-->
Ir al contenido principal
author
Qué leches es Bloguers.net?¿Qué leches es Bloguer.net?
UNETE A ESTOS AGREGADORES DE CONTENIDO!! Bloguers.net, Reddit y Feeddly MI VIDEO DE LA SEMANA y redes sociales de escritores
  • MENU
  • Compartir
    Dame tu voto en HispaBloggers! PageRankAlexa-Rank

    ANALISIS DEL CORTO LA "HABITACION BLANCA", DE ANTONIO MERCERO



    LA HABITACIÓN BLANCA 
    (ANTONIO MERCERO)

    Proseguimos la serie de monopolización de cortos de Mercero con este mediometraje del año 2000 (ya os adelanté en anteriores posts que tiene varios sobre diversos temas en su haber cinematográfico). Quienes habéis leído las críticas a los cortometrajes anteriores sabréis que este es el tercero que reseño de este director. Y también que antes de entrar en el análisis exhaustivo prefiero evitar los temidos spoilers (bueno, eso irá a gusto del consumidor lector) poniéndoos primero la cinta en formato youtube para que la podáis visionar, si eso es lo que preferís.

    Os recuerdo que tenéis dónde elegir acerca de la obra en formato mediometraje de Mercero sobre la base de leer dos de mis reseñas de hace un tiempo:




    OS PRESENTO  LA HABITACIÓN BLANCA.

    (Los vídeos están fragmentados en cuatro partes):

    ¡¡Que lo disfrutéis!!

    Análisis del corto La Habitación Blanca, de Antonio Mercero Tuitéalo

    Parte 1/4
    Duración: 13:06

    Parte 2/4
    Duración: 9:45

    Parte 3/4
    Duración: 13:50

    Parte 4/4
    Duración: 14:55


    CRITICA CINEMATOGRAFICA

    Ya mientras aparecen los títulos de crédito se aprecia cómo dos operarios introducen una televisión de pantalla amplia y que dispone de 500 canales en una furgoneta camino del domicilio de un incauto, un ejecutivo medio, con desahogado poder adquisitivo, Fernando. La película gira en todo momento en torno a dos personajes con una relación binómica-dialectal/sujeto-objeto: la televisión y ese señor, que se encuentra trabajando en período vacacional. Alrededor, aparecen tan solo al principio y al final los personajes coral en la escena endogámica de un apartamento acomodado. Se trata de la mujer y sus tres hijos que inician sus vacaciones en solitario durante una semana y por fin reaparecerán al finalizar la proyección. El televisor es un objeto fetiche que de manera surrealista y al mismo tiempo siniestra, va adquiriendo cuotas de autonomía para transformar su materia inanimada en identitaria de sí misma, porque cobra vida propia. Es decir, se enciende y se apaga mientras el pequeño burgués bien posicionado se encuentra fuera de su casa y se interrelaciona con el resto de personajes coral: el jefe y el compañero de trabajo. Estos dos últimos personajes resultan ser más relevantes y tener más peso específico de cara al guión que los que conforman su entorno directo, el familiar, y aparecerán en mayor número de secuencias para intentar dilucidar un misterio peculiar y grotesco que en su conclusión final tiene un desenlace macabro. La ambientación está muy cuidada y se respeta al máximo el plano de realidad cotidiana que da lugar al hecho de que solamente transcurre un fenómeno paranormal en casa de Fernando, el protagonista. Y ese es precisamente el otro plano, que jamás se mezcla con el mencionado antes, el del día a día. Ni siquiera el conserje logra adivinar qué ocurre en el piso de Fernando, a pesar de que es interpelado varias veces por éste con preguntas raras e inquisitoriales. Tampoco el compañero de oficina y el jefe de la empresa bursátil donde trabaja el personaje principal le dan visos de credibilidad a lo que les cuenta la víctima propiciatoria. No es que se nieguen a iniciar amagos o intentos de comprobación, pero al intentarlo y resultar absolutamente inoperantes, lo dejan como imposible. Incluso el jefe le aconseja que visite a un especialista o que se coja unas minivacaciones para aclarar su mente. Una situación de deshumanización análoga a lo que le ocurre a la víctima que queda encerrada dentro de la cabina y que es paseada por todo Madrid ante la mirada atónita y burlona de los transeúntes y de la policía pero sin llegar a actuar para ofrecer un mínimo de ayuda o de comprensión. Como adivinaréis, hablo del corto La Cabina y de su protagonista. Si bien, en esta ocasión, José Sancho y Fernando Guillén, sí que parecen empatizar un poco al iniciarse la búsqueda del enigma por parte de un magistral y sufridor Chete Lera, cuya actuación nos recuerda por su carisma y genialidad, a la de José Luís López Vázquez.

