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ENSAYO PERVERSO: EL POR QUE DE LA ATRACCION PSICOLOGICA HACIA EL MITO DEL ZOMBI


LOS ANTECEDENTES DEL MITO DEL ZOMBI 
LIGADOS A LAS TRANSFORMACIONES 
QUE HAN CONFLUIDO
EN LA SOCIEDAD ACTUAL

Antes de embaucarme en el análisis del significado más popular y reconocido del mito del zombi que todos asumimos en su representación literaria y cinematográfica, fenómeno surgido como tal a partir de la primera década del siglo XX, aproximadamente, me voy a remitir al origen sociocultural propiamente dicho, esto es, a su genealogía como concepto y como conformación del personaje identitario. Y como todo fenómeno de masas, siempre hay un precedente cultural y literario, el reflejo de una motivación primaria, la génesis de la voluntad de alguien que se pregunta cuestiones novedosas al respecto y se otorga respuestas a través de manifestaciones de su psiquis plasmadas en alguna obra o legado. Tal es el caso de The Magic Island, el primer texto donde aparece el zombi como ideario del "muerto viviente", la primera analogía asociada a este nuevo paradigma creativo del espectáculo moderno y que en la actualidad ya tiene sus específicas categorías en la escritura y en el cine, dominantemente consideradas como un "subgénero".

William Buehler Seabrook escribió The Magic Island (La isla mágica) donde describe su interés fundamental por el vudú y el culto de los muertos.




  • Tapa blanda: 528 páginas
  • Editor: Valdemar (1 de abril de 2005)
  • Colección: El Club Diógenes
  • Idioma: Español
  • ISBN-10: 847702510X
  • ISBN-13: 978-8477025108

Norteamericano perteneciente a la Generación Perdida, amante del ocultismo, periodista de profesión y escritor, viajero y explorador, hijo de sacerdote protestante, deja un legado que marca como claramente evidenciada su atracción por el misticismo y lo sobrenatural.  La Isla Mágica se convirtió automáticamente en un best seller tras su publicación y todavía, a día de hoy, continúa vigente su notable influencia, siendo un clásico en su género. Seabrook fue capaz de convivir con tribus del Africa Occidental, como los Guere. Pero nada mejor que transcribiros la declaración del propio aventurero para reflejar su experiencia de canibalismo. Como consumidor de carne humana, comió un filete de cadera de estofado acompañado de arroz, motivado por la invitación del jefe de dicha comunidad tribal y esto es lo que dijo:

"Sabía bien, como si fuese de un desarrollado ternero, no tan joven, pero no todavía como un filete de res. Fue definitivamente como eso, y no fue como otra carne que no había probado nunca. Una carne muy cerca de ser una buena ternera, que considero que ninguna persona con un paladar de sensibilidad común y corriente podría distinguirla de aquella. Era suave, buena carne sin otro sabor definido o muy característico, como por ejemplo, lo tienen la cabra o el cerdo en alto grado. En el estofado la carne fue ligeramente más dura que aquella de ternera, un poco fibrosa, pero no demasiado dura o fibrosa para que sea agradablemente comestible. El asado, del que corté y comí una rebanada central, estuvo tierno, en color, textura, olor y sabor, fortaleciendo mi certeza de que de todas las carnes que habitualmente conocemos, es la carne de vacuno la que esta carne con la que es exactamente comparable".

Otro elemento nodular que se ha ido perfilando como consecuencia de la aparición de la mitología zombi procedente de las manifestaciones chamánicas como precursoras fenomenológicas, esto es, el factor dirigente que ocasiona su irrupción influyendo en la significación psicológica y emocional posterior de los "zombies" de la era moderna, es el cine, una de sus herramientas difusoras. Pero vayamos primero a analizar las causas y varios de sus aspectos motivacionales. Tomemos como un primer referente antecesor las experiencias colectivas inferidas dentro de la dinámica de grupo determinante en la actividad de las primeras comunidades tribales, capaces de dirigir el comportamiento del hombre prehistórico. La práctica social de los primeros hombres permite que se desarrolle como estímulo evolutivo un deseo primario ancestral íntimamente ligado al instinto de supervivencia. La percepción natural del peligro unida al miedo como respuesta emocional subsiguiente son dos indicadores necesarios que garantizan la preservación de la especie, activando el impulso por defenderse de los depredadores o de otros homínidos, de los elementos ambientales y climatológicos propios de su ecosistema natural... Algunos antropólogos apoyan la teoría de que los miedos ancestrales han sido heredados por el hombre actual, erigiéndose como uno de los rasgos evolutivos que marcan a nuestra especie. La idea de que son como pulsiones inter e intrageneracionales la recoge y desarrolla Jung cuando elabora la tesis de que existe un inconsciente colectivo originario que se ha ido transmitiendo de padres a hijos a lo largo del transcurso histórico de las distintas sociedades humanas. Basándome en los arquetipos o determinados modelos esquematizados de la conducta y del pensamiento, voy a tomar como referencia el punto de vista que aporta Carl Jung aun cuando esta tesis carezca de un carácter materialista y científico, ya que es una interpretación de la realidad, por tanto, fundamentada desde la percepción subjetiva del propio Jung y su pensamiento. Aunque no por ello, deberían asignarse sus categorizaciones como conjetura, sino como certeza no centífica, pues muchos de los aspectos que se sobredeterminan y determinan su relación en un entorno de realidad histórica y provocan el fenómeno de zombificación que todos conocemos, tienen sus antecedentes en el deseo de pervivencia del alma, la transmutación a la muerte, y la trascendencia al más alla, vivenciados, por ejemplo, en los rituales funerarios o el culto a los muertos, los embalsamamientos, las incineraciones, la fase de duelo, o la resurreción como el paso a otro estado espiritual, la percepción de la putrefacción del cuerpo físico, etc, así como la vuelta como renacimiento. Certifican que estamos ante una parte de la realidad que permite la interpretación parcial del mundo en un contexto histórico dado, como suele ser el representado por cualquier comunidad tribal prehistórica o del modo de producción esclavista incipiente posterior. Es un concordato común, un negociado instintivo, propio de las distintas civilizaciones y que se ha desarrollado a lo largo de las mismas, de forma interna y externa. Es por ello, que depende para su expansion global de los rituales endógenos, del brujo, chaman o sacerdote, de su pragmatismo primitivo desde la exogénesis y su idealización subjetiva y también objetiva, al ser dichos elementos citados, susceptibles de poder interrelacionarse entre sí y entre los distintos miembros de una determinada población de hombres o grupos afines. Podemos considerar este tipo de influencia como mínimo, dialéctica y no unilateral ni mecánica. No confundamos esta reciprocidad conjunta que determina y sobredetermina varios factores confluyentes para explicar el comportamiento básico de la especie humana y sus costumbres instintivamente evolutivas, con supuestos casos enlazados con los fenómenos físicos de la naturaleza derivados del análisis meramente basado en la causa y el efecto o la acción-reacción. Se debería rechazar como explicación del fenómeno la simple unilateralidad, ni siquiera la unión de dos elementos que solo se excluyan o únicamente confluyan en una línea recta. O que tienen principio y fin como un segmento acotado. Esto lo digo para establecer comparativamente otro paralelismo global y empezar a formar una detallada definición multidisciplinar, que a lo largo de todo este ensayo será la determinante. Es decir, el análisis resultante, sería lo suficientemente reduccionista o esquemático usando escasas variables y sus correspondientes combinaciones, también deficitarias en tal caso, como para entender el problema dado desde un único o pocos puntos de vista parciales y/o siendo igualmente aplicado su objeto de estudio desde pocas categorías del conocimiento y con la metodología propia de la ciencia experimental que explica aquellos procesos sometidos al estudio y a la adjudicación de una conclusión teórica o hipotética, dentro del parámetro tiempo, y en medio de un proceso de diagnóstico diferencial. Esto último, por ejemplo, es una de las premisas de diagnosis y de praxis que utiliza la psiquiatría, si bien, no la única, puesto que se basa formalmente en los supuestos químicos o farmacológicos de los resultados terapéuticos aplicados una vez se ha detallado supuestamente la categoría diagnóstica dentro del marco del manual Diagnóstico, no busca la génesis, la etiología ni el origen. Todo este campo basado en las hipótesis o la teorización, ofrece datos imperfectos, dentro de un margen pequeño o grande de error y solamente aproximaciones, pero no concluye en tesis que definan verdaderamente un comportamiento patológico. En ocasiones, no se logra percibir si la patología supuesta es perdurable o estructural, crónica o su grado de temporalidad es agudo. Un método escasamente fiable e incorrecto. No sería éste el caso del análisis arquetípico de Young que demuestra que los mandalas, por ejemplo, y que define en uno de sus capítulos de Los Arquetipos y el Inconsciente Colectivo, se repiten o aparecen en diferentes contextualizaciones grupales, en diferentes perspectivas geográficas unas de otras con una reiteración genealógica, es decir, generacional, y que tienen una causa, que conforman  un patrón definido y son culturales, dependientes de la práctica social al mismo tiempo, o sea, no provienen de la conciencia para su existencia, por tanto, a pesar de su subjetivismo y su carácter interpretativo son utilizadas para definir la realidad por grupos de hombres en un modo de producción dado y en cualquier sociedad humana con rasgos intrínsecos. Y esos mismos hombres de la historia sienten empatía hacia sus arquetipos, tal es lo mismo, que decir que se identifican en lo personal, aunque también dentro de su ambiente, contexto o entorno. Se puede afirmar que esta sensación está históricamente determinada en función de la época, del sitio donde se viva, del grupo de acogida, de la caracterización y rasgos políticos, sociales, culturales, etc. Ello demuestra que este análisis no es una mera conjetura. El mito del héroe, o la figura del sabio, son dos ejemplos de arquetipos que aparecen en los estudios de Carl Jung y que siguen los últimos postulados que acabo de definir para su declaración de existencia. Con la diferencia del psicoanálisis de Freud, o de la teoría de la relatividad de Einstein, como refutación de aseverar que sea una verdad absoluta, me atrevo a decir, que ni los arquetipos ni los mandalas, existen con independencia de la percepción humana, puesto que se necesita de los cinco sentidos y de sobre todo, la observación, como premisa de identificación básica. No es ciencia materialista, pero si reveladora de certezas interpretables, éstas, por cierto, cualitativa y cuantivamente comunes a las diferentes sociedades y a muchos de sus aspectos, de los cuales, se aperciben muchos grupos de hombres entre sí y por sí mismos. Si aplicamos esto a la mitificación zombiana desde su aparición temprana en la etapa de la misma y observando los rituales del vudú hasta llegar a Romero y a los últimos espectáculos de ocio referentes, comprenderemos mejor por qué la visión de un zombie afecta tanto a la psiquis, a las emociones, produce miedo aun siendo ficción, o sencillamente curiosidad. Incluso entenderemos por qué existe toda una industria alrededor en el celuloide y en la literatura, también por qué ha adquirido el zombi moderno tanta repercusión y línea de masas y representa toda una fenomenología. Pero os recuerdo que todavía os estoy presentando el origen. Por aclararlo con una imagen que todos conocemos, es como un intento de buscar el primer elemento atómico de vida, la primera partícula. Como lo que refiere la ciencia aplicada no materialista, que especifica que las moléculas o átomos surgieron en primer término en el agua, en forma quizá de bacterias. Pues imaginaros por qué os he contado todo esto en primer lugar. El ensayo continúa, ¿eh?


