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La historia de Víctor, María y yo, la otra: Desengaño


 Contigo y entre embates 
me consterno, amor.
Entre arrullos, susurros, arrumacos, chanchullos al besar, arrebatos,
multiformes encuentros...taladrando el sentimiento,
dirimiendo el intelecto y atronando sensaciones.
Me siento atrapada y no concilio,
huyendo del narcisista ego y del vicio inextinto;
en tropel si hace falta, rehuyo mil y una tropelías.
Y no logro redimir las culpas definitivas, esas que venden viejas alcahuetas,
cuando forman los corros del negocio generoso. Y te cobran honorarios.
O las ancianas abuelas y madres con criterio riguroso y amor despiadado.
Son mujeres que se juntan en su entorno casquivano. Y mentan el nombre del hombre y de la mujer en vano
No pretendo sucumbir a los tumultos irresolutamente incontrolados, cuando solo en el campo hallo la paz.
En el café de la ciudad, el camarero, abogado del diablo, me aconseja:
me dice mal, que apriete en vereda. 
Que no perdone infidelidades, carros y carretas. Que le pague con la misma moneda.
Con mi Eros de la traición erótica, ¿voy a jugar, entonces?. ¿A qué? Si él se esconde...
Busco y busco sin cesar...y no contesta ni aparece...
En los labios de antes bebí su cáliz y la pócima de la bruja, después. Se juntaron efluvios, sudores, sangre y lágrimas...
Y fue entonces cuando me presentaron a Don Dolor. Con todo su paroxismo. Y su mal mesiánico. Y me dijo: o te arrepientes de quererle o el castigo es inefable.
Solo siento en las entrañas, que el parto sea inminente. Tengo a la bestia por hijo. Como al padre, buen pillastre...
No son otros que el enganche, la pasión, la cruel líbido...
Le deseo, como al Dios Vino. Como a una bacanal. Como Magdalena a Jesucristo. Aunque al fin me iré muy lejos, al reino del paganismo. 
Para soportar el desenlace. Ojiplático destino. 
Viento, fuego, agua y tierra. Los cuatro elementos se juntan y me señalan con el dedo. Porque no estoy bien bajo ningún estado y en genéricos conceptos. Siento rabia, siento frío, decepción y pesimismo. 
Sin mi hijo no hay sentido de existencia. Solo con mi amante cunde el existencialismo. Que no la esencia.
Y por eso mi renuncia pongo encima de la mesa. Por los siglos de los siglos. Así sea. Será ardua prefectura donde mande la cordura. Y me iré muy muy lejos. De su don y sus reflejos...para embaucarme. Me voy con ecos de madre. Y sin marido. 
No te cases ni te embarques, ni en abril, ni los martes, ni con algún matiz de tiempo. Y si lo haces mide bien que sea un acierto.
La hiel y su significancia, es pura redundancia. El engaño, repugnancia. Odio su idiosincrasia estando surcada su piel...y puesta la miel....en mis labios. ¡Cuánto agravio! ¡Cuánta trampa! ¡Y ternura solapada! Hasta en los cumpleaños. Y en las fiestas de guardar. En el trabajo.
Y en la cama.
Y en mi ignorancia de concubina. Pues ella, su diosa, era la reina. Y yo solo la otra.
¡Cuanto ardor en la soflama! ¿Y para qué? Pues para nada...Cupido disparó en mi vientre...
y dio en la diana...y mató al ángel complaciente...y murió allí mismo...entre arcadas y sacudidas. Entre mi crujir de dientes.
No curaré las heridas, hasta irme lejos, muy muy lejos. Perdiéndome en un sueño de realidad.
Realidad, ¿dónde estás? Dime qué eres verdad...y no una pesadilla. Puesto que fue él quien me pagó con mi misma moneda. Porque no quiero despertar. 
Tan solo mantenerme en el olvido. Y olvidar mi mala vida.
Y el deseo. Y nada más.


Amy Winehouse - You Know I'm Not Good



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Marisa Doménech Castillo
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