    No es, sin embargo, la película, un post-homenaje a la Cabina, como algunos críticos y personas que han visto este corto puedan pensar. 
    Evidentemente, comparte cierto tono y reminiscencias del género de la obra cumbre de Mercero, pero en La Cabina la crítica socio-política era aguda, ácida y estaba muy radicalizada debido al contexto previo a la Transición aunque transformada en cliché, chistes, burla y sátira, con lo cual, se denunciaba la profunda represión de las costumbres, las ideas, de la policía política, de la Secreta, de los Grises, remarcarcada la actividad de las organizaciones de la izquierda y, fundamentalmente, de la marxistas leninista en el contexto sociopolítico y de su lucha clandestina, etc, aunque no de forma explícita, sino metafórica, debido a que todavía actuaba la censura tardía en su continuidad, con su labor de justificar un régimen que iba a ser reconducido en poco tiempo pero que aun ofrecía cierta resistencia.

    El miedo, la angustia, el no poder compartir vivencias íntimas es el leitmotiv, pienso yo, de la película, desde el punto de vista que le otorga Mercero, existencialista y, sobre todo, humanista. Terror psicológico que en una perspectiva técnica se aprecia cuando observamos que no existe la sangre, ni vísceras, ni nada explícito que indique violencia física. Lo retransmite a través de una representación-estampa que emula el gótico edulcorado pero siniestro a nivel cognitivo, en medio de numerosas connotaciones de música e imágenes sugerentes que causan un efecto de sugestión necesario para cualquier observador y para el propio protagonista. Hasta aterrizar de sopetón en la secuencia final, apoteósica, todo hay que decirlo. La propia pieza musical que se repite todas las veces que la televisión se enciende, es un recurso trabajado y estudiado a la perfección para crear una atmósfera cien por cien psicológica y emocional. A mí, en particular, sin ser una entendida musicalmente hablando, me recuerda a la sensación que me produce la música de Shoenberg, aunque reconozco que es algo subjetivo en mí. El dodecafonismo tiene unos rasgos de armonía, melódicos y de alfabeto musical partiendo de la escala de doce tonos cuyas notas son tratadas como equivalentes, que producen angustia. La misma que me provoca la musiquilla de marras del film, convertida en carta de presentación de una televisión humanizada que parece alegrarse y sentirse atraída por la implosión destructiva de una persona deshumanizada que luego será poseía por la misma máquina en cuestión y tragada dentro. Erase un hombre a una silla pegado y maniatado, inmóvil y siendo contemplado por su propia familia que llega de vacaciones y que poco o nada tienen que ver ya con él. Fernando, nuestro protagonista, alienado y transtornado mentalmente, ha pasado a otro estado. No sabemos el final, porque acaba así, con su propia autoimagen en otro polo dimensional, el del interior de las entrañas de la televisión, instrumento que de puertas afuera evoca un marco comercial que no deja ver la realidad de lo que pasa en el mundo, a pesar de los telediarios y de los boletines informativos. A pesar de que nos reímos con un programa de humor o aprendemos con los concursos culturales. O nos distraemos con la ficción artificial de las películas proyectadas. Fernando ya no será jamás un espectador más, que ve las distracciones en 365 líneas de las antiguas, analógicas, desde el exterior. Está dentro de la boca del lobo, nadie podrá hacer ya nada por él. Igual que el hombre de la cabina terminó por ser destruido a través de un canal habitual de comunicación, el teléfono público en aquel contexto. Pudiera ser que con el personaje de López Vázquez se simbolizara la muerte de las cabinas de teléfono públicas y las viejas ideas, recobrando auge el reformismo parlamentario y con la muerte existencial del personaje de Chete Lera, por fin, la era digital engullese a la etapa analógica, por si alguien todavía tuviese alguna duda de que el año 2000 constituía el preludio de un mundo multipolar como el actual, al cambio de década, con el dominio de una sola superpotencia hegemónica consolidada, EEUU.

    Volviendo a los currantes de turno, a los transportistas de la tienda de electrodomésticos, no hay más que apreciar cómo esa música oscura y tétrica les va acompañando a ellos, al televisor y a la furgoneta por la carretera, lo cual, es un indicativo introductorio de qué tipo de actividad sensitiva va a dominar por completo la atmósfera, en determinados momentos lúgubre y no exenta de significancia, puesto que, será la artífice de la aparición de un fenómeno de enajenación mental humano intercalado en paralelo a la intesificación creciente de la angustia que propician las escenas en algunas situaciones en las que el hombre está en su casa solo. De nuevo las cosas y el hombre, la materialidad y la ultratecnología en plena confrontación con el existencialismo más vacuo y banal. 