Desde mi punto de vista personal y opinable, basado en mi propia percepción y observación, sostengo la posibilidad de que pueda existir también, y a pesar de lo dicho anteriormente, una relación directa causa-efecto desarrollada progresivamente en el tiempo, que asocie la teoría de los arquetipos y del inconsciente colectivo con la irrupción de la imagen arquetípica del muerto viviente, esto es, de manera directa, cuyo perfil identitario es capaz de interactuar social y culturalmente en una época de inestabilidad y convulsión tan particular como lo pueda ser la época significativa en que nos encontramos. Se trataría del mismo proceso de transmisión vehicular que ahonda en uno de los aspectos gnoseológicos representativos del alma, como lo es la divulgación generacional y acumulada del conocimiento, del arte y del saber. Se trataría de un mecanismo antiguo y muy arcaico pero que puede explicar por qué los sentimientos más básicos le son implantados a la especie humana como una marca de ADN. Sintetizaría la necesidad existencial de trascender a la propia muerte física. Y esto os aseguro que no tiene un carácter reaccionario ni hace referencia a la típica naturaleza genética que todos poseemos. Nosotros y el reino animal y vegetal. También los diferentes elementos no vivos de la naturaleza, presentan materia.

Habiendo situado la hipótesis bastante certera (está históricamente determinada, como ya hemos dicho, y se repite aun cuando los pueblos y tribus de la antigüedad no hayan tomado contacto entre ellos y estén muy alejados geográfica y culturalmente) y de la que poder partir para intentar justificar la aparición de los posibles antecedentes del mito como fenómeno extendido en la sociedad de los siglos XX y XXI, considero interesante proveer al ensayo del refuerzo necesario que ayude a la máxima comprensión del tema. De modo que voy a dar un giro al contenido, puesto que el objeto de estudio que explique qué es la mitomanía zombi asentada en nuestros días e influyente en la psicología de las masas, no debería ser exclusivamente la antropología social y cultural, que puede explicar muchas cosas pero no todas. Considero que para comprenderlo mejor es necesario recurrir a un análisis multidisciplinar, dentro de lo posible; lógicamente haré una selección de aspectos y cuestiones centrales en las que basarme y que me acerquen a la obtención de respuestas desde mi nivel de conocimientos. Para ello, voy a procurar poner en práctica una estrategia holística, es decir, que esté enfocada a la globalidad. Por eso, me permito no restringir el campo de investigación. Además, el tema ya de por sí, se presta a establecer una multiplicidad asociativa, considerando distintas variables y combinatorias y obliga a no reducir, como ya he dicho antes, su objeto de estudio que supondría tener que limitarlo únicamente al análisis de la probable vinculación del fenómeno con el pensamiento y las costumbres de pueblos primitivos y preindustriales. Si ampliamos el enfoque de estudio, nos abrimos a un mayor conocimiento causal del fenómeno zombi y descubriremos efectos o reacciones que han contribuido a su viralización, a través de la relación del ser humano con la cultura, las costumbres, los mitos, las creencias, las normas, además de aquellos valores que guían un determinado patrón de comportamiento en un grupo o grupos y la forma en que un colectivo determinado se identifica con el mito expresando sus manifestaciones a través de diferentes canales de expansión y comunicacionales.

A partir de aquí, os hablaré de los inicios cinematográficos y de las diferentes formas artísticas y de expresión que han contribuido a construir e ir perfeccionando la figura del muerto viviente como proyecto mediático y lúdico. Quizá os sorprenda de dónde procede la caracterización moderna, la de los monstruos infectados que muerden a los humanos y se propagan como una plaga endémica por todo el planeta. A pesar de divertirnos y pasar mucho miedo con esos entes singulares y aberrantes  que protagonizan series tan exitosas como la de The Walking Dead, os puedo asegurar que su conexión con el personaje original, el zombi clásico del vudú, ni es directa, ni unilateral, y nada o muy poco tiene que ver con el vudú. Inevitablemente el proceso de transformación renovadora ha sido bastante radical y ha venido acompañado de notables cambios, tanto en el aspecto y atribuciones físicas, incluso psíquicas, como en su propósito objetivo y subjetivo a la hora de ser mostrado al mundo. Y digo inevitablemente porque pretendo fundamentar dichos cambios desde diversos puntos de vista que expliquen los motivos y las intencionalidades. No solamente los hechos. 

Atendiendo, de entrada, a este aspecto en particular, os remitiré a la primera película de zombis de la historia, White Zombie, protagonizada por Bela Lugosi, además, de otros filmes como Das Kabinnet des Dr. Caligari, Dr. Mabuse, der Spieler y Svengali, con el objetivo de desentrañar su significado psicológico inconsciente y el transfondo sociológico de la zombificación en la mente colectiva:


White Zombie (1932) - Victor Halperin 
(Película Completa)

White Zombie, la legión de los hombres sin alma, fue una película solo en un 15% sonora, por lo que cosechó malas críticas. Si bien, por la parte del público sucedió lo contrario, pues la respaldó, circunstancia que propició su rentabilidad, lo cual benefició a los hermanos Halperin, Edward y Victor, propietarios de una pequeña productora independiente.

El 10 de febrero de 1932, se estrenó una obra de teatro de Kenneth Webb titulada Zombie, basada en el libro The Magic Island de W. B. Seabrook. Sin éxito, la obra fue retirada al cumplir las 21 representaciones. El guión que escribió Garnet Weston, por encargo de los Halperin, tuvo como base material, precisamente, la influencia de la obra teatral que Edward y Victor habían presenciado. Ambos fueron acusados de plagio por el autor de Zombie, quien intentó detener el rodaje de la película, aunque finalmente fue estrenada el 4 de agosto de 1932.

