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    POESÍA DEL ALMA CHICA


    ABRIL

    Llueve. 
    Resbalan las gotas por el frio cristal 
    empañado de vaho.
    Afuera los niños gritan y corren.
    El ruido de una comba inocente, ¡zas!, 
    viento y arcoiris preparan el futuro incierto.
    Niños, cuerdas, tirachinas y pelotas de reglamento 
    se entremezclan en un batiburrillo infantizoide.
    La nocilla es untada con pasión por una enseñante 
    entregada a la rutina de la represión.
    Mujer cultivada que llora 
    mientras recibe la represalia del amante 
    sobre sus facciones. 
    El cristal enmudece 
    al son de la lluvia líquida. 
    Pareciera guardar un secreto inconfesable.
    El arcoiris representa la reparación simbólica 
    que no llega en los hechos.
    El viento desata su furia. 
    Igual que un amante iracundo.
    Como un recuerdo de los clamores 
    ahogados en la noche.
    Una mañana conciliadora. 
    La violencia ocultada.
    El pan con nocilla y una clase de matemáticas 
    son la tregua al horror.
    Paz sin principios. 
    Mujer devota. 
    Resignación. 
    Silencio.
    La tarde se enquista. 
    Se aproxima irreflexivamente.
    Hay riñas. Las traviesas manos 
    se disputan el pan con nocilla.
    La maestra llora detrás del cristal. 
    Su súplica es devengada, 
    pagada con el sudor de su sumisión.
    La mejilla derecha tiene tatuada un hematoma 
    impregnado de esa humedad 
    sanadora y nostálgica.
    La nostalgia de una infancia que no volverá.
    Infancia feliz que se pierde 
    en una nube cáustica, en 1975.
    Las nubes actuales del desarrollismo 
    rondan las cabezas de los infantes
    a la espera del trabajo adolescente, 
    cuando cumplan el cupo educativo más bajo.
    Descargas eléctricas y truenos 
    explotan cantarines 
    en medio de esta autarquía social 
    de cercana transición.
    -Niños, entrad al aula para merendar. 
    Se acerca una tormenta -expresa fervorosamente-.
    Ella contempla un cuadro del Bosco 
    en el paisaje escénico de su vida.
    Es su Jardín de las Delicias particular.
    Un encuadre simbólico de su paso.
    De dónde viene y hacia dónde va. 
    Lo descubre en tres tablas. 
    Del Paraíso, a la lujuria del pecado, 
    para después alcanzar el infierno en vida.
    Coge un pañuelo y se frota el hematoma.
    Atruena y la razón se difumina.
    Los niños comen. Ignoran la tragedia.
    La sociedad la ignora.
    El mundo la ignora.
    En verdad, se acerca una tormenta. 
    Y ni ella lo sabe.

    VERBENAS

    Fiesta popular. Jolgorio no embarrado, 
    pacífico, escrutado. 
    El populacho se agita
    amenizado por los hit-parade .
    Las pandillas, las orquestas y los agarraos, 
    últimos reflejos de la España salvaje
    en las ciudades, pueblos, pedanías y barrios.
    Explosión del amplificador,
    un presentador almibarado frente al micro 
    y los puestos de las ferias a rebosar.
    Los mendas se van de borrachera
    en un mundo suavemente diseñado, 
    no invadido aun por las tendencias.
    Te queríamos cutrerío, 
    experiencia kistch, 
    te adorábamos calimocho, 
    os ansiábamos torrezno y porras.
    Chocolate y frenesí de movimientos
    acompañando a dos jovencitos con acné 
    que hacen manitas
    escondidos detrás del entarimado.
    Algarabía sin complejos, 
    mezcolanza anti-cool
    de toda edad y condición.
    La pachanga de abuelos y abuelas
    y los críos correteando por todas las esquinas.
    Suenan Paquito el Chocolatero 
    y Los Pajaritos
    y todo parece un mundo mejor.
    No hay juerga sin el chu cu chu del baile del tren
    con señoras enseñando las medias 
    hasta las rodillas,
    mientras se contornean 
    por entre las cámaras frigoríficas 
    plantadas sobre la hierba
    y alrededor de los carteles 
    pintados con rotulador Carioca.
    Increíbles evocaciones esteticistas, 
    risas locas y fulgor en las fiestas patronales.
    El verano llegó y con él, el despiporre.