    Todo apunta a que Mercero intentó hacer una crítica social contra el Capitalismo reinante como modo de producción incompatible con la vida, si bien, se equivocó, a mi modo de parecer, en la manera de enfocar el problema, puesto que, no son los avances técnicos los causantes de la alienación del ciudadano, sino la pervivencia en la existencia de grupos de hombres sociales inmersos en el actual sistema salvaje de concentración de capital y de competencia intermonopolista. Tampoco ahonda para nada en la intención de abordar la situación histórico política coyuntural en que se encuentra España y el mundo. Es la misma crítica o parecida que situé cuando expresé mis diferencias a la hora de tratar una crítica social contra los desmanes y desgracias del siglo XX en el análisis del corto de La Gioconda está triste, pues manifesté que el locutor televisivo que describía diversas contextualizaciones graves a nivel internacional, las limitaba a denunciar tan solo el medio ambiente, la contaminación, los residuos radiactivos y a centrarse en el ecologismo y otras cuestiones humanistas e idealistas, por tanto, absolutamente empíricas, como alternativa única a la problemática que suscitaba la pérdida de la sonrisa de la Gioconda. Y, todo ello, sin mencionar para nada el período de la Guerra Fría. Pues aquí, ocurre un tanto de lo mismo, ¿o no se puede vivir en el capitalismo siendo pobre o generando pocos ingresos, siendo la amplia mayoría de la población quién vive de esa manera y con estilos de vida muy distintos al reflejado por la familia elegida para representar a la sociedad extracontemporánea de ese momento y lugar? ¿Y si los verdaderos culpables son ocultados y en lugar de señalar a la banca y a las grandes corporaciones empresariales, monopolistas, multinacionales, la bolsa de Wall Street o a los mismos EEUU con sus frecuentes invasiones, se critica al hombre rico por méritos propios laborales o al pequeño defraudador? ¿No es edulcorar la realidad pintándola de rosa? En el año 2000 el capitalismo monopolista de Estado ya estaba perfectamente instaurado y se había producido una expansión de capitales hacia el exterior por parte del Gobierno de Aznar endeudándose con el capital norteamericano prestatario y sus socios imperialistas, dinero que habría que devolver en concepto de deuda privada inflada y que luego se convertiría en deuda pública. La deuda usurera e infinita, más los intereses que crecen cada año y que todos conocemos a día de hoy sobradamente. 

    De todos modos, para no incurrir en personalismos, voy a destacar las palabras del propio Antonio Mercero, lo que declaró respecto de su objetivo crítico en este filme: "Cierta vez, alguien me insinuó que "La Habitación Blanca" parecía una prolongación de "La Cabina". Yo ni lo he pretendido ni creo que tuviera ese significado. Yo lo que pretendía hacer era una película de terror, pero en la vida cotidiana de una familia normal, de una familia de hoy. Yo no quería elementos góticos para crear terror sino la vida corriente de un ciudadano obsesionado por la televisión. Y que esta obsesión le llevara a ser dominado por ella, por la propia televisión. El aparato dominando al individuo hasta engullirlo y aniquilarlo".

    No te evadas nunca, ni pierdas el contacto con el exterior, humano débil y corrompido por la superficialidad o te puede suceder lo mismo que a Fernando, parece querer advertirnos Antonio Mercero con esta cinta magnífica y que yo colocaría casi a la misma altura que La Cabina, salvando siempre las distancias con tal obra maestra, cosechadora de numerosos premios, también internacionales y comparándola igualmente con la calidad intrínseca de La Gioconda está triste. No te fíes de la tecnología punta, de los ordenadores, de los televisores, y de los móviles, que ya empezaban a surgir aun cuando fuesen en esa época antidiluvianos... No confíes en tí mismo porque no es cierto que ante la soledad te tengas a tí mismo. Este mensaje sí que es verdaderamente terrible, demoledor, si lo analizamos en profundidad. Porque va en contra de los cánones establecidos y de forma virtual, subliminal, uno no se da cuenta, pero puede llegar a adquirir la sensación de ¿qué hago yo aquí solo y perdido rodeado de maquinaria, robótica, domótica y aparatejos que me hacen la vida más fácil si lo que me falta es la plena confianza en mí mismo y en los demás? ¿Qué somos, pues? ¿Seres incapaces de compartir y proyectar felicidad o de sentirla en nosotros mismos? Terrible tesitura. Mucho peor que el terror psicológico que despiertan sentimientos de incognoscibilidad, el misterio, etc. En la peli ya sabemos de qué trata el tema. Y sin embargo, cada vez va a más esa percepción, in crescendo, nos vamos sintiendo peor y más solos que la una. Nos identificamos plenamente.

