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MARIEL Y EL CREPÚSCULO


Era su crepúsculo particular. El crepúsculo de una diosa. 

Apuró el whisky y conectó su viejo tocadiscos de vinilo. La banda sonora de Casablanca empezó a sonar y Mariel dio gracias a Dios de que el Jim Beam Kentucky Bourbon todavía estuviese en pleno auge. Un símbolo patriota de la época de las colonias de finales de 1700 que reflotaba imperecedero en un mundo que, ya por entonces, atisbaba un rápido ascenso del capitalismo. A día de hoy, mientras pensaba en los cambios y en que cómo éstos iban desarrollando sus mecanismos cruelmente, sin apenas dejar tiempo a respirar, las lágrimas resbalaban sin consideración ninguna por sus mejillas espolvoreadas. 

En los noventa se acababa la era analógica. Había irrumpido desde hacía una década el formato de vídeo DVD y la señal digital. El tránsito de lo viejo a lo nuevo la convertían en un personaje decadente. Sabía a ciencia cierta que sus días de gloria habían finalizado, mucho antes de lo que ella misma podría haber vaticinado nunca. No era tan solo vacuidad, declive, sino la implosión de un nuevo orden. Traducido, por ejemplo, en la expansión de la música electrónica, ¿cómo la nombraban?... Ah, sí... la New Wave... y también entronizado por la irrupción de una cosa llamada Internet, diseñada por el Pentágono, que comenzaba a invadir "peligrosamente" la vida de la gente. En estos tiempos salvajes asistíamos a la consolidación de la World Wide Web (WWW) o Red Informática Mundial, más conocida como La Web. Con un navegador digital, un usuario podía visualizar sitios compuestos de páginas que contenían texto, imágenes, vídeo u otros contenidos multimedia y navegar a través de esas páginas usando hiperenlaces. En fin, una verdadera amenaza. Una barbarie. Para ella, el alcance de la situación era de máxima gravedad, tenía un carácter mucho más radical que la simple proyección malograda del mundo. En realidad el mundo actual se recreaba dentro de una falaz mentira, se había convertido en una gran farsa, en una vulgar parodia del original. De aquél que debía haber sido y no fue y de cuya estructura clásica todavía se acordaba de manera fidedigna Mariel.

Sus canciones ya no sonaban en la radio. Hacía años que no la llamaban para la televisión. Ningún cazatalentos la iba a volver a encumbrar como diva de los escenarios. Se había convertido en la nueva Norma Desmond, protagonista de El Crepúsculo de los dioses y que encarnó la majestuosa Gloria Swanson. La aureola de Norma, así como la de la desdichada Mariel, se extinguieron por la aparición del sonido. Muy a su pesar, había tenido que reconocer que la declamación actoral requería del sonoro como requisito imprescindible. No podía por menos que aceptar resignadamente que la vibración de las cuerdas vocales, reconstruida y retransmitida a través del audio, con esa perfeccionada cadencia y ritmo amplificado, fueron un gran paso hacia el progreso del cine. Acontecimientos como la supuesta llegada del hombre a la Luna y la monopolizada presencia de los avances tecnológicos, habían supuesto un brusco rompimiento con la estabilidad como precepto inamovible. Y esto de ahora... ¡esto!, lo único que había conseguido era desvirtuar el clasicismo del séptimo arte, de la música de calidad, de la artesanía de la farándula y su vínculo inalienable con la tradición del Star System de Hollywood. Al fin y al cabo, las estrellas de cine eran el reflejo rutilante de las aspiraciones y sueños de la sociedad norteamericana y solo podía entenderse en ese contexto. 

Lo había preparado con pulcritud, ultimando todos los detalles. Mañana o quizá en dos o tres días, como muy tarde, la encontrarían. Y por aquel entonces... el proceso de despedida ya habría culminado. La recordarían como a un mito. Un mito que se transformaría en leyenda y traspasaría los distintos hitos de la historia. Mucho más allá de la caída del Muro de Berlín, de la primera síntesis del gen humano, del primer niño probeta, de la primera intifada por la que Mariel estaba convencida de que Israel había liberado a los americanos de los fundamentalistas palestinos, de la para ella buena suerte por la muerte de Jomeini enfrentado con el Sha Reza Pahleví, del triunfo de la Nasa en el lanzamiento de sus sondas espaciales, de la boda de Carlos y Diana, de la muerte de John Lennon; lo suyo sería mucho más impactante que la aparición del Sida... Todo eso pasaría a un segundo plano -pensaba orgullosamente-. Sería recordada por los siglos de los siglos...



The Buggles - Video Killed the Radio Star


           
 
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Comentarios

  1. Respuestas
    1. Muchas gracias, Rita
      Encantada que nos veamos de nuevo en este humilde espacio.
      Ni siquiera los ochenteros se imaginaban un mundo tan multipolar.
      Besines

      Eliminar

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