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ATRAPADO

La difusa figura, un compuesto de éter que expulsaba una gran cantidad de fluido ectoplasmático, era reflectada de manera invertida cuando coquetamente se miraba al espejo. Su contorno se rodeaba de un aura de luz tenue que abarcaba un pequeño perímetro alrededor, lo que conformaba una atmósfera tétrica de semioscuridad. Escasamente decorado con muebles raídos y decrépitos objetos convertidos en reliquias, el ambiente de recuerdos y nostalgia que encumbraba los espacios, con la soledad de fondo, configuraba su única compañía. Había salido de la habitación que más frecuentaba, el despacho donde aquella fatídica noche se cometió el crimen. Como era habitual, traspasó la pared para dirigirse a otra sala flotando ligeramente por los recovecos, en medio de una línea intradimensional infranqueable. El campo energético desprendía un vaho muy denso que terminaba por eclosionar en un haz resplandeciente proyectado hacia el infinito. Pero, al poco tiempo, volvía a reaparecer para reanudar su trayectoria volátil y terminar evaporándose. De nuevo, la misma operación, un juego sistemático en el que sucesivamente atravesaba los muros y el techo. Aunque jamás pudo rebasar la tapia que delimitaba el exterior con el jardín, que se conservaba sin flores ni plantas, solo recubierto por tierra yerma repleta de humus. El aire enrarecido de la casona era refrescado únicamente por las corrientes que entraban desde la ventana a primeras horas de la mañana y durante la noche, provocando repetidos golpecitos contra el marco y haciendo crujir la madera en el espacio vacío. Parecía que no hubiera la más mínima intención de profanar aquel lugar. Estaba acostumbrado a vagar por los rincones, excluído de la visión de los curiosos. Pero no siempre había sido así. Mucho antes de la llegada de las ratas y de los insectos, del advenimiento del polvo, la  suciedad y la inmundicia, las parejas de novios adolescentes que querían practicar sexo en la clandestinidad y algún que otro grupillo de gamberros, habían merodeado unas cuantas veces por la vieja casa de campo. Hasta que el pueblo fue contagiado por un miedo atroz y ya nadie volvió.

Regresó al despacho e hizo como si se sentara encima de una butaca. La misión práctica de su existencia se apoyaba en un único objetivo, poder recibir a alguna persona valiente y misericordiosa que no saliera huyendo y que, por el contrario, se atreviera a rezar un Padrenuestro por su alma. Solo así se libraría de la pena y conseguiría el tan ansiado descanso eterno. Llevaba un siglo de penitencia. Lo único que él podía hacer, tras haberse disparado en la sien con una pistola, atormentado por las deudas y el asedio de los acreedores, era tener paciencia mientras sufría una interminable y tediosa agonía que le obligaba a mantener una actividad casi frenética por el interior de las estancias. Era su propio infierno suicida.



Radiohead - How to disappear completely

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Comentarios

  1. Estas almas en pena dan un poquito de idem.
    Nosotros los vivos no somos capaces de comprender sus muchas cuitas y menesterosos padecimientos eternos.
    ¿No habrá algún valiente capaz de inmiscuirse en este plano supraterrenal y liberar a tanto ectoplasma errante y meditabundo en sus reflexiones?

    Muy buen relato relatado desde el punto de vista de lo intangible.
    Besos

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    1. Si, hombre, Francisco, a ver quién es el guapo que se adentra en el bajo astral, así a palo seco, jajaja. Bueno, no estaría de más que hubiese gente solidaria por ahí, para liberar a las almas en pena, imagínate que nosotros mismos...no, no quiero ni pensarlo :S (ni en broma) ;-)
      Me alegro de que te haya gustado. De vez en cuando saco algún relato de espíritus o de fantasmas. Cuando escribí el de zombis, recuerdo que esa noche, me acosté a la una y no conseguí apenas dormir, jeje. Es que claro, tengo mi puntito masoca...
      Un placer disfrutar de tu compañía, como ya es habitual. ¿Tienes novedades? Voy a pasarme por tu blog, a ver...
      Un besete

