la profanación del territorio. En definitiva, no querían sus costumbres paganas, por mucho que ellos se presentaran como peregrinos cristianos. Por el contrario se les acusaba de ser los promotores del ocultismo, las artes adivinatorias, de traer consigo la práctica de echar el mal de ojo, de forjar los clavos de Cristo, de raptar a los bebés recién nacidos, de ejercer oficios deshonrosos o de vagancia.
Ante las muestras poco amistosas con que fueron recibidos y debido a la cerrazón en el trato y las relaciones, los gitanos decidieron multiplicar sus buenas obras y demostrar que eran pacíficos, que venían en son de paz. Y se esforzaron, se esforzaron y se esforzaron. Quien no se dedicaba a afilar cuchillos o fabricar artesanalmente utensilios de cocina, vendía cacharros para la casa. Además procuraban ayudar en el cultivo de las cosechas. Así que se pusieron manos a la obra para atraer las simpatías de los oriundos.
Pero una repentina y trágica epidemia de origen desconocido, se extendió por las zonas aledañas al campamento, en sus ciudades, en sus pueblos y en sus campos. Empezaron a morir niños, jóvenes y ancianos ante la impotencia de las gentes autóctonas, que no tardaron en culpar a los gitanos de todos sus males.
Estos buenos zíngaros estaban en el convencimiento de que Dios se había apiadado por sus solidarias acciones y que por eso no había desatado la cólera hacia ellos. Los habitantes del lugar pensaron que se trataba de una maldición en venganza por la desconfianza que habían depositado y les tomaron miedo. El miedo, por su parte, adquirió pronto la forma de odio. Les amenzaron dándoles un ultimátum, si no se iban de allí voluntariamente, les obligarían a irse. La condena fue el destierro y el ostracismo.
Pero una família gentil y piadosa fue a buscarles movida por la desesperación de tener a tres de sus hijos muy enfermos y con la esperanza de poder salvarles suplicaron su ayuda. Recurriendo a primitivos conocimientos medicinales y a su fe, lograron sanar a los tres pequeños. El acontecimiento se supo enseguida lo que propició una oleada de visitantes que esperanzados por las curaciones, llevaron a sus hijos para que éstos pudieran recibir también el don de la sanación.
Cuando por fin la tragedia hubo desaparecido de sus vidas, decidieron celebrarlo, reuniéndose absolutamente todos, zíngaros, niños, jóvenes, ancianos, hombres y mujeres e hicieron una gran fiesta, se cocinó un gran banquete y no pararon de cantar y bailar, en nombre de la unidad y la solidaridad. Y así fue que acabaron siendo pueblos hermanos donde no volvió a haber diferencias y enfrentamientos. Al menos, no hasta mucho después.

Con este cuento, la anciana quiso dotar a su nieta de una enseñanza básica, que jamás debía olvidar: "los gitanos eran un pueblo que amaba la libertad por encima de todo, una civilización errante o que lo había sido, con su personal historia, con el mundo entero como hogar. Por eso tenía la absoluta certeza de que era imprescindible velar siempre por la unidad y la solidaridad entre razas y culturas y defender lo propio".

"-Ahora, duerme, mi niña. Mañana te espera un gran día".



Gibsy Kings - Vientos de Arena

           
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Comentarios

  1. Lo celebro. Gracias por leerla, Nel. Yo, particularmente, creo que las minorías tienen un espacio merecido en la sociedad y que por tanto deben ser escuchadas. Abrazos

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  2. Real como lo que veo de cerca, a veces, en mi trabajo. Hay muchos Pedritos en la sociedad, muchos patriarcas, muchas palmas...y no siempre se les entiende, la verdad. Pero muchas veces, y esto también lo he vivido, son ellos los que se hacen de notar más de lo adecuado dependiendo el sitio (hospitales, juzgados..) o que se "automarginan". Lo ideal sería que todos pudiésemos convivir con el respeto como lema.

    Preciosol tu relado Marisa, ¡qué bien escribes! un beso de lunes

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    Respuestas
    1. Hola Chelo,
      Lo importante es que todos esos Pedritos que viven dispersos y ajenos al entorno real del mundo puedan verse de una forma u otra integrados sin que en lo fudamental pierdan su identidad, al fin y al cabo, la modernidad no tiene por qué estar reñida con lo tradicional. Ambos aspectos pueden fusionarse en uno solo y confluir. Eso sí, es muy necesario que ambas partes hagan un esfuerzo, por un lado la sociedad, que tiene un compromiso con el desarrollo y la educación de todos los sectores minoritarios y por otro, las minorías que están menos adaptadas.
      Te agradezco tus palabras de apoyo, eres siempre muy amable. Sienta muy bien tener compañeras como tú ;-)
      Un beso

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