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UNA NOCHE SOÑE QUE OVIDIO ME HABLABA DE AMOR.- REINA CAROL



Una noche soñé que Ovidio me hablaba de amor.- Reina Carol Tuitéalo

La noche impregnada de nubarrones caía sobre el hogar de Juan y Carolina. En el salón cenaban sin demasiado ímpetu, ni tan siquiera se rozaban con sus miradas, el uno frente del otro, cada cual en un extremo de la alargada mesa comprada en Ikea como el resto de los muebles. A Juan le habían ascendido en la empresa mercantil en la que trabajaba en la sección de RRHH. A decir verdad, no le gustaba su trabajo, se sentía un tanto azorado cuando realizaban la pertinente selección de personal y tenía que ignorar a gente o despedirla. Pero era lo que les daba de comer y por ejemplo les había permitido hacer en su casa una pequeña reforma este último mes.

-Voy a salir después de la cena, Carol.
-Ok... mnn... ¿Te vas al club esta noche también?
-Sabes que forma parte del curro. Si no nos reunimos los jefes y delegados ya me dirás cómo podemos adaptarnos óptimamente a la rutina. Es un mero trámite que he de pasar...como te he dicho es un formalismo más que nos exige la empresa dentro del organigrama y... Oye, te lo he explicado en multitud de ocasiones. Esta cuestión creí que estaba zanjada...
-Si. Para enrollarte con mujeres despampanantes y todo eso... -expresó con exhacerbada ironía.
-Ya hemos hablado muchas veces del tema. Vale ya. Vienen las mujeres de los altos cargos.
-¿Y por qué no me llevas a mí, entonces? ¿Tienes una buena razón que ofrecerme? ¿O me vas a decir que no porque hacéis intercambios de pareja y todo eso, alcohol, prostitutas, drogas y vicio?
-Vamos, mujer... Yo no soy un alto cargo, ni un jefazo. Estás disparatando otra vez. Me parece que has visto demasiadas películas americanas. Por ello siempre te recomendé el cine de autor independiente europeo, ejem... -señaló chistosamente para intentar relajarla. Aunque no lo consiguió.
-Claro, típica metodología la tuya. Ahora me sales por peteneras. Estás muy visto, cariño.
-El sábado que viene hay una comida, de esas típicas de empresa. Y ahí sí que iremos los dos, como otras veces hemos hecho ¿Te quedas tranquila?

La mujer, impasible, no quiso responderle. Juan se levantó sin haber terminado el postre y dirigiéndose comedidamente hacia ella acabó por darle un beso en la mejilla después de levantar dulcemente su carita gacha. Ella estaba muy triste y apenas reaccionó. Como si de un detalle sin importancia se tratara siguió comiendo sin más.

De pronto, levanto la vista y se le quedó mirando muy fijamente. Los dos intercambiaron una mirada turbadora, mantenida unos momentos que parecieron eternos, un tanto agobiante... Por fin y al cabo de unos segundos Carol dijo: -He de confesarte algo. Es grave, tenlo por seguro.
-¿De qué se trata? -preguntó sin darle importancia, aunque en el fondo se le notaba el susto en el cuerpo.
-De mi salud.
-¿Có... como? ¿Es que has ido al médico sin decirme nada? No entiend...
-Espera... deja que te lo explique. Con detalle. Para que lo entiendas.
-Es... está bien, cielo. Dime todo lo que tengas que decir. Te escucho. No me pondré nervioso, te lo prometo.
-Llevo siendo visitada por los médicos de la seguridad social varios meses. Me han hecho pruebas relacionadas con mi dolencia. Y han determinado finalmente, el diagnóstico y el pronóstico. Este último no es nada favorable, muy al contrario.
-Pero... pero... Carolina... ¿De la seguridad social? ¡Si yo estoy en una mútua, joder!
-Dejáte de estas cosas de si medicina privada o pública que no vienen a cuento en estos tiempos con respecto a nosotros. El caso es que he ido al médico especialista en oncología al que me derivó el médico de cabecera, en el hospital que me toca. Pedí ser beneficiaria de la cartilla de mi hermano. Eso se puede hacer. Si quieres mi opinión, lo prefiero así. 
-Ay la hostia, esta mujer sin decirme nada. Y yo sin enterarme... ¿Te parece bonito? Pues creo que es un verdadero despropósito no confiar en tu marido...
-Eso es lo de menos ahora. El hecho es que me quedan pocos meses de vida. si bien, no se pueden precisar exactamente.
-Agggg, la madre de dios... No... no... Mira ¡que no me lo creo! ¡Es imposible! Nena, ¿no me estarás gastando una broma inquisitorial? Si quieres no vuelvo a ir a ese club de mierda, ni me acostaré con otras mujeres de mala vida, lo siento. Sé que me estás castigando. Lo confieso, soy un maldito vividor. Cariño mío, dime que eso no es cierto. No lo haré más.
-Juan, no seas ridículo que ya lo supe desde el primer momento. Me lo dijo Laura, la señora de don Anselmo. Ella me previno de las prácticas de ocio, las llaman así, jajaja. No te apures. Ahora eso no es más que una nimiedad.
-No puede ser, no puede ser. Me lo merezco por mala persona. 