La cinta de los Halperin tuvo repercusiones mediáticas posteriores. El grupo de rock industrial y groove metal White Zombie, tomó su nombre en conmemoración a esta película. Se disolvió en 1998, pero a lo largo de su trayectoria dejó temas musicales de carácter fantástico y con un contenido marcadamente surrealista, algo que se puede considerar un tributo a la obra de los Halperin. Crearon toda una plasmación musical y escénica que contenía referencias y guiños fetiche hacia las series B, a las películas de Roger Corman, sobre todo, las rodadas en colaboración con la mítica productora Hammer, o respecto a las de Russ Meyer, así como también, hacia los cómics y fanzines, la ciencia ficción o la cultura decadente estadounidense. Su auge coincidió en 1990 con el de otros grupos, tales como Monster Magnet, The Cure, o con el target popular que ejercía el cantante Marilyn Manson, puesto que uno de los movimientos que se puso de moda en aquella época apoyaba la irrupción de nuevas tribus urbanas abanderadas por el Gótico o la amalgama de terror gore que desprendía la influencia de los llamados Siniestros entre los más jóvenes.

White Zombie  
-Super Charger Heaven-


The Cure - A Forest


Llegados a los años ochenta, la Subcultura Gore, con la afluencia de lo tenebroso, de lo "oscuro" devino hacia la hipercontextualización más radicalizada. El "splatter" (salpicar), en su simbolismo más aberrante y cruento, se dirigía a la plasmación efectista y emocional que se lograba a través de la reverberación visual lograda de forma muy explícita mostrando la sangre, las vísceras y la ejecución de desmembramientos corporales. El anfitrión de esta fiesta sanguinolienta era un público nuevo, consumidor de películas gratuitamente violentas, donde aparecen como prototipo genuino del shock catárquico más perverso las llamadas películas "Snack Movie", que reproducían sacrificios humanos reales en medio de procesos de tortura y asesinatos macabros. De estos metrajes, dicen quienes los han llegado a visionar que son verdaderamente escalofriantes. A nivel popular, tanto homogéneo como heterogéneo, nace la época del "salpicar" la sangre a borbotones, visibilizar purulencias y heridas, carnes descuartizadas, muertos que reviven y se comen la carne de los humanos vivos, personajes identificados como villanos enmascarados que recrean la figura de los neo psicópatas que aparecen en las historias contadas en las sagas de "Scream", "Viernes 13" o "La Matanza de Texas". Y de manera bastante friky, particularmente estilosa, este fenómeno queda reflejado en la serie de películas que protagoniza el legendario personaje de Freddy Krueger, Pesadilla en Elm Street, todo un icono pop y cultural de la década, un totem.

Volviendo al modelo del zombi de los años treinta y a su incursión en el sistema social y político que acontece de acuerdo al contexto histórico, quiero señalar como dato relevante, que la película White zombie, contiene un significado mucho más profundo que la mera especulación respecto de lo desconocido. Su sentido de la realidad mantiene la lógica raigambre impregnada de la crítica social, como trasfondo que pretende explorar la problemática estructural expresada en los múltiples conflictos interraciales que afloraron desde principios del siglo XX en EEUU y que mantenían un peso análogo al rechazo social hacia la desigualdad, la xenofobia y el racismo que padecían de manera intensificada los negros, muy a cuenta de la proliferación de las barriadas de guetos, como el Bronx o Brooklyn donde las minorías étnicas malvivían y lo siguen haciendo en la actualidad, pendientes de sobrevivir entre la marginalidad, las drogas y la precarización y explotación laboral, condicionantes estructurales que tienen cada uno de ellos un determinado peso específico dentro de la economía sumergida. 

El hecho de que fuesen personas de raza negra las que se convirtieran en zombis demostraba los prejuicios de la época, generados y alimentados gracias a la propaganda desplegada por la clase en el poder. La recién adquirida libertad de los negros siguió estando controlada por el Estado que restringía al máximo sus derechos y libertades fundamentales. Ahora los antiguos esclavos eran los obreros explotados en las fábricas que no tenían más opción que vender su fuerza de trabajo como quien vende patatas. Estaban doblemente explotados porque mientras se iba gestando un capitalismo monopolista todavía incipiente en los años treinta, la oligarquía financiera y sus burguesías, la clase dominante, ésta seguía frenando la plena autonomía de la minorías interraciales y negándose a dar carta blanca a las necesidades de emancipación real de los negros en EEUU. Un país caracterizado por aplicar una economía proteccionista y realizar una propaganda sin límites de la ejemplaridad de sus instituciones democráticas, también era el exponente chauvinista de un exhacerbado patriotismo cuyo objetivo era incrustarse todo lo posible en el ideario costumbrista de esa mayoría blanca, reconducida en su papel de tener que apoyar el llamado "sueño americano".

Es precisamente este discurso racial incuestionable por ambas partes (no sería hasta la llegada de los años cincuenta-sesenta cuando surgen las luchas contra el Apartheid en Suráfrica y se impulsa el movimiento por los derechos civiles en EEUU) el que propició, como dato anecdótico, que la película White Zombie fuera una de las pocas aprobadas por el régimen nacionalsocialista que promulgaban los nazis.

Aparte del aspecto racial y el tipo de discurso segregacionista que filtraba la película en su contenido manifiesto, White Zombi, así como otros filmes de similar calado, como por ejemplo, Yo anduve con un zombie, también fueron capaces de extrapolar su lenguaje sociológico y repercusión mediática al conjunto de la sociedad norteamericana y europea. Mediante atribuciones tendentes a desnaturalizar ideológicamente al poder dominante, aunque de manera indirecta, ayudaron a generar la elevación del nivel de conciencia colectivo valiéndose de un mensaje social subliminal que desprendía y mostraba una pequeña parte del problema. Si bien fueron otros los mecanismos puestos a disposición de los obreros negros y que contribuyeron a dar forma a su alegato, resultaba también efectivo cualquier estímulo que ayudase a detectar y aislar la desigualdad y la segregación racial. La confluencia de factores sentó las bases que iban a permitir la práctica de la crítica social que, a su vez, ayudó a generar el rechazo mayoritario plasmado dos décadas después en la creación de un amplio movimiento en defensa de los derechos civiles, y muy especialmente a favor de la minoría negra.

No solamente eran los negros los únicos que podían ser zombis, sino que los trabajadores asalariados que conformaban las mayorías llamadas comúnmente de clase media (término apodado por la propia burguesía monopolista norteamericana), eran los protagonistas de un paralelismo que les señalaba muy directamente como muertos en vida, zombis sin conciencia, entes alienados dentro de un modo de producción que les impedía gozar de una libertad verdadera, propia, connatural, igualitaria. En paralelo al crecimiento económico y los años de bonanza, una vez superada la crisis cíclica del crack del 29 y coincidiendo con el período de Entreguerras, junto al desarrollo tecnológico y el aumento de la productividad en sectores como el de la automoción, la química, la industria armamentística, los medios de comunicación (cine y radio), la conformación incipiente de la burguesía del complejo militar industrial, etc, se produjo el advenimiento como fenómeno sociológico, económico y político de una extensiva cultura de masas, en donde el consumo de productos de tipo cultural, artístico y de ocio, se volvió más genérico y homogéneo. Por ello, no resultó difícil que apareciese una respuesta colectiva de tipo humanista consistente en establecer una similitud figurativa con el individuo solitario que forma parte de un todo indeterminado, abstracto, que tiene que lidiar con la competencia agresiva para escalar peldaños sociales y que se encuentra desprotegido de la amenaza financiera de las élites y directamente afectado por la desigualdad creciente. La figura identitaria e imaginaria del zombi ejemplificado como una criatura sin conciencia que vive en medio del caos y que está muerto en vida, es un paralelismo del hombre oprimido y explotado que es dirigido por los centros de poder monopolistas y corporativistas como si fuese una marioneta sin autonomía propia y sin ninguna capacidad de decisión. Esta analogía era y es ahora, una realidad poética pero también objetiva en una sociedad predeterminada por un capitalismo que, a mediados del siglo pasado y en aquella coyuntura, estaba dejando de ser de libre cambio, donde las oportunidades de progresar se basaban en la competitividad asociada al individualismo y al egoísmo del pequeño burgués que se mira el ombligo, pensamiento difundido por la clase en el poder, ese era su objetivo, defender el reducido espacio de la propiedad privada. Sujetos anónimos pertenecientes a las masas ingentes y donde el sentimiento de pertenencia al grupo no se supeditaba a la familia y al entorno más cercano y conocido, representando al aparato ideológico, sino al papel que cumplía un capitalismo monopolista de Estado naciente cuya clase en el poder era la difusora del pensamiento dominante en todas las esferas de la vida y cuya naturaleza esencial se basaba en explotar y oprimir al resto de clases por debajo. Solo que a través de los monopolios y la competencia intermonopolista e interimperialista, produciéndose una cada vez mayor concentración y acumulación de capital y una desigualdad creciente. Como hoy en día sucede.

