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LA FILANTROPÍA DEL ESPEJO


Llegaba a casa en un leve estado de embriaguez. Eran las 4 de la madrugada. Con premura y visiblemente mareada se quitó las pestañas postizas, el rímel, el carmín, los polvos, la purpurina dorada de las mejillas y párpados y entró en la ducha, frotándose con agua y gel exfoliante con sílice. Luego se dio una crema regenerativa por todo el cuerpo y se perfumó con lavanda preparándose para ir a dormir. 

Pero antes se sentó unos instantes en el tocador. El sillón giratorio era sumamente elegante, con respaldo y asiento cimbrados en contrachapado de haya. Escudriñándose cautelosamente en el espejo reflexionó para sí misma sobre el aspecto deslustrado que con el paso de los años se había ido incrustando como una lapa sobre su rostro y su piel. A tenor de lo que estaba viendo reflejado meditó con rotunda lógica acerca de la necesidad de poner fin a esas noches locas de los viernes y sábados. Y llegó a la conclusión de que tanta vorágine nocturna no era una cosa buena para el mantenimiento del cutis. Lo que le resultó extraño era que hasta el momento no hubiese llegado a esa misma conclusión. De repente, le sobrevino un déjà-vu y tal y como ocurre en esos casos, no logró precisar con exactitud, por más que lo intentó, a qué momento anterior se asociaba esa percepción temporal. Pero estaba convencida de haberla vivido demasiadas veces en los últimos tiempos. 

Siguió mirándose. Observó malhumorada cómo se desdibujaban dos amplios surcos cuyo recorrido iba desde los laterales de la nariz hasta la comisura de los labios y que muy hábilmente lograba esconder con maquillaje caro. La otra segunda gran observación se correspondía con la visión de dos montículos ojerosos por debajo de los ojos, que incluso se intensificaban en un color más oscuro que el resto de la cara, además de algunas patas de gallo, lo que hizo saltar la alarma: la semana siguiente debía acudir sin falta a que le volviesen a inocular bótox y colágeno. Estaba pendiente también de una operación de reducción de papada. Aunque una intervención quirúrgica ya era harina de otro costal, con todos los riesgos que eso conllevaba. 

No importaba. Lo haría por su novio, veinte años más joven que ella, justo los años que le acababan de caer encima en apenas media hora en que se había despojado de toda su apariencia casquivana. Esa era su cruz y debía cargar con ella lo que le quedara de vida. Bajo el glamour que le conferían los puntuales arreglos estéticos, aparentaba tener 40 años, aunque en realidad tenía sesenta. Desde su sillón de retocado, no dejó en ningún momento de contemplarse con todo detalle y minuciosidad, concentrando su atención en cada centímetro cúbico de piel, en cada poro, arruga, mancha o imperfección que destacaba sobre las facciones y recovecos corporales.

Permaneció largo rato tal y como Dios la trajo al mundo. Observándose con absoluto descrédito, despreciando todo aquello en lo que su vanidad la había convertido. Ahora estaba completamente limpia, aséptica, despojada su alma de todo artificio, engaño o sofisticación mundana. Esa mujer que había delante del espejo era su verdadero yo. Una señora mayor, curtida y avejentada por el transcurso de la vida. Un personaje corriente y vulgar, por lo demás.

Y entonces, espantada, lanzó un grito desgarrador para inmediatamente después romper a llorar de manera quejumbrosa. Lloraba y lloraba sin parar, desconsoladamente, igual que una niña cuando le arrebatan a su muñeca favorita.
                                 
Red Hot Chili Peppers - Californication

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Comentarios

  1. Has logrado plasmar un momento de una persona de una forma simple pero contundente. Nos has hecho ver la situación, no nos la contaste. Cada día te haces más escritora.

    Saludos

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    1. Bueno, bueno, Nel...eso viniendo de tí para mí es de los más inspirador y gratificante que pueda escuchar. Gracias, gracias, gracias por tus palabras. No sabes cuánto me alientan y animan porque para mí tú y tu Villapalofrío sois un polo de referencia.
      Un abrazote, amigo

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  2. Contrariamente a lo sugerido por estoicos y epicureos dejarse llevar por la vanidad, por el narcisismo, trae aparejado el sufrimiento que ya no es moral como en "El retrato de Dorian Gray", la célebre novela de Oscar Wilde, sino que hoy es visceralmente existencial y está ligado al placer, al goce hedonista, el cual se frustra de modo patético para la dama del relato y la hace prorrumpir en llanto. Muy buen relato.