Juan no podía evitar el llanto más desesperado del mundo en aquellos instantes interminables y desangelados. Se sentía tan culpable que no dudó en pensar que ojalá ese hecho desgraciado le sucediese a él y no a su querida Carol. Su Carol. La amiguita de la infancia, de los juegos en el parque, la de los recreos en el cole, la de las verbenas en el pueblo y las fiestas de discoteca en su primera juventud. La de las manis organizadas desde la Universidad en el sindicato de estudiantes. La Carol de toda la vida.

Ella trató de calmarle pero era complicado. Siempre tuvo un temperamento nervioso, en cambio la muchacha de 40 años siempre fue más fría, calculadora y flemática. De hecho, era ella quien llevaba toda la contabilidad doméstica y gracias a eso, aun no se habían arruinado. El lo aceptaba sin presentar mayores objeciones que tener un poco por aquí y otro por allá para sus salidas, tampoco eran sistemáticas y lo cierto es que su sueldo estaba bastante bien, dentro de lo que cabe. Cuando necesitaba liquidar algún gasto, le pedia la pasta a su señora contable, a la administradora de la casa. Dosificada con cierto disimulo, eso sí, para que su propio marido no se apercibiera de que le estaba controlando la economía, aun cuando fuese él el único que trabajaba.

Como el pobre Juan no paraba de llorar a moco tendido, finalmente, Carolina, el miembro fuerte y equilibrado de la pareja, terminó por arrodillarse junto a su compañero, que yacía tendido en el suelo, desesperado. Le quitó con suavidad las manos de su rostro y comenzó a propinarle besos y besos de un cariño infinito. Eso pareció serenar levemente el espíritu atormentado de Juan. Y así, abrazados y prodigándose besos sin cesar, se sucedieron los ratios nocturnos hasta el amanecer. Dos almas que habían comprendido que se querían de verdad a pesar de sus errores y circunstancias contextuales, históricas y emocionales.

Por otro lado y como ya sabéis los seguidores de esta serie, el poeta Ovidio, el salvador de amantes y parejas con problemas, aquel que recopilaba distintas experiencias al respecto para su Ars Amandi recostumizado, sabedor de que éste podía ser uno de sus peores casos, tal era la determinación de la muerte "per se", pues ante ella no hay vuelta atrás ni retorno posible, decidió intervenir de una manera mucho más especializada y taxativa. Hasta el momento solía trascender al tiempo actual contemplando su casuística personal, a la vez que procuraba transmitir buenas razones desde un optimismo justo y sereno a todas sus parejitas desde la voluntad de su eterno ser etéreo, llamémosle espíritu secular. Sin embargo, esta vez había que hacer lo más correcto en atención al riesgo que corrían ambos, pues el nódulo central de esta historia tenía una base material, física, el fallecimiento temprano de Carolina como certeza, más que como probabilidad.

Una vez tomadas sus anotaciones escondido tras una alacena del salón, decidió transfigurarse dentro de una sala de hospital. Y revisó sin ser visto por nadie los informes del departamento de ginecología. Hasta dar con el historial clínico de Carolina Yañez De Las Heras. Tomó de nuevo apuntes y tras ello inició sus correspondientes asociaciones con el fin de extraer conclusiones y un posible final feliz, aunque se reconoció a sí mismo, que era ésta la primera vez que sentía dudas existenciales acerca de su capacidad y eficacia. Lo cual le dejó sumido en una profunda contradicción, llena de paradojas.

Una vez estudiado el caso particular, descubrió un apéndice donde ponía que existía una mínima posibilidad de sobrevivir para la afectada puesta en función de un tratamiento experimental novedoso que no había sido probado en ninguna persona. En ocasiones, esta directriz se había aplicado a diferentes pacientes o grupo de pacientes cuyo resultado se consideraba diverso, dependía muchas veces de múltiples factores para que diera como resultado la curación o pudiese prolongar la vida de un enfermo. Pero era lo más exitoso a considerar dadas las variables y premisas que influían indefectiblemente. El médico de Carol todavía no se lo había comunicado por preservar un tanto el código deontológico, pues tenía que consultarlo -entre otras cosas a considerar y que formaban parte del protocolo- con su equipo de facultativos.

La principal dificultad para implementar el tratamiento, aparte de posibles efectos adversos, era el precio de los fármacos, el coste completo debía ser cubierto en un principio con un mínimo presupuesto que encarecía todo el procedimiento a seguir. Y como todos sabemos, en última instancia, su aplicación dependía de si iba a ser un tratamiento homogéneo a posteriori. Cabía la posibilidad también de que los criterios de validación fueran cuestionados por motivos políticos. Ya había ocurrido en numerosas ocasiones, como todos sabemos también.

Durante el tiempo que transcurrió desde el proceso médico-experimental, Carol y Juan habían tenido tiempo de conocerse de verdad, como quien dice, por dentro, puestos sus corazones a plena disposición del otro, de forma que Juan pidió una especie de excedencia que la empresa le otorgó por antigüedad, a pesar de que estaba convencido de que sería despedido en cuanto solicitara la incorporación, lo sabía por propia experiencia, puesto que él se dedicaba también a ello, dentro del departamento de Recursos Humanos. Y se preguntaba qué pintaban las palabras Recursos y Humanos. Vaya eufemismo barato. Parecía un chiste macabro. No le importó. Era más importante cuidar de su chica. Al menos el tiempo que viviese. Durante todo ese recorrido, las condiciones de vida de Carol debían ser lo más dignas posible, él debía ser capaz de entenderla a la perfección, como jamás había hecho, quizá por ignorancia o vanidad. A su vez, ella intentaba por todos los medios quitarle de la cabeza lo que él llamaba su gran trauma, el sentimiento de culpa. 

Vivieron felices y pletóricos otros seis años más desde el diagnóstico, gracias al tratamiento que le había hecho alargar la vida un poquitín a nuestra protagonista femenina. Carol murió definitivamente a la edad de cuarenta y seis años y gracias a los adelantos de la medicina complementarios a su tratamiento, logró darle un hijo a Juan. 

Ovidio les visitó alguna noche, pues ya sabéis que sus visitas son siempre a escondidas y noctámbulas. Y determinó que dentro de la dinámica habitual, en este ejemplo especial y concreto, se había hecho el máximo posible. Quedó en paz consigo mismo, aunque paralelamente se dedicara a otros casos, en cuanto vió que el bebé, que era una niña preciosa, estaba sana tras cumplir su primer año de vida. Juan le puso de nombre Carol, en recuerdo a su mujer. La chiquilla se convirtió tiempo después en su vivo recuerdo. 


Miss Caffeína - Reina
Izal - La Mujer de Verde


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Este Post Está Escrito Por:

Marisa Doménech Castillo

Soy la autora de este blog y bloguera desde 2014. Y fue un flechazo; casi por casualidad, porque fue trasteando por internet, cuando ví la posibilidad de crearme un sitio para escribir. Ahora, tras mucho trabajo de documentación en marketing digital, a mi nivel, claro, y también de búsqueda de información temática, he decidido iniciar mis pinitos como redactora de contenidos o freelance, como prefiráis, es decir, profesionalmente. Si bien, ya he colaborado con algún blog/web. En realidad soy activista política.BIO @NuevoItaca  E-MailEspero que vuestro paso por aquí sea lo más agradable posible para vosotros/as.

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