Haití, una isla mágica y exótica, desprendía una fascinación embaucadora en el ciudadano estadounidense. Como he señalado antes, la rebelión interracial de un sector de la población que tampoco era tan minoritario, hizo despertar la conciencia del negro oprimido, justo a partir de la década de los cincuenta, de su letargo e indefensión aprendida, impuesta a golpe de leyes e injusticias opresoras cuyo origen proviene mucho antes, de la época en que se empezó la llama expropiación originaria para que la burguesía pudiese pocos siglos después tomar el tomer y convertirse en una clase opresora. Naciendo el proletariado, habiéndose forjado las condiciones para ello y una legión de trabajadores que no tenían nada que vender, más que su fuerza de trabajo, es decir, lo que les costara reproducirse un día tras otro y mantener a sus hijos que a su vez, eran mano de obra barata. No se tardó en implantar como reacción natural el activismo político frente al dominio y la supremacía de la burguesía norteamericana del complejo militar industrial ya en el siglo XX. Muchas cuestiones sistémicas, condicionadas por la práctica social y el Estado ligados al Capitalismo, como digo, suscitaban el deseo y los anhelos de lucha de las minorías consideradas inferiores y desprovistas de derechos. Una forma romántica de luchar se basó en ideas sinérgicas que llevaron a rebelarse a cientos de miles de personas en EEUU pero no solo en el terreno político, también desde un punto de vista teoricista, intelectual. Se trataba de un patrón de pensamiento transmitido de padres a hijos, desde los esclavos de las plantaciones sureñas del XIX, hasta la etnia de descendientes de aquellos, y que formaba parte de la sociedad norteamericana de manera consolidada, aunque muy afectada por las políticas que impulsaba la mayoría blanca, por el abismo social y el racismo. El modelo identitario nuevo que guiaba a la minoría negra, pretendía establecer un ideario emancipador y libertador que enlazaba con el aspecto lúdico de la vida, del entretenimiento comprometido, de la conciencia política transformada en la expresión popular del ocio y el divertimento con una cierta conciencia ideológica, pero deficitaria, sin guía. Todo ello en paralelo a las luchas de la calle, el movimiento pacifista que impulsaron los hippies y la conciencia antibelicista popular desatada tras la guerra de invasión que estaba teniendo lugar en Vietnam. Es por ello, que ciertos temas asociados a los cultos sincréticos propios del africa milenaria y que recordaban a los antiguos esclavos resurgieron con viveza. Fue el caso del vudú haitiano y el culto a los sonámbulos, a los muertos en vida, elementos que quedaron plasmados de un modo idealista y misterioso en el mundo de la farándula, del cine, de la radio, de la literatura, de la poesía... Ellos, los protagonistas de la historia, los negros oprimidos, vivían ahora aplastados por el yugo de la burguesía monopolista de ese Complejo Militar industrial constructor y propulsor de los tratados y acuerdos de la OTAN, una superestructura militar que cumple un papel dirigente en el dominio del mundo a través de la fuerza y del lugar que ocupa EEUU como cabeza del Imperio. Porque una vez finalizada la 2ª Guerra Mundial se establece un nuevo reordernamiento geoestratégico, erigiéndose el Pentágono como un órgano capaz de decidir por la fuerza el destino de los países de la cadena imperialista que se encontraban bajo la órbita hegemonista. Sin embargo, la lógica de lo inmediato, de lo próximo, la cercanía de la rutina social, les indicaba que en el propio país sus máximos dirigentes no estaban siendo más benévolos con ellos mismos que con los ciudadanos de otros países. Las conciencias también demandaban relajarse a través del arte, de las vanguardias y de lo novedoso. De vez en cuando, había que darse un respiro.

A la literatura estadounidense se la suele asociar con el estilo Gótico. Por su parte, la radio se convirtió en un canal con una considerable apertura de emisiones que gozaba de una gran línea de masas. La guerra de las audiencias se asomaba alentada por la competencia entre las diferentes emisoras y estaciones de radio. Así, se crearon nuevos géneros y formatos que despues fueron extrapolados a la televisión para su adaptación posterior. Entre 1930 y 1950, los radioescuchas preferían los cuentos de terror a las comedias y los zombies hacían sistemáticamente acto de presencia entre los más de 80 programas que se emitían cada semana. En literatura florecieron las narraciones breves y los cuentos que se habían publicado previamente en revistas pulp como Weird Tales y Strange Tales. El modus operandi de la radio teatro estaba hecho al estilo de Seabrook, donde un hombre, mujer o pareja, siempre de raza blanca visitaban la isla de Haití (haciendo honor al modelo sistémico identitario típico del zombi haitiano procedente del vudú, otras veces, representando a un ser maligno que amenazaba a la raza humana). Muy alejado del actual show gore de naturaleza caníbal manifiestamente explícito y sangriento, archiconocido y explotado hasta la saciedad, basado en la historia de un apocalípsis zombi provocado por una mutación, experimentos biológicos o bacteriológicos, una infección epidemiológica o un virus de laboratorio o provocado por aliens extraterrestres que toman contacto accidental con la tierra. En ocasiones, el modelo alternativo al zombi haitiano por antonomasia, aquel que empezaba a manifestarse elucubrado en la postmodernidad pero todavía enfundado de una aureola espiritualista, la de mediados del siglo XX, no se limitaba a quedar enfermo, sino que no se diferenciaba de los seres humanos, es decir, poseía una conciencia, pensaba hablaba, sentía y a menudo, trabajaba esclavizado sirviendo incansablemente a su amo blanco.

Una vez finalizada la etapa consiguiente a la 2º Guerra Mundial, tiene lugar ese nuevo reparto del mundo. EEUU se constituye como el cabeza del Imperio y se expande encumbrándose como primera potencia militar, política y económica mundial. Además, con el dolar como patrón moneda gracias al papel que tenía adjudicada la Reserva Federal, la fábrica internacional de hacer dinero. Despues, entrada ya la década de los cuarenta, los yanquis comienzan a disputarse la hegemonía con la URSS por la supremacía en el nuevo orden (y que daría lugar al proceso de la Guerra Fría). Parece ser que durante esta etapa, la popularidad de estos primitivos seres vinculados a la religión teísta y animista de las etnias del Africa Occidental que profesan cultos sincréticos y se someten con disciplina a la santería, desciende hasta las cotas más bajas.

En 1968, irrumpe en escena Romero, uno de los directores más emblemáticos y padre del fenómeno zombi tal y como lo conocemos en el momento presente aunque en la actualidad establecidos ya cambios significativos, tanto de forma como de contenido. Y lo hace con una película legendaria, el clásico "La noche de los muertos vivientes". Este autor vanguardista, George C. Romero, rompe con el anterior modelo de zombificación y se adentra de lleno en su proyecto alternativo, erigiéndose como la máxima autoridad del cine de zombis. Se gana el magisterio con una trilogía magistral, convertida con el tiempo, en una obra de culto: La noche de los muertos vivientes (1968), El amanecer de los muertos (1978), El día de los muertos (1985). Inventa un nuevo género, dentro del género clásico primario, que renace como una entidad cimetográfica inédita y que cuenta con un espacio propio.

A destacar su participación en el remake de 1990 "La noche de los muertos vivientes" dirigida por Tom Savini en la que George Romero colaboró en la producción. Se rodó con mayor presupuesto que el destinado a financiar las películas anteriores, a color y con leves giros argumentales respecto del original.

Llevó a cabo el rodaje de una segunda trilogía iniciada en 2005, con "Land of the Dead", seguida de "Diary of de Dead", en 2008 y finalizándola con "Survival of de Dead", en el año 2009.

Durante los años ochenta, el nuevo género de vanguardia, controvertido y decadente, pues rebasaba con creces los límites de la degradación, el "Splatter", del que ya os he hablado más arriba, tenía una biblia, un conjunto de normas que postulaban como la reina del movimiento a la revista "Fangoria". En ella cobraban el máximo protagonismo aquellos artistas que lograban destacar en efectos especiales. Tal era el caso de su máximo representante, el ya mencionado Tom Savini, quien hacía verdaderas virguerías con las vísceras y la sangre. Junto a Romero había creado escuela, habiendo sido escogido por aquél para trabajar ambos en "La noche de los muertos vivientes". Previamente fue convocado a alistarse para combatir en la guerra del Vietnam. El mismo no reniega de su buena suerte si tenemos en cuenta que su éxito lo atribuye a haber vivido la contienda en carne propia lo cual le permitió influir sobre el filme apostando por un realismo natural. Llegó a declarar: "las cabezas cortadas o las partes del cuerpo desmembradas tenían que ser reales para mí. Tenía que sentir lo mismo que sentía cuando fotografiaba la sangre real en Vietnam".