    EL SENTIMIENTO ERA UNA ROCA

    ¿Era el amor de porcelana
    o de jané de piedra de caramelo
    y yo no me di cuenta?
    ¿O aquella vajilla que contenía 
    el alimento del entendimiento era solo de loza?
    No siempre me arropaste, 
    pues tu dureza no contrastaba con tu origen,
    campechano por dentro, rudimentariamente rural.
    Los libros en el estante, llenos de polvo, 
    contemplaban tardes de costura arraigada.
    Eras como el vino viejo
    de áspera barrica
    y experiencia milenaria
    que trastoca la lógica de la niñez.
    Devuélveme el cariño 
    de los pechos de la lactancia,
    en el interior de la casa de planta baja 
    donde cada sonido se volvió armónico
    pero no entendió de nanas, 
    ni de cantos,
    ni de arrullos.
    Porque el trabajo soliviantaba.
    Demasiado. 
    No conmovía, ni llamaba a la poesía 
    a que dulcificara el alma,
    ni siquiera para dignificar el paso del tiempo.
    Y un hogar hermético es un triste destino
    para los pájaros libres que mueren enjaulados.
    Aves migratorias fueron a parar 
    al destierro de la razón.
    El sentimiento era una roca.
    La locura visitó tu tumba y se despidió de tí, 
    pues loco perdido quedaste, 
    mientras los tuyos te decían adiós 
    con ojos inmutables. 
    Todos descansaron.
    Incluso la muerte.

    HIPERBÓLICO

    Supercalifragilístico, 
    místico, 
    espialidoso, 
    cavernario, 
    sincrético, 
    agorero.
    Digestivo, como el pan y como el vino.
    Divertido y sinérgico.
    Misterioso y por resolver. 
    Frágil y muda sapiencia.
    Una de cal y otra de arena.
    Frugales alimentos y orquestados rezos.
    Equilibrios que no guardan las formas.
    Fondos poco rigurosos.
    Dudas, temores y vaticinios. 
    Se cumplieran o no, siempre acompañaban 
    a las decisiones trascendentales.
    Los errores se pagaron con creces
    aunque una sola ilusión no tuviera precio 
    debido a su valor incalculable.
    Veranos de magia, de insectos, 
    playa y arboledas.
    Inviernos destemplados por la lógica de la rutina.
    Rituales idealizados, no celebrados 
    y otros no recordados,
    mezclados con los santos del calendario 
    y las misas de los domingos.
    Los castigos del cura-profesor
    fueron arbitrarios. 
    Era como jugar a la ruleta rusa, 
    o deshojar la margarita. 
    Hacíamos gimnasia disciplinadamente
    y realizábamos excursiones de boy scout.
    Y jamás nos quejamos ni protestamos por nada.
    Ni siquiera con la mayoría de edad.
    El hambre ya no agudizaba el ingenio
    pero había que alimentar a muchas bocas 
    el día de mañana.
    Esa era la propaganda.
    en un país incipientemente aperturista
    visitado por rubios y altos suecos.
    Luego llegaría otra pequeña revolución
    tras haber trascendido el Mayo del 68.
    Luces y sombras y un gran desvarío:
    las bases y la OTAN se preparaban 
    para tener presencia física.
    En medio de la Guerra de Camboya.
    A pesar de todo hubo riqueza.
    Siempre supimos hacia dónde ir.

    DE NANCYS Y PEPONAS

    Las niñas que conozco 
    cantan alegremente 
    al llegar la primavera:

    "Arroz con leche
    me quiero casar
    con una señorita
    de este lugar
    que sepa coser, 
    que sepa cantar,
    que sepa las tablas de multiplicar..."

