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ALGUNOS ASPECTOS DEL AMOR Y LA MUERTE DE UNO DE LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS: BÉCQUER



Entre sudor y fiebre de empozoñada tuberculosis, se debatía entre la vida y la muerte el gran poeta del amor romántico. Ella, la amada sin nombre, nunca lo despediría, el mundo sí, aunque fue después de su trascendida muerte física. 

Con sus rimas en los estantes, agonizante en las postrimerías de su vida, había presentado ante sí mismo a su amor ideal, intocable, inmaterial, fusionándose en una unión idílica y rupturista. Amor fugaz frente a la realidad objetiva de Stendhal, Clarín y Flaubert y sus respectivas Ernestinas, Anas y madames Bovary. 



¿Qué es poesía? --dices mientras clavas en mi pupila tu pupila azul. 
¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo preguntas? Poesía... eres tú.


Es tarde ya y Becquer debe marchar. Allí. En la casa número 7 de la Calle Claudio Coello, se nos va sin remisión. A pesar de sus desvelos, la seguirá amando por encima del bien y del mal, en las oscuridades misteriosas de las noches heladas. 

A aquella desconocida muchacha que había visto en el balcón de la casa de la Calle del Perro. La musa del amor y de la muerte. Se va mientras imagina escuchar por la ventana a su alondra cantar las trovas matinales de su infortunio. Mientras, quizá recuerde entre dolores y angustia lo que un día le escribió:


Te ví un punto, 
y flotando ante mis ojos
la imagen de tus ojos se quedó,
como la mancha oscura, 
orlada en fuego,
que flota y ciega si se mira al sol.
A donde quiera que la vista fijo
torno a ver tus pupilas llamear;
más no te encuentro a ti, 
que es tu mirada: 
unos ojos, los tuyos, nada más. 
De mi alcoba en el ángulo los miro
desasidos fantásticos lucir;
cuando duermo 
los siento que se ciernes
de par en par abiertos sobre mí.
Yo sé que hay fuegos fatuos, 
que en la noche
llevan al caminante a perecer;
yo me siento arrastrado por tus ojos;
pero a donde me arrastran, no lo sé.


No debe preocuparse el espíritu moribundo porque resurgirá del mañana. Que no se preocupe el poeta, porque otro poeta quemará sus cartas (“serían mi deshonra”) y algunas otras almas poéticas publicarán su obra (“Si es posible, publicad mis versos. Tengo el presentimiento de que muerto seré más y mejor conocido que vivo”).


A pesar de su ganada inmortalidad en el mundo futuro de los vivos, acabaría por morir el poeta abandonado a su mala fortuna, a la desidia febril, al calvario de la enfermedad tísica o quizá un mal venéreo, en la miseria casi absoluta de la indiferencia.

En sus anotaciones en el libro de Contabilidad escribiría de manera oculta, solapada:



Una mujer me ha envenenado el alma,
Otra mujer me ha envenenado el cuerpo;
Ninguna de las dos vino a buscarme,
Yo de ninguna de las dos me quejo.
Como el mundo es redondo, 
el mundo rueda;
Si mañana, rodando, este veneno
Envenena a su vez ¿por qué acusarme?
¿Puedo dar más de lo que a mí me dieron?


Su rima 61, vaticina:


LXI

Al ver mis horas de fiebre
e insomnio lentas pasar,
a la orilla de mi lecho,
¿quién se sentará?
Cuando la trémula mano
tienda próximo a expirar,
buscando una mano amiga,
¿quién la estrechará?
Cuando la muerte vidríe
de mis ojos el cristal,
mis párpados aún abiertos,
¿quién los cerrará?
Cuando la campana suene
(si suena en mi funeral),
una oración al oírla,
¿quién murmurará?
Cuando mis pálidos restos
oprima la tierra ya,
sobre la olvidada fosa
¿quién vendrá a llorar?
¿Quién, en fin, al otro día,
cuando el sol vuelva a brillar,
de que pasé por el mundo,
quién se acordará?


Me pregunto si uno de sus últimos pensamientos iría dirigido a su ex amada Josefina Espín, quien le había rechazado por ser pobre. Puede que lejos de eclipsarle impulsara el desarrollo de su musa inspiradora. 



Finalmente, abandonó la tierra de manera misteriosa, tal y como refleja el ambiente emocional y fantástico de sus leyendas románticas; se lo llevó el destino de su existencia fugaz e inconsistente mientras se producía un gran eclipse de Sol. 



Así fue marchándose camino de la Luna, entre la exaltación de su yo y el deleite de su sufrimiento
.
                                                                                                                            Agua Viva - Poetas Andaluces
                                        
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Comentarios

  1. Poeta donde los hubiera. No sé porqué, pero todos los románticos tienen un algo difícil de encontrar en otros.

    Saludos.

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    Respuestas
    1. Suscribo totalmente tu comentario, Nel. La libertad subjetiva y el mundo de fantasía en los que se apoyan los románticos, es un dardo cautivador que da en el centro de la diana, ¿quién no busca evadirse de la realidad que le rodea, en ocasiones triste o monótona?. Todo lo que tiene que ver con el misterio y la imaginación es un plato de gusto exquisito para el paladar.
      Gracias por visitar de nuevo mi humilde espacio. Tu aporte es muy valioso.
      Un abrazo

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  2. Preciosa entrada. Aparte de romántico, como apunta Nel, Bécquer tenía una sensibilidad única.

    Saludos.

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    Respuestas
    1. Estoy de acuerdo contigo. A mí precisamente me llama la atención cómo parece recuperar la figura medieval del amor cortés por cómo idealiza a su amada y la convierte en el objeto platónico y último de su vida.
      Gracias por el comentario y tu visita. Considérate en tu casa.
      Saludos, amiga Rita

      Eliminar

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