Su trabajo se fortaleció y consolidó en la obra posterior, también compartida con Romero, "Zombi: el amanecer de los muertos. Y en otro gran clásico que muchos igualmente recordaréis: Viernes 13.

Por otro lado, la música no se configuró como una disciplina artística ajena a la Subcultura Goth. Tanto fue así que las películas "Splatter" creadas por esa legión de sanguinarios reyes de los efectos especiales entre los que se encontraban Savini y sus colegas durante los setenta y los ochenta, inspiraron a una renovada colección de autores aun más sanguinolientos, si cabe, en la siguiente década de los noventa. Todos ellos, ayudaron a conformar la que se considerará como la más radical y extremista variante del heavy metal, la nueva vanguardia, el underground del momento en dicha tesitura, el Death Metal. El contenido de las canciones, letras, simbología, escenarios, historias, etc, estaba perfectamente imbuido de la sangre y de todo lo cruento que solía ejemplificar la cultura "Splatter", con la inclusión, además, de la mayoría de sus películas preferidas. La aparición del vídeo, ayudó a montar toda la parafernalia propulsora para que el movimiento se popularizase y cobrase mayor fuerza. Las composiciones eran frenéticas, brutales, violentas y morbosas. Sin embargo, alcanzado dicho estadio de plenitud transformadora y transgresora, el antagonismo con el Gótico iniciático y purista, de tintes románticos e idealistas, era absoluto. Nada tenían que ver ambos subestilos. Dos marcas bien distintas que no tardarían en aunar sus rasgos más comunes y genéricos, ya que compartían las mismas raíces, para formar a partir de las dos subculturas un híbrido no menos interesante: el denominado Metal Gótico. 

¿Y qué decir que no sepamos del modelo zombiano de Romero? Pocos deben de ser quienes no tengan el privilegio de conocer la trilogía de este genial autor del que, por cierto, doy el dato de que falleció hace poco en Toronto, a los 77 años de un cáncer de pulmón y de quien tengo que decir que se le consideraba una gran persona, querido y amirado por la gente de su entorno, pues encabezó proyectos solidarios en ayuda a los más desfavorecidos. Un hombre altruista, que fue capaz de demostrar que para aterrorizar al espectador no se requiere de un grandísimo presupuesto, como tampoco vanagloriarse de pertenecer al Star System de Hollywood como condición sine qua non para triunfar y ser respetado dentro de la profesión. Creó sus productos desde fuera de las "majors", anglicismo que significa literalmente "las mayores", "las más grandes", "las de mayor tamaño", "las más poderosas", en alusión a un número reducido de estudios cinematográficos que desde la época en que fue creada la fundación del sistema de estudios (entre los años 1910 y 1920) han monopolizado la industria cinematográfica norteamericana hasta nuestros días. Y, no obstante, un público siempre fiel demostró sentir la misma adoración incondicional por Romero y sus coetáneos. Acogidos todos estos creadores por una selección de acérrimos seguidores con inquietudes más alternativas e independientes, eran simplemente adorados por un un amplio sector de fans ajeno a las grandes superproducciones y a las películas típicamente comerciales. Junto a Romero encontramos a directores como John Carpenter (La noche de Halloween, La Cosa), Wes Craven (Pesadilla en Elm Street), Tobe Hoper (La matanza de Texas, Poltergeist) o David Cronenberg (Rabia, Videodrome, La zona muerta...).


El zombi moderno confeccionado a imagen y semejanza de Gorge A. Romero, su padre ideológico y cinematográfico, contiene rasgos muy específicos y que por fuerza se excluyen del modelo clásico haitiano. El zombi romeriano es caníbal, ingiere carne humana, se siente ansiosamente atraído por los vivos y emprende una persecución insidiosa que presenta una clave fundamental para que ésta culmine con éxito, que no es otra que el acorralamiento colectivo, apoyándose en grupos numerosos de congéneres que buscan un mismo objetivo, dar con su pieza de caza. El hombre vivo tiene que luchar contra los elementos en medio de una plaga endémica de carácter apocalíptico y dentro de cuyo panorama la especie humana se encuentra en peligro de extinción. La única defensa para el ser humano y, por tanto, el punto débil para el zombi de nuevo tipo, es un tiro o un golpe certero con arma punzante en la cabeza; los zombis de la nueva era son capaces de contagiar a otras personas vivas; normalmente el proceso de zombificación o de resurrección está provocado por alguna especie exógena de animal, mineral o planta, por un virus patógeno o por una mutación, puede originarse por causas naturales, normalmente por la degeneración de algún elemento medioambiental, por la contaminación extrema o por escapes de energía petroquímica, nuclear o la de los gaseoductos, o bien, deberse a la manipulación química en un laboratorio. Incluso recoge elementos de la cultura de lo sobrenatural, como hemos podido ver plasmado los últimos años a través de la saga REC, considerada por muchos, un fenómeno en sí mismo, por su originalidad y calidad cinematográfica en todos los sentidos y porque aporta características evolutivas al fenómeno zombie. El binomio magistral conformado por la dirección conjunta de Paco Plaza y Jaume Balagueró (cuyos trabajos anteriores le definían como uno de los mejores directores de terror: Los Sin Nombre, Frágiles, Darkness) funcionó de forma intensamente creadora a la hora de elaboral su trilogía zómbica.

En contraposición con el ritual del vudú y con los tópicos clásicos del comportamiento del "no muerto" propios de la sociedad tradicional haitina, el zombi actual no puede ser controlado por las órdenes de un sacerdote chamán o santero, su único deseo o fijación es la de comer carne humana. Asimismo, es poseedor de una especie de radar instintivo o de canal de detección sensitiva, que a modo de alerta le avisa de cuándo un humano se encuentra cerca. En las películas de Romero es presentado como un ser que ejecuta movimientos pesados y lentos. Sin embargo, a partir de la década de 2.000 en adelante, incluso ya en los noventa, a mediados,  se han rodado grandes filmes apoteósicos donde los zombis pueden correr increíblemente rápido y mantienen una agilidad y destrezas que superan a las de los vivos. Estas últimas características las podemos ver reflejadas en títulos como: la saga de REC, 28 días después, Guerra Mundial Z, Amanecer de los Muertos o 28 semanas después, las cuales, para mi gusto, dentro de las películas de última generación adscritas al género zombi recostumizado, donde también las hay de humor satírico, destacan por encima de las demás en calidad argumental, guión, efectos especiales, puesta en escena y trabajo actoral.

POSIBLES LECTURAS DEL 
FENOMENO APOCALIPTICO 
BAJO LA RECREACIÓN DEL MITO 
DE LA ZOMBIFICACION

No es casual que irrumpa el renacimiento del zombi durante las últimas décadas, la imagen que alienta el arquetipo del caminante errático, indeterminado, que vaga sin un rumbo premeditado, influenciado por un destino aleatorio, arbitrario, caótico. No resulta azarosa su aparición como figura mediática, ni la forma en que solemos interpretar el sentido de su existencia. Aunque pueda parecer lo contrario, que sea la manifestación de un brote espontáneo, una simple moda impulsada por la sociedad del consumo, del marketing, de la industria cinematográfica o de la cultura pop y de la indie, cuyos límites se presentan muy alejados de lo sugerido por la corriente principal o mainstream, amagalma de alternativas y propuestas cuya expresión transformada en fenómeno de masas ha podido ser reconvertida hoy en una manifestación del culto iconoclasta moderno que definiría todo un compendio de actitudes de rechazo a lo convencional, a los dogmas preestablecidos, tal y como se entiende ahora, en su acepción actualizada. Desvirtuándolo, claro está, del verdadero sentido conceptual del término iconoclasta, que sería el rechazo a la religión, objetivo por el que abogaba el movimiento del S.VIII que defendía como leitmotiv la destrucción de las imágenes sagradas. No supondría esta lectura el factor causal, por tanto, la residualidad de la doctrina de los rompedores iconoclastas, sino la expresión concentrada de una derivación sociológica del término icono convirtiéndolo en el exponente rupturista de lo "políticamente correcto" y del adoctrinamiento como dogma de fe. Esta visión es bastante dominante y algunos analistas del fenómeno zombi han querido otorgarle ese supuesto criterio de verdad que, en definitiva y a simple vista, parece el que se desprende de nuestra realidad coetánea... Así pues, si valoramos este acontecimiento de manera superficial, reduccionista y esquemática, el fenómeno del apocalipsis zombi recreativo, despojado de su signicado bíblico, sería sinónimo del típico reclamo visual, comercial, televisivo, mediático, intercomunicacional, artístico, lúdico-festivo, multicultural, el perfecto y planificado exponente socializado de la mitificación del fin del mundo, expresado en términos de globalización y de expansión viralizada del novedoso fenómeno de masas que configura al personaje del no muerto que todos llevamos dentro y con el que nos identificamos de alguna manera, asociado a un totem colectivo, a un icono pop singular pero que tampoco se aleja excesivamente del arquetipo clásico. Incluso podemos considerar una amalgama de todas esas cosas.