    Y yo, disfrazada de astronauta,
    a la escuela me encamino. 
    Los deberes terminé 
    los de mi fiel cuadernillo.
    Seré bailarina en el cumple,
    y cantaré con mi estilo.
    Lo haré con tutú de ballet, 
    con la cola de caballo al aire,
    mientras le arranco el rabo a una lagartija
    de ojos saltones, mimética y geológica.
    Tú no lo sabes, mamá, 
    el mantel "tu y yo" me reclama identidad,
    pero no quiero el arte que ofrece, 
    una vida en sacrificio
    para un hombre mandón 
    y seis o siete chiquillos;
    tras la boda, la moraleja.
    Y si ya nadie me corteja, 
    ni monja, ni farisea.
    Los largartos que rían
    bajo las piedras de río,
    que yo me arreglo con brío,
    sin que nadie me entretenga.
    Como auténtico pardillo,
    me fuí con el ruiseñor,
    mi Pedrito, que era un primor,
    el novio que a una le queda
    sin arenga o resquemor.
    Solo besitos al aire.
    Con todo salero y donaire.
    Pa que lo sepas,
    papá me llama princesa.
    jugando al mus en derredor, 
    entre nancys, peponas y estrellas.
    Tricotosa, tricotera.
    ¿Sabe usté, qué le digo?
    No quiero ser paridera, 
    que pa niños ya estoy yo.
    Estudiante, de primera.
    Saqué diez en ilusión.
    Pues en eso no me achanten
    ni me hinchen de dolor.
    Las muñecas miran todas, 
    hacia un lado del estante, 
    de frente y por un instante, 
    me cautivaron sus trajes, 
    sus collares y pulseras.
    Pero pronto dije: -¡ea!,
    mi madre ya tuvo bastante, 
    de profesión maquinera,
    cinco hijos y un desplante,
    la vejez, el mal menor.
    Cantando y sin agobiarse,
    como esta madre en la guerra,
    Pedro y yo, así, cogiditos, 
    llegamos a la verbena.
    Tan juntitos y arreglaos,
    pues alegría no hereda.
    Yo de mayor quiero ser,
    maestra o buena enfermera.
    Mi papá siempre sostuvo: 
    La niña tiene solera.
    En estos tiempos que corren
    voy a hacer una carrera.
    A mi Nancy y mi Pepona,
    las vestiré de ingenieras.

    ¿Y TU? ¿CUANTO DE NIÑO FUISTE?

    Imaginé ser alguien más, 
    interaccioné con el juego,
    la adivinanza, los cuentos...
    hablé con mis hadas,
    llevé los codos y las rodillas
    negros como el tizne,
    exploté globos con agua,
    disparé balones en mitad de la calle,
    paseé a mis mascotas por vastos reinos,
    rodé en bici por puentes de cristal,
    convertí a las ramas de un árbol en espadas,
    cualquier marca en la superficie 
    era un punto a recorrer
    y haciendo una T con las manos 
    lo detenía todo.
    Soñé con otros mundos 
    y fabriqué robots y potentes máquinas,
    luché contra todo tipo de monstruos,
    cacé insectos con mi gorra,
    aplasté moscas y mosquitos,
    atravesé el mar del río a nado,
    encontré exhuberantes tesoros perdidos,
    fuí un pirata patapalo,
    pronuncié las palabras mágicas 
    y comí pasteles por la noche, 
    robándolos de la alacena.
    Dime si eso no es magia pura...
    Ah... ¿qué tú también...?

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    Este Post Está Escrito Por:

    Marisa Doménech Castillo

    Soy la autora de este blog y bloguera desde 2014. Y fue un flechazo; casi por casualidad, porque fue trasteando por internet, cuando ví la posibilidad de crearme un sitio para escribir. Ahora, tras mucho trabajo de documentación en marketing digital, a mi nivel, claro, y también de búsqueda de información temática, he decidido iniciar mis pinitos como redactora de contenidos o freelance, como prefiráis, es decir, profesionalmente. Si bien, ya he colaborado con algún blog/web. En realidad soy activista política.BIO @NuevoItaca  E-MailEspero que vuestro paso por aquí sea lo más agradable posible para vosotros/as.
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