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    1. Llevas razón con tu apreciación que apoyas desde la filosofía. Sufrimiento, esclavitud y dependencia emocional, que va mucho más allá de la moral, porque hoy en día parece que si no compartes el sistema de valores dominante, que enarbola la bandera del placer y el hedonismo "per se", por encima de la felicidad natural, esencial, estás alienado.
      Me alegra que te haya gustado el relato. Gracias de nuevo por leerme y por tu aporte.
      Abrazos desde la Valencia de España

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  3. No hay nada más real que el reflejo en un espejo.
    Precioso relato, duro pero tan real como la vida misma. Hay que saber envejecer y adaptarse al paso del tiempo. La vida es muy bella y hay que saber vivirla.

    Besos.

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    1. Hola Rita
      Estoy de acuerdo contigo. Adaptarse al paso del tiempo no significa no pasarlo bien, sino aceptar lo que la vida te depara en cada momento de la realidad concreta, en cada etapa. Cuestión contraria a la actitud de la mujer del relato, que cree erróneamente que la felicidad se encuentra fuera de sí misma.
      Agradecerte tu fidelidad y apoyo. Ya sabes, ésta es tu casa.
      Besos

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  4. Has plasmado algo que veo aún en gente mas joven, donde no importa si tienes cultura , buena educación o una vida bien vivida.Importa como te ves y ven , que aparentas.Me ha gustado mucho porque era como meterse en su piel.Besos.

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    1. Hola, amiga Amelia,
      Nos encontramos inmersos en la cultura de la apariencia, del nada importa y todo vale. Algún día haré una entrada para hablar mucho más radicalmente de ello y referirme, a aquellos que tras alcanzar diversas y peculiares experiencias, aburridos por las cosas sencillas e inmediatas, han alcanzado un grado tan alto de alienación que consideran la muerte y el nihilismo como un valor fundamental.
      Hay una frontera muy difusa entre buscar fuera de tí y la llamada cultura de la muerte, que profesan muchos jóvenes confundidos.
      Gracias por visitarme y por tu valioso comentario, son cosas muy importantes para mí que refuerzan y elevan el trabajo que se le dedica a esto.
      Besos

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  5. Somos eso nada más, una imagen. ¿Es que no tenemos nada por dentro? Lo tenemos, el problema es que no lo valoramos, lo único que estará con nosotros hasta el último de nuestros días, y no lo valoramos.
    Estupendo texto. Más vale que ese momento aue describes aquí nos pille preparados, yo quiero llorar. XD

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    1. Hola Miguel Ángel
      Claro que disponemos de todo un mundo interior propio, lo que ocurre es que existe la publicidad explicita, campañas de marketing, todo tipo de intereses económicos para exportar y vender productos ligados a la imagen corporal, los medios de comunicacion, y subliminalmente, la publicidad también nos bombardea con mensajes, que parecen estar ocultos pero no lo están. En fin, demasiado impacto social referido al culto al cuerpo. Por eso, de vez en cuando es bueno meditar y conectar con uno mismo, bajo diferentes mecanismos, no necesariamente debe ser un proceso complejo.
      Me alegra verte por este mi humilde espacio y también que hayas comentado, para mí es una aportación valiosísima.
      Un abrazo, amigo

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  6. Nuestra sociedad actual denosta la vejez, por eso muchas personas, sobre todo mujeres, aunque también hay hombres, no saben envejecer, o quizás no pueden, porque envejecer es sinónimo de estar fuera de esa sociedad de triunfadores que nos dicen que debemos ser.
    Muy buen relato, escrito con pulcritud y con un mensaje importante. Comparto gustosa, y te dejo besines y mis deseos de una feliz semana.

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    1. Hola Argonauta,
      Pues si, efectívamente si no eres joven y guapo no estás en la onda dominante, no perteneces a esta sociedad. A eso lo llamo alienarse de lo auténtico, de la esencia y verdadera naturaleza de lo que somos. Es muy importante no perder demasiado esa perspectiva, de que muy por encima de una apariencia, de un cuerpo, tenemos una personalidad, unos rasgos, una cultura, manera de ser, de querer y de expresar nuestros anhelos y proyectos, y lo que es más importante, tenemos un alma.
      Muy bienvenida, como siempre, gracias por tu apoyo, tu valioso comentario y por compartir.
      Besos y feliz semana

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