Sin embargo, si nos adentramos en el epicentro del problema y buscamos más allá, chocamos con otras posibles interpretaciones, ocultas y no reconocibles o no conciliables desde la conciencia interior del individuo grupal que no quiere aceptar abiertamente sus traumas y el apego a las propias creencias educativas y religiosas por efecto de la censura del inconsciente. Las creencias religiosas en la cultura occidental están aprendidas por condicionamiento dentro de la práctica social, aunque puedan erigirse como tabú o, por el contrario, como hechos incuestionables. Por ejemplo, la visión místico-religiosa, la que refleja el paradigma del castigo divino por los pecados cometidos o por nuestro mal comportamiento aliada de la cosmovisión cuántica del universo o de la figura de un Dios Todopoderoso que decide por nosotros en detrimento del libre albedrío. El maltrato continuado y sistemático perpetrado por la mano del hombre contra la madre naturaleza, materializado en la irretroactividad de los hechos consumados que conducen inoxerablemente al planeta hacia su autodestrucción irreversible, debe de ir acompañado de un castigo redentor como compensación a la actuación de las fuerzas del mal, atendiendo a las creencias religiosas instauradas cultural y socialmente desde las instituciones y la familia, que enlazan con un componente emocional y sojuzgador que nos resulta bastante familiar, el sentimiento de culpa. Creencias profundas y escondidas deliberadamente, tanto sean las de origen judeocristiano o las del credo protestante. Estos dos sistemas de creencias salvaguardan, aun suponiendo que nos negáramos a aceptar ambas interpretaciones de forma manifiesta, siendo religiosos o no, la base de pensamiento y la superestructura ideológica que han mantenido a buena parte del mundo en una especie de condicionamiento reflejo durante un modo de producción dado, sobre todo, durante los períodos de esclavismo y feudalismo, en los que el nódulo central era lo divino. De donde hubo algo queda, aunque sea de modo subterfugio. Actualmente nos ha quedado, reflejo de las épocas históricas pasadas, el contenido de un sustrato o fundamento basal que subyace por debajo de lo prioritario porque la religión no es vinculante a nivel jurídico, ni tan siquiera legislativo. Un estado puede ser aconfesional, al menos formalmente, como en España sucede, aunque en los hechos todavía detente una muy débil influencia en algunas instituciones históricamente constituidas y mantenidas por la tradición, o también puede ser laico.Aun cuando pudiéramos estar hablando del dominio de un gobierno fundamentalista u ortodoxo como ocurre en ciertos países musulmanes, va por delante siempre y de manera estructural la ley de la Sharia, pudiendo llegar a ser incluso mucho más correctiva, radical, reaccionaria, represora y violenta que la actividad política de determinados partidos ultraconservadores o propulsores del fanatismo. En cualquier caso, las interpretaciones partidistas y subversiones perpetradas contra el Islam nada tienen que ver con su esencia pura, legítima, la propia de la religión musulmana y de sus preceptos orginarios que se fundamentan en el mensaje del Profeta Mahoma. Por eso, en el caso del terrorismo yiadista o el de cuaquier otra organización o grupúsculo de naturaleza similar, tanto los objetivos que se buscan como la exogénesis de su actividad, entramado, pensamiento y organigrama, totalmente ajenos a los pueblos árabes y rechazados consecuentemente por sus ciudadanos, han nacido de un tronco distinto, antagónico y excluyente y siempre ligado al Estado. Porque el terrorismo siempre es de Estado aunque se oculte que el propio EEUU financió y creó a Bin Laden para frenar la invasión soviética de Afganistán y poder así controlar sus intereses geoestratégicos. La práctica y la apología terrorista siempre son fascistas y su etiología y su origen también. Es, en la teoría y en los hechos, lo más equidistante posible a la cultura del amor al prójimo que predica el Islamismo. En Europa y en América, puede ser residual la influencia del pensamiento religioso pues en el capitalismo la Iglesia ya no representa el poder del Estado ni posee sus resortes. Aun tomando como referencia otras religiones oficiales, como la hindú o la budista, no se entiende que en el actual modo de producción capitalista pueda influir el adoctrinamiento teológico y teosófico por encima de la norma jurídica, la política, la economía y sobre todo y en primer lugar, la supremacía militar. La radicalidad de otros tiempos tiene tan poco fuelle en el presente que aunque todavía subsistan determinados organismos públicos, paraestatales y supraestatales, o el Vaticano sea el Vaticano, así como una estructura de cuadros que eduque y oriente a una amplia comunidad religiosa fidelizada que apoye sus subvenciones y privilegios, lo que debemos tener muy en cuenta es que respecto del fondo y la forma, el ejercicio y la difusión de su propaganda se encuentran exentos de la más mínima capacidad decisoria. Por añadidura, la idiosincrasia cultural, la evolución y el desarrollo coyuntural de los usos y costumbres y, lo más importante, la lucha enconada de la clase obrera y del resto de clases populares por conquistar derechos o porque los conseguidos no les sean arrebatados, son en sí mismos factores causales que de manera connatural ayudan a incrementar la presión social y determinan el rumbo de las distintas sociedades  desde el punto de vista de la lucha de clases, combatiendo la supremacía hegemonista.

Sin embargo, la religión, en un sentido genérico, objetivizada como la creencia que es, actúa sobre el inconsciente, si no de forma estructural, sí de manera accesoria, secundaria, a partir de una relación causa-efecto, pero también dialéctica, pudiendo llegar a conformar un paradigma en su versión teorizada, epistemológica, adoptando el significado contemporáneo del concepto para caracterizar cómo piensa un modelo de sociedad histórica concreta en una época y lugar. Siempre con una adscripción ideológica, objetiva y subjetiva, a la forma de gobierno imperante, al modelo de estado constituido o a la clase que tiene el poder en ese momento dentro de ese mismo Estado. Por tanto, la religión también tiene carácter de clase. Como todas las cosas. Pero de ningún modo sobredeterminaría a una filosofía o cuerpo teórico de carácter materialista, la única filosofía cuya validez no es cuestionable y antítesis de todas las demás, es el materialismo diálectico de Marx y Engels. La religión o la espiritualidad doctrinal conforman un sistema de creencias, en consecuencia, una suma de valores y percepciones acumulados en el tiempo en torno al nódulo central que actúa como bóveda del pensamiento y que aglutina al cupo de las ideas que redefinen la fe en un dios, si hablamos de religiones monoteístas o a varios de ellos, si son religiones politeístas. Se incluirían también las religiones no oficiales, los cultos animistas que adoptan como objeto de adoración elementos de la naturaleza, otros credos de origen sincrético, las formas pseudorreligiosas que han evolucionado desde los tiempos en que el Paganismo mantenía en vigor su área de influencia particular, las filosofías orientales o la ética humanista-idealista propia de la vigente Declaración de Derechos Humanos. A groso modo, todas estas corrientes de fe o de idealismo, constituyen modelos sistémicos de percepción y difusión de un pensamiento residual que es de naturaleza dogmática y doctrinal. Se incluiría la metafísica oficialista. Dichos patrones de pensamiento que interceden, aunque sea débilmente en la conducta, suelen ser rígidos e invariables, parten de manera funcional y selectiva de la opinión como criterio de verdad y se basan en ella para sostenerse y mantener su magisterio entre grupos homogéneos de individuos, imbuidos en una actitud colectiva y dinámica que apoya esquemas culturales y evolutivos históricamente determinados dentro de una etapa, coyuntura o periodo concreto. Ello justificaría cómo durante la Edad Media existieron ciertas ordenes religiosas no atemporales que ahora ya no tienen ningún peso en la sociedad o han desaparecido definitivamente, como la Orden de Los Templarios, por ejemplo. El culto religioso favorece que los posicionamientos o elucubraciones morales y éticas de todos aquellos movimientos eclesiásticos, hermandades y religiones que sustentan un determinado patrón fideísta, asuman la falsedad o la verdad como conclusión. Sus enseñanzas dependerán de la interpretación o atribución que un feligrés, practicante o creyente haga de tales ideas, siempre en función de las reglas o los postulados normativos o de constitución. Y serán subjetivos.

