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MURO DE LOS QUEBRANTOS


 Un muro fortificado se ha erigido poderoso, trazando una clara línea divisoria entre los honorables deseos de libertad, riqueza y progreso y la esclavitud orquestada, planificada y programada. El pueblo se encamina hacia un nuevo éxodo, hacia el expolio, el saqueo y el empobrecimiento: los niños en las escuelas, los muchachos en la universidad, el profesor, la enfermera, el parado, el médico, ese paciente que pacientemente espera desangrándose dentro de las arduas listas de espera, el jubilado cansado y defenestrado, el ama de casa con abnegada impotencia, el autónomo sangrado, TODOS chocamos de frente con el muro, esa edificación infranqueable de duros vaticinios, construída sobre ladrillos recortados por recortes. Es un paramento hecho de piedras que gritan los llamados de los inocentes. Un muro grotesco en una calle sin salida. Pero no, no es una calle cualquiera, es un matadero donde la gente no quiere ver asesinados sus anhelos más nobles. Porque los poderes financieros y sus gobiernos matan. ¡Austericio! denuncian muchas voces. El moderno Holocausto de la miseria. Ellos, los buitres financieros y las bestias de la noche que, agazapadas y protegidas, vigilan  el parapeto, son los que con sus mandatos e imposiciones  otorgan los próximos designios y deciden cómo deben vivir los trabajadores y sus famílias. ¿Se tornará la tapia en pared de defensa? ¿En valla de resistencia? ¿En barricada? Me pregunto yo, que acabo de ser desahuciado, que acabo de ser despedido, que me he convertido en víctima de las preferentes. Que busco al través de las gruesas paredes de hormigón, la brecha, el agujero de salida...Ando taciturno y desalentado por el callejón, viendo a lo lejos las restricciones del vallado, preguntándome: ¿qué elegir? ¿Es lícita la política? ¿O me puedo permitir la evasión confiada? Vivir con esta dicotomía en medio del azote de la cólera del Imperio que nos contempla desde su palacio y se ríe de nuestra miseria, me da la respuesta: NO. Hay que rebelarse. Pase lo que pase, aunque el tabique de ese muro se vuelva más duro que el acero o el diamante, luchar es lo acorde a nuestra condición de clase. Por eso, el ejército de subyugados, que hemos sido décadas esclavos del cruel sistema, del modelo y del régimen, seguimos con paso firme. Destruímos la gran fortificación parafraseando a nuestro aliado, sin lamentaciones: el pueblo no tenemos nada que perder, tan solo las cadenas. Somos valientes, osados, somos mayoría y nos hemos organizado. ¡SÍ SE PUEDE!, clama el pueblo con la SOBERANÍA como reciente adquisición. Un muro de quebrantos se ha derrumbado. Otra vez caen los cimientos de Jericó.


                 Detrás del muro de los lamentos - Fito Paez y Mercedes Sosa






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Comentarios

  1. Difícil solución tienen los políticos que ven que las personas empiezan a despertar. Pensaban que éramos tontos, que tragaban con cualquier cosa,..., se equivocaban.

    Saludos

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    Respuestas
    1. Hay un caudal de lucha enorme. Las conciencias claman soluciones y mejoras. Es de ley. E igual que se equivocaban nos temen. Un saludo, Nel y gracias por leerme y aportar con tus comentarios

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  2. Hola, esos buitres financieros nos han pisoteado por generaciones, pero como dice el dicho: "no hay mal que dure mil años, ni santo que lo aguante".

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    1. Efectivamente, Sandra. Y como dice la máxima: "el pueblo unido, jamás será vencido". Un saludo y gracias por tu acertado comentario.

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