    La película refleja, en los hechos, el proceso de descomposición del personaje, físicamente hablando, mentalmente recogido por gestos, vacilaciones, dudas, actitudes... hasta llegar al delirio. Porque no solamente sufre el culmen de una tortura en toda regla, más aún, se encuentra absolutamente supeditado al martirio del terror que no se puede demostrar con pruebas y que nadie se cree. Por fin, acaba siendo tragado dentro del estómago de la ballena, como Jonás, esto es, en el interior del propio televisor, en ese plano de realidad o irrealidad, una habitación blanca -de ahí el nombre de la película-. Queda inmovilizado en una habitación blanca muy pareja en cuanto a tortura psicológica a aquellos gulags de la Unión Soviética donde se practicaba el arte degenerado de retorcer el cerebro, incluso de practicar lobotomías al disidente, incluso un hospital tiene paredes blancas o claras. Se trata de un terror dantesco mediante el cual, el espectador se siente identificado y abrumado llegado el momento. No hay más remedio. Podría pasarnos a cualquiera de nosotros y no saberlo nadie nunca en la vida. ¿Verdad que eso da más miedo que Jason Voorhees  de Viernes 13 acuchillando a los jovencitos que acudían a los campamentos de verano para echarse polvetes en la oscuridad de la noche?.

    Ayudan otros instrumentos técnico-escénicos como los encuadres clásicos, no utilizar para nada el travelling, la cámara está tranquila y apenas se mueve, va girando en ángulos muy lentamente, pero siempre lo justo para evitar la visión túnel. No abusa de los primeros planos pero son recurrentes en algunas secuencias, fundamentalmente, cuando enfoca al protagonista y su incredulidad, en medio de una carrera progresiva hacia la meta final del horror absoluto. 

    Es un tipo de terror que escasea hoy en día, poco frecuente, a no ser que te encuentres con alguna película de culto o de corte más europeista, cine independiente, o de bajo presupuesto...

    Antonio Mercero, por éstas y otras muchas razones, que seguramente me habré dejado en el tintero, nos regala a la audiencia inteligente pero también de ir por casa, a mi abuela, por ejemplo, un mediometraje fascinante, de naturaleza clásica -y sin llegar al cénit de La Cabina- lo que se podría considerar una obra casi perfecta. 

    En España se hacen trabajos maravillosos, siempre se han hecho, un ejemplo, los directores Jaume Balagueró y Paco Plaza, con películas de última generación también muy interesantes como Verónica. Sin embargo, el cine de los sesenta y setenta era el cine de los sesenta y setenta. Incluyo los ochenta y alguna que otra excepcionalidad tipo La Habitación Blanca en el cambio de milenio, desde la concreción que tiene que ver con esta vertiente específica de cine a la que me refiero, ubicando la clasificación para un reducto de películas por sí mismas inclasificables homogéneamente, no me malinterpretéis. Excepciones en lo convencional, más bien. Grandes películas se hacen y se seguirán haciendo, de todo género y calidad, obras maestras también. Pero dentro del contexto cinematográfico que nos ocupa y en España, el buen cine no comercial ni facilón encuadrado dentro del género de terror, queda ratificado con algún que otro corto de la saga que elaboró Antonio Mercero, y baste con varios de sus trabajos para erigirlo de ejemplo paradigmático y pragmático. 

    Su cinematografía quedará en el recuerdo para siempre -Mercero murió hace pocos meses-, pues es una de las muchas y variopintas fuentes representativas de que la cultura es riqueza y de que la cultura de cine en particular sigue siendo muy necesaria y demandada. Nos han hecho un favorcillo con respecto al IVA cultural, ya no está por las nubes, sobre un 21%, ha bajado este año a un 10%. 

    He de señalar, que ni siquiera importan determinadas imprecisiones de contenido, como el hecho de que el final del corto sea predecible, ese tipo de cosas se las perdonaremos a Antonio Mercero.

    Y todavía le quedan cortos para ser reseñados por mí. Será todo un honor. Continuará esta serie....

    NOTA: 8/10

    LA HABITACIÓN BLANCA

    Año: 2000
    País: España
    Director: Antonio Mercero
    Reparto: Chete Lera, Fernando Guillén, José Sancho, Nuria Hosta, José Ramón Argoitia, Txema Blasco...
    Género: Terror psicológico
    Formato: Mediometraje, cortometraje. Telefilm.


    author

    Este Post Está Escrito Por:

    Marisa Doménech Castillo

    Soy la autora de este blog y bloguera desde 2014. Y fue un flechazo; casi por casualidad, porque fue trasteando por internet, cuando ví la posibilidad de crearme un sitio para escribir. Ahora, tras mucho trabajo de documentación en marketing digital, a mi nivel, claro, y también de búsqueda de información temática, he decidido iniciar mis pinitos como redactora de contenidos o freelance, como prefiráis, es decir, profesionalmente. Si bien, ya he colaborado con algún blog/web. En realidad soy activista política.BIO @NuevoItaca  E-MailEspero que vuestro paso por aquí sea lo más agradable posible para vosotros/as.
    PINCHA EN LA FRANJA NEGRA PARA DESPLEGARLA Y COMENTAR DESDE GOOGLE +

    Comentarios