La asociación más común que se establece entre la religión occidental y el mito del zombi, puede derivar hacia una purga castigadora aunque sin remisión posible y, por tanto, erradicada toda posibilidad de salvación eterna por influencia de la predestinación, uno de los factores clave en que se basa el ideal protestante. O bien, como una opción de supervivencia extrema, según el ideario cristiano, a través del cual, la humanidad dispondría de la opción de reconstruir desde cero un nuevo mundo asumiendo en su proyecto otras connotaciones más humanistas y positivistas mediante las que retroalimentar a la conciencia, siempre y cuando existiera el arrepentimiento verdadero y la voluntad de perdonar y ser perdonado. Este segundo tratamiento se correspondería con el de la purificación del alma colectiva, posibilitando un renacer a través del cual pueda resurgir una neófita civilización de supervivientes arrepentidos que estén en condiciones de dejar atrás una pésima gestión de la lucha por la producción y de abandonar el progreso elitista condicionado por el dominio sobre los más débiles. Esta corriente, muy extendida, que no parte en absoluto de la lucha de clases, pretende divulgar la denuncia del ser humano como el autor de los males del mundo debido a la manipulación que hace de la ultratecnología, utilizada como instrumento de control para reconducir a las masas y vinculada al negocio armamentístico, las guerras y la propagación de la miseria en zonas depauperadas de la tierra donde minorías supremacistas practican la esquilmación de los recursos, apropiándose de los excedentes de la producción fruto del trabajo de la mayoría.

Sin embargo, ambas cosmovisiones son de naturaleza profundamente determinista y borran el punto de vista de la lucha de clases y el planteamiento de que la voluntad objetiva y subjetiva del 80% de explotados y oprimidos de la tierra es conquistar un nuevo destino, trazando otro camino que posibilite la construcción de un Estado propio para lograr transformar el mundo de base. Como ideología teórica y práctica, esta enseñanza marxista que tiene carácter científico resulta intolerable, imposible de aceptar por parte de la clase que tiene el poder y para que no sea propagada ni extendida como guía que da conciencia de clase a los explotados y oprimidos del mundo, debe ser atacada duramente desde todas las instancias posibles y bajo cualquier mecanismo útil que sirva para desprestigiarla, ocultarla, subvertirla y enterrarla. Lo que sí puede y debe prevalecer, desde la posición reaccionaria y proimperialista que manejan como propaganda rutinaria los centros de poder, es la difusión viralizada y mantenida en el tiempo respecto de aquellas ideas que el pensamiento dominante que dirige el mundo se encarga de inocular en todos y cada uno de los ámbitos y aspectos de la sociedad con el objetivo de perpetuar su dominio. Lo hacen de manera multidisciplinar.

El renacimiento de esta criatura que pretendo analizar en profundidad desde un plano metafórico, incluso metafísico, sin obviar para nada la lucha de clases, no es, por tanto, ni aleatorio ni casual. Está ligado, como contradicción principal, a problemas políticos, económicos y militares en primer término, muy graves, que influyen sobre cuestiones de tipo geoestratético y táctico en un mundo que empieza a ser multipolar desde la caída del Muro de Berlín y el fracaso de la URSS y en cuya superestructura es el imperialismo el enemigo principal, y por encima, como factor dirigente, se sitúa al hegemonismo de una única superpotencia, EEUU.

LA FILOSOFÍA MATERIALISTA, COMO CUERPO TEORICO JERARQUIZADO ¿PODRIA EXPLICAR  EL SIGNIFICADO DE UNA EXISTENCIA VACIA Y NO CONSCIENTE QUE MUEVE PROCESOS? ¡NO! 
¿QUÉ REPRESENTARIA ENTONCES UN ZOMBI DESDE UNA CONCEPCION PURAMENTE FILOSOFICA NO MATERIALISTA NI CIENTIFICA PERO QUE NOS COMPENSA PORQUE NOS HACEN CREER EN ELLO?

La figura del zombi desde un punto de vista filosófico burgués y epistemológico arrastra hacia su concepción intrínseca rasgos marcadamente hiperbólicos respecto de la realidad, exagera al máximo la objetividad habida, incluso se puede entender su existencia como una farsa absurda, una tragicomedia de la vida, surrealista y rayana en la metafísica existencial, pues la praxis fundamentada en la no identidad del individuo cuando es desposeído del alma y de la conciencia, nos hace reflexionar acerca de las paradojas y las contraparadojas circundantes que, inevitablemente interactúan entre sí, formando contrarios, del mismo modo que incide como trasfondo, la idea irresoluble del conflicto orquestado en la forma de tautología final. Siendo esta tautología una fórmula bien formada que nos conduce a asumir la verdad a ciegas. Es voluntarista. Siempre la verdad, explicada de forma absoluta bajo el mecanismo de afirmar y de negar el proceso de la vida, al mismo tiempo y bajo un mismo plano. Es como un axioma que no necesita explicación. Nos ayuda a comprender la certeza de la inoperancia del zombi que existe y que no existe, al mismo tiempo que somos proyectados sobre el objeto. Podemos vernos reflejados en él, en su peculiar esencia, pero de una manera figurada, simbólica. La línea de demarcación del zombi existiendo dentro de su particular proceso de zombificación, podría degenerar en un problema sin solución. Pero para que se produzca la aceptación de lo monstruoso se recurre a la transformación de la realidad, adornándola y transmitiéndola desde canales distintos a la propia conciencia, mitigando de tal modo los efectos colaterales que pudieran contrariar a nuestro consciente. Eso alivia.

Del mismo modo, si fuésemos capaces de analizar todo este proceso de forma voluntaria y plenamente consciente -supongamos que hubiese formulada y establecida una teoría que lo explicase- estableceríamos taxativamente una verdad bien formulada porque reconoceríamos de manera explícita en ella la no existencia a pesar del existir de la propia existencia, siendo una certeza absoluta  e inapelable, pues no necesita recurrir para detectarla a nuestra percepción consciente. Aunque concurriese la absoluta falta de percepción de ese conocimiento por medio de los cinco sentidos.

El no muerto existe con independencia de su voluntad particular a la hora de decidir su destino. Pero no tiene conciencia de quién es, de hacia dónde camina y ahí radica precisamente la tragedia. Porque nos identificamos en él. Puesto que es un ser no vivo, una entidad automatizada que se mueve por inercia, estando muerto sin estarlo del todo, habiendo sido humano. Asi que, cuando nos preguntamos, sintiéndonos vivos y en plena conciencia, quiénes somos, solo podemos respondernos verazmente identificándonos a través de referencias sociales: soy fulanito de tal, residente en, partidario de, amigo de, hermano de, pareja de. Más aparte y aun conociendo tal argumentación intelectual, doctrinal, teórica, independientemente del hecho de poder identificarnos o no, con independencia de a quién le corresponda ser nuestro yo identitario, si nuestra propia persona o el zombi en cuestión, nosotros, como hombres ligados a un proceso de vida, existimos. La práctica social determina la conciencia y no al contrario. Somos porque existimos primeramente, siendo entes conformados alrededor de un sistema universal lleno de condicionantes y variables, al cual pertenecemos de manera sistémica y equilibrada, conformando un proceso de homeostasis. Quiere decirse que ese sistema sofisticado confluye en medio de un conjunto de fenómenos de autorregulación, de mantenimiento de una relativa constancia en la composición y en las propiedades que subyacen en el propio organismo que somos, que está adaptado al medio y que nos predetermina. Aunque seamos indivíduos únicos y exclusivos, estamos influenciados por nuestras experiencias que, al fin y al cabo, dirigen nuestro proceso de vida como hombres, como seres sociales que aprenden tras haber asumido las diferentes permutaciones y combinaciones en que se estructuran las ideas sociales, que también son colectivas y están históricamente determinadas. Nosotros, confluimos en medio de nuestra praxis atribuida como una noción del yo que forma parte de un todo dialéctico, dual, nos movemos en medio de grandes paradojas, contradicciones que no son del todo vanales, muy al contrario, resultan complejas de dilucidar. Nuestra tragedia individual es intransferible. La conciencia del yo individuo es un epifenómeno, un reflejo secundario del instinto de supervivencia, motivado por un deseo de trascender. El conocimiento consciente se percibe solo a través de un aprendizaje acumulativo en el tiempo. Pero, ¿cuál sería el destino de un zombi cualquiera que no obtuviera información ni percibiese nada acerca de sí mismo, ni como individuo ni como ente integrado en un grupo, en una colectividad, aunque ésta fuese amorfa, indeterminada, abstracta, absolutamente vacua? Es precisamente ese misterio y su carácter de incognoscibilidad lo que ha propiciado que la cultura y el mito del zombi y del muerto viviente, que establece un paralelismo con el individuo encerrado en su propio limbo de confusión y de desconocimiento habiendo asumido la falta de control de su misma existencia, aflore como respuesta y también como desahogo y divertimento. Las películas de zombis triunfan sobre todo, porque algo que pensamos inconscientemente acerca de nosotros mismos como proyección de la figura de ese zombi con el que nos identificamos sin quererlo, no nos pasa ni nos pasará nunca en la realidad habitual que percibimos y es el hecho de no ser capaces de percibirnos a nosotros mismos si no es por nuestra práctica social y nuestras experiencias, relaciones, educación, etc. Esa identidad fetiche y morbosa siempre será un personaje prototipo que convive con la trama y los diferentes escenarios  desde el celuloide, mientras tal recreación del pensamiento sutil sea vista a distancia en una pantalla panorámica de cine, en el televisor de casa o en el ordenador, en una tablet o en un móvil. También podemos apercibirnos de este mecanismo de defensa emocional, tan previsible como innombrable, por medio de la lectura de un libro o la visualización de un cómic. Como recompensa y culminación última, sobreviene la catarsis. Es como si nos mordiera un zombie o nos convirtiésemos en uno de ellos sin que nos ocurra realmente. Nos identificamos hasta el límite de la observación y de la percepción.

EL SIGNIFICADO DEL PERSONAJE ZOMBIANO 
EN LAS PELÍCULAS DE ROMERO

En otro orden de cosas, la condición de no muerto sometida a la interacción bilateral y recíproca individuo-colectividad, muestra un proceso de alienación del hombre provocado por la opresión que domina y subyuga la voluntad personal y la libertad, encontrándose éstos derechos naturales seriamente comprometidos y dañados. Es una condición susceptible de ser utilizada bajo la forma que adopta otra acepción dispar, aun más equidistante, más incisiva a la hora de caracterizar el problema. La traducida como una metáfora del capitalismo y del racismo en un contexto histórico-político dado, en este caso, vivenciada durante los años sesenta y setenta, pero también expresada como un símbolo de protesta contra la Guerra del Vietnam. Ese sería su sentido más ideológico posible, el más real, a mi modo de ver, como un elemento iniciático surgido en los EEUU. Aun cuando Romero nunca admitiera que tener como protagonista a Ben, un afroamericano, fuese un acto premeditado enfocado hacia la rebelión y la lucha de los negros, sí que es cierto que en la película es el único superviviente aunque finalmente acabe siendo asesinado de un tiro en la cabeza por la policía. Esta acción no es espontánea, parece estar perfectamente premeditada. Se desprende como resultante una contradictoria paradoja del destino. Romero ha necesitado, por tanto, realizar aunque sea de forma implícita, o no demasiado explícita, una crítica social consecuente. Los soldados afroamericanos que volvían de la contienda tenían que enfrentarse, la mayoría, a una discriminación basada en el color de su piel, agravada por el hecho de que eran veteranos que habían cumplido con el servicio del deber patriótico, cuestión inapelable que el ejército se encargaba de propagar agitativamente como un valor incuestionable. Al regresar, se encontraban con la doble incomprensión de no serles reconocida por los altos mandos militares su contribución a la causa, abandonándolos a su suerte y, además, teniendo que sufrir el rechazo de su entorno y el de la sociedad civil norteamericana, inmersa en la lucha pacifista, capaz de generar una nueva conciencia colectiva cada vez más radicalizada en su convicción de negar la violencia perpetrada por el poder militar y de inflingir una firme oposición a las guerras desde la protesta social.

En la segunda película de Romero, El amanecer de los muertos, hay perfilada una crítica hacia el consumismo desmedido. A modo de ejemplo práctico, la ambientación nos sitúa en el interior de un gran centro comercial, donde los zombis se encuentran ubicados y dispuestos al ataque, conviviendo conjuntamente con un reducto de supervivientes. Es un escenario que simboliza el adormecimiento y el letargo como actitud vital, la falta de motivación de la gente por las cosas realmente trascendentales de la vida, las que interpelan a nuestras motivaciones y anhelos más íntimos, y que llegado el caso pueden explicar el verdadero sentido que ésta tiene. Como una tendencia asumible que está ligada a la ideología del poder dominante, solemos sustituir la importancia del yo interior, espiritual, la del ser social con sus principios solidarios y que se traduce en una especie de sentimiento de filantropía hacia el grupo o sector, por adquisiciones materiales. Precisamente los zombis que aparecen en la primera y segunda película de la trilogía carecen de voluntad, no poseen inteligencia y raciocinio, una conciencia que dictamine sus acciones, no presentan caracterizaciones humanas y, por lo tanto, son incapaces de generar empatía entre el público observador. Esa dualidad que representan los dos contrarios, el muerto viviente que ni está vivo ni está muerto y el vivo cuya conciencia se mantiene aletargada y adormecida en medio de ese contraste, pues es esa la idea que el pensamiento de la clase en el poder nos quiere hacer creer, los que hace es reproducir simbólicamente una imagen estereotipada de las experiencias más convencionales y que solemos ejecutar sin apenas ser conscientes de la importancia que tienen para nuestro equilibrio emocional y grupal. La imagen del centro comercial ubicado en dicho escenario denota una idea proyectada sobre varios paralelismos: se contrapone la muerte a la vida, entendida desde la importancia de atender a los valores fundamentales, que se encuentran jerarquizados y que están muy por encima de lo accesorio y lo finito; se remarca la diferencia separando lo correcto y verdadero de lo meramente insignificante e inoperante, cuando es esto último lo que produce confusión. En el mundo en que vivimos el pensamiento dominante difundido a través de los medios de comunicación y de los principales aparatos de estado hace hincapié especialmente en la necesidad de acumular dinero y gozar de un buen estatus social per se, en el afán recurrente y bien aprendido que opta por la fórmula de atesorar la competitividad mejor aunque sea a costa de aplastar a quien se tenga al lado con el único fin de obtener réditos, llámese competencia capitalista, por describirlo con rigurosidad y verlo reflejado ideológicamente y no desde una visión meramente humanista. En detrimento de salvaguardar las pequeñas cosas que nos ofrece el día a día, cuestiones tan a valorar, como lo puedan ser motivaciones subjetivas de tipo moral o de carácter revolucionario, como la práctica de fomentar la solidaridad entre iguales, el hecho de que una madre esté dispuesta a dar su vida por su hijo drogadicto en un intento de sacarlo de su degradación, los vínculos y el amor entre los distintos miembros de una familia, la solidaridad obrera, la propaganda y las luchas de los diferentes movimientos y organizaciones que defienden las condiciones de vida de la gente en base a su programa y a su línea...

Este ha sido un ensayo atípico, aunque cuando me documenté, me di cuenta de que existen incluso trabajos de tesis doctoral excelentemente analizados que hablan de este tema. Imagino que desde la categorización y caracterización propia de su documentación al respecto, nivel de conocimientos, opiniones personales, orientación academicista de la licenciatura cursada de la persona que los haya realizado y atendiendo a su propia investigación metodológica. 

Pero yo he querido mostraros mi propio trabajo que me ha llevado un tiempo (y entremedias un ligero paréntesis de un mes donde ni lo he tocado) y he terminado hoy, entre la última parte y las correcciones definitivas. ¿Qué os ha parecido? Espero vuestras respuestas, así podremos abrir un debate interesante.

¡¡Muchas gracias por leer y por comentar!! 
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Un ejemplo de peli cuyo prototipo 
es el zombi moderno o actual: 

Guerra Mundial Z - Trailer
https://youtu.be/M0T0EPJIg7A


Ahora os dejo con uno de mis grupos preferidos de los ochenta:

China Crisis - Tragedy & Mistery
https://youtu.be/gL04X8lBkQk


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Este Post Está Escrito Por:

Marisa Doménech Castillo

Soy la autora de este blog y bloguera desde 2014. Y fue un flechazo; casi por casualidad, porque fue trasteando por internet, cuando ví la posibilidad de crearme un sitio para escribir. Ahora, tras mucho trabajo de documentación en marketing digital, a mi nivel, claro, y también de búsqueda de información temática, he decidido iniciar mis pinitos como redactora de contenidos o freelance, como prefiráis, es decir, profesionalmente. Si bien, ya he colaborado con algún blog/web. En realidad soy activista política.BIO @NuevoItaca  E-MailEspero que vuestro paso por aquí sea lo más agradable posible para vosotros/as.

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