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  2. Menos mal que lo he leído de día y no de noche, porque me da un poco de respeto este tema, cuando te adentras en la lectura como sea de noche, como tu dices, no duermes, jeje, de todos modos gusta leer este tipo de relatos y tan bien redactados.
    Lástima que en la realidad hayan personas que acaben así, porque ciertamente no sabemos el destino de esa alma, he leído un comentario que decía a ver si había algún valiente que se dedique a salvar almas, no habrán pero...¿sabéis que existen altares virtuales? desde ahí sí podemos encender velas (para el que crea en los Santos) por éstas.
    Un abrazo

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    1. Hola Raquel,
      A mí también me infunde respeto y temor, las dos cosas, pero al mismo tiempo, me apasiona escribir sobre ello, aun a cuenta y riesgo de mi tranquilidad nocturna. No sabemos lo que hay después, igual tienen razón los gurús y maestros orientales, y nuestro paso por la tierra solo es un tránsito que lleva a nuestras almas por medio de la ley del Karma hacia una vuelta para reemprender el camino de nuevo, o aprender de experiencias que se deben vivir por destino. Muchos de ellos dicen que llegados a un nivel de espiritualidad alcanzado éste puede ser lo suficientemente elevado como para poder decidir si nos quedamos allí donde hay luz y descanso eterno en una dimensión espiritual superior (lo que sería el cielo) o nos volvemos para continuar aprendiendo en la tierra. ¿Y si no hubiera infierno y éste fuera una invención de la mente y la religión en un estado bidimensional incompatible con los estados superiores del alma en cuanto al conocimiento de nuestra situación particular? ¿Hemos de llevar un camino de honestidad y buenas obras y seguir aprendiendo en otras vidas? No lo sabemos, pero creo que esto último es más sensato de creer, en contraposición al castigo y la condena.
      Muchas gracias por venir, me alegro de que te haya gustado el relato. Solo de pensar en un destino así, da escalofríos, ¿verdad?
      Un beso, amiga

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    2. Ciertamente así es Marisa. Un fuerte abrazo.

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  3. Un relato genial, Marisa. Exquisitamente narrado, lleno de imágenes nítidas que se hacen reales para el lector a pesar de lo fantasmagórico y una historia deliciosamente triste y coherente. Me quito el sombrero!!

    No quisiera nunca que la vida me pusiera en un trance similar al del protagonista, pero si sucediera, me gustaría que tú contaras mi historia :))

    Un abrazo enorme!!

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    1. Hola Julia,
      Me hubiese gustado infundir un hálito de esperanza, pero al mismo tiempo me gusta ser despiadadamente instigadora del miedo, porque me atrae también este tipo de literatura.
      Me alegro de que te haya dado esa sensación de realidad o credibilidad de la historia, es algo que me estimula, muchas gracias. Y también por visitarme, siempre me es muy grato recibirte, junto con tu amabilidad y exquisitez a la hora de valorar con inteligencia.
      Un fuerte abrazo!!

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  4. Un relato que me ha dejado sin palabras. Una historia muy, muy original, porque se trata de la típica casa encantada, pero desde el punto de vista del fantasma. Tu gran dominio de la narración y, de lo que considero tu fuerte, las descripciones, logra que nos creamos a este personaje fantasma, logra que nos metamos de lleno en esa mansión, que la recorramos de la misma manera fantasmagórica e que lo hace él, atravesando paredes y techos, y logra que nos compadezcamos, pues expresas con precisión su deseo de cada día. Al mismo tiempo creas la intriga por saber qué le ocurrió, y hábilmente lo dejas para el final. Una experiencia increíble.
    Abrazo, Marisa.

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    Respuestas
    1. Hola Ricardo,
      Me alegro y no sabes cuánto de que te haya gustado esta experiencia fantasmagórica...De pequeña leí un artículo acerca de cómo sería el infierno de los suicidas, (todavía no había leído a Dante), pero me impactó, (yo no tendría más de nueve años). Pensé que los tormentos eran demasiado crueles y como ves, aunque en el relato el castigo queda reflejado en una existencia tortuosa, la limité a la vivencia de un estado propio que se repite dentro de los parámetros paranormales del fantasma, eso sí, dándole una hálito de esperanza, quizá alguien se compadezca...
      De nuevo plasmas una descripción que raya la síntesis perfecta. Ni yo misma lo hubiese sintetizado mejor aunque sea la autora. ¡Estas cosas son muy emocionantes! Eres un lector vivaz y eso es muy de agradecer.
      Es un placer enorme tenerte como lector habitual en este rinconcito, que también es tu casa.
      